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Once crímenes con castigo

El decálogo de ‘Publico’ para informar sobre violencia de género recoge en su punto cuarto que una vez haya sentencia condenatoria, este diario identificará debidamente a los agresores y destacará el castigo

Ó. LÓPEZ-FONSECA

Jaime Maíz Sanmartín

El guardia civil que mató de un tiro a su ex pareja cuando iba a denunciarle

Condenado en junio a 23 años de prisión.

La madrugada del 16 de diciembre de 2007, María Luz se armó de valor y acudió a la casa cuartel de la Guardia Civil de Cambados (Pontevedra) decidida a denunciar a su ex novio, Jaime Maíz Sanmartín, con el que había mantenido una relación de tres años hasta que la rompió en octubre de ese año. La decisión de denunciar no fue fácil, ya que él era guardia civil y estaba destinado, precisamente, en el mismo cuartel al que se dirigía. Por eso iba acompañada de una amiga.

Cuando María Luz llegó a la puerta, ambos se encontraron, y Jaime intentó entablar conversación con su ex novia. Ella se negó y el agente que custodiaba la puerta le pidió a él que se fuera a su casa, situada dentro del propio cuartel. Jaime aparentó hacer caso a la recomendación de su compañero y subió a su piso. Sin embargo, una vez allí cogió la pistola reglamentaria y volvió a bajar al lugar donde se encontraba su ex pareja. Cuando se encontraba a menos de tres metros de distancia de la víctima, Jaime efectuó un único y certero disparo. La bala entró por la frente a María Luz, que falleció en el acto sin que tuviera tiempo de defenderse.

La decisión de denunciar no fue fácil, ya que él era guardia civil  El guardia civil esgrimió en su defensa que la noche previa al suceso había salido a celebrar una cena de Navidad con sus compañeros de cuartel y aún se encontraba bajo los efectos del alcohol cuando cometió el crimen. También aseguró que unos meses antes de los hechos había estado de baja médica por depresión, de la que aseguraba no haberse recuperado totalmente cuando disparó a María Luz.

Sin embargo, el jurado popular no dio crédito a sus argumentos y le condenó el pasado junio. El tribunal le impuso entonces una pena de 19 años de cárcel que el pasado 30 de noviembre, el Tribunal Superior de Justicia de Galicia confirmó.

 

Destrozó la cabeza de su pareja con un bloque de cemento

Condenado en marzo a 14 años y 7 meses de cárcel.

Manoel Dorgival Dos Santos mató a su compañera Aellyka, de 27 años, a golpes el 17 de agosto de 2008. A las ocho de la noche de aquel día, ambos se encontraban en la vivienda que compartían en el número 56 de la calle Travesía, de Vigo, cuando iniciaron una discusión. Los celos casi permanentes que sentía él fueron el motivo del inicio de la bronca. Aellyka ledijo que no estaba dispuesto a aguantar más, que se iba de casa y, para demostrárselo, cogió su bolso. En ese momento, Manoel tomó un bloque de cemento rectangular, de 20 centímetros de largo y 10 centímetros de alto, y comenzó a golpear en la cabeza dela mujer.

Le dio nueve violentos golpes. Dos en la parte frontal del cráneo. Uno más en el ojo izquierdo. Otro en el labio superior y cinco más en distintas partes del cuerpo cabelludo. Se los dio con tal fuerza que, como destacaron los forenses durante el juicio, le fracturó el hueso occipital, "uno de los más duros del cuerpo". La mujer, que no tuvo tiempo de defenderse, murió en el acto.

En el momento de la agresión, no estaban solos en la casa. También estaba la hija común de la pareja, de 3 años, y el hijo del acusado, de 5 años, quienes fueron testigos de parte de la agresión.

Tras el crimen, Manoel abandonó el domicilio y se dirigió a una localidad próxima en busca de un conocido suyo. Quería que fuera este quien avisara a la policía de lo que había hecho. Como no lo encontró, entró en una pizzería cercana y pidió a la camarera que realizara la llamada. Mientras, él se quedó en el lugar esperando la llegada de la policía. Cuando llegaron los agentes, Manoel relató a estos de manera reiterada cómo había acabado con su mujer.

El pasado mes de noviembre, el Tribunal Superior de Justicia de Galicia confirmaba la pena de 19 de años de cárcel para él.

 

Siguió dándole golpes después de muerta

Condenado en junio a 23 años de prisión.

El juicio nunca aclaró por qué Hermenegildo Fernández, que entonces tenía 31 años, comenzó a golpear a su compañera Laura aquella mañana del 13 de septiembre de 2008. La golpeó en el garaje de Marratxi (Mallorca) que la pareja utilizaba como vivienda. Y lo hizo por todo el cuerpo, ayudado de un objeto tan cotidiano como el mando a distancia del televisor. La víctima no opuso resistencia. Cuando fue atacada, acababa de consumir sustancias estupefacientes y su capacidad para defenderse era casi nula.

Tal fue la paliza que le propinó, que la víctima cayó boca abajo en el suelo sin capacidad para levantarse. Tenía hematomas por todo el cuerpo y los huesos de la nariz fracturados. En ese momento, Hermenegildo “se tiró encima de ella provocándole una fuerte presión en la espalda y causándole la fractura de las costillas de ambos lados”. Aquellos huesos rotos le perforaron la pleura a Laura y le causaron la insuficiencia respiratoria aguda que le provocó finalmente la muerte.

Tal fue la paliza que le propinó, que la víctima cayó boca abajo Pese al fallecimiento de su compañera, Hermenegildo continuó agrediendo su cadáver. Con un objeto contundente, le propinó un fuerte golpe en la frente. Luego, con una sustancia que los forenses no pudieron determinar, le provocó quemaduras en el abdomen. Cuando terminó de ensañarse con el cuerpo inerte, limpió las manchas de sangre que había en el piso, lavó el cadáver de su compañera y se fue a comprar un paquete de tabaco.Durante el juicio, el ahora condenado se limitó a asegurar que propinó la mortal paliza a la víctima simplemente porque se había enfadado “mucho” con ella. 

 

Estranguló a su mujer delante de la hija de 2 años

Condenado en marzo a 14 años y 7 meses de cárcel.

Iván Pozo le había dicho a un amigo que se llevaba mal con su mujer, Dokas, y que le daban ganas de matarla. A punto estuvo de hacerlo el 21 de agosto de 2008. Ese día, dos agentes de la policía local de Santurtzi (Vizcaya) habían acudido al domicilio de la pareja después de producirse una discusión muy fuerte en la que él llegó a agarrar del cuello a su compañera. A los policías les dijo, al abandonar la casa, que algún día la mataría.

Ese día llegó el 5 de octubre de ese mismo año. A las 10.30 de la mañana, Iván y Dokas se encontraban en la cocina de su casa cuando iniciaron una fuerte discusión al pedir Dokas una cantidad de dinero a Iván. En el transcurso de la riña, el hombre agarró fuertemente con su mano izquierda por el cuello a su mujer hasta que esta comenzó a sufrir convulsiones. Cuando la soltó, Dokas cayó al suelo y sufrió los últimos estertores sin que Iván intentara ayudarla. Poco después, murió.

A un amigo le había dicho que tenía ganas de matar a su esposaLa escena se produjo delante de la hija de ambos, de 2 años de edad, quien también vio cómo su padre ataba el cadáver de pies y manos y lo arrastraba hasta una habitación. Una vez que hubo dejado el cuerpo sin vida de la víctima allí, el asesino se fue a comprar una maleta de grandes dimensiones. Después, llamó a un amigo para pedirle que le ayudara a meter el cadáver en la maleta con el fin de simular un accidente. Mientras esperaba a su amigo, Iván limpió la vivienda a conciencia para borrar todas las huellas del crimen.

De nada le sirvió. Poco después, la Ertzaintza lo detuvo. A los agentes que lo arrestaron, el hombre les dijo: “Lo he tenido que hacer”. Los forenses destacaron en el juicio su extrema “frialdad”. 

 

Diez martillazos por querer abandonarlo

Condenado en noviembre a 18 años de cárcel.

El bosnio Vejsil Ferhatovic era un viejo conocido de los juzgados españoles. Desde abril de 2004, había acumulado tres sentencias por maltratar a su mujer, Hanifa, y por quebrantar las diferentes medidas de alejamiento que le habían impuesto los jueces por el mismo motivo. Pese a ello, el 28 de diciembre de 2008 la pareja convivía en una pequeña vivienda de un edificio de Cornellà de Llobregat, en el mismo bloque donde también residía un hijo mayor de ambos, casado y con tres niños pequeños.

Aquel día, a primera hora de la mañana, Vejsil acudió a un bar cercano a tomar un café. Cuando terminó, solicitó al camarero que le pusiera otro para llevárselo a su esposa, que en ese momento se encontraba en el domicilio que compartían. Cuando llegó con la bebida, la mujer la rechazó y le dijo que ya se lo tomaría en Madrid, donde residían sus hermanos, ya que no pensaba seguir viviendo con él.

En ese momento, Vejsil cogió un martillo que había en la vivienda y, aprovechando que se encontraban solos en la casa, golpeó por sorpresa a su mujer en la cabeza una y otra vez. Los forenses encontraron al menos diez heridas producidas por el martillo. Lo que no hallaron fueron señales de que ella hubiera podido defenderse.

Tras el crimen, Vesjil se marchó de su domicilio. En la tarde de ese mismo día, el hijo de la pareja que vivía en el mismo edificio encontró el cadáver de su madre en el piso que ocupaba y avisó a los Mossos d’Esquadra. A primera hora del día siguiente, Vejsil se personó voluntariamente en el Centro Penitenciario de Hombres de Barcelona y al funcionario que se encontraba en la oficina de información le dijo simplemente: “Ayer maté a mi mujer”. En ese momento fue detenido. 


Le asestó 35 cuchilladas e intentó suicidarse

Condenado en mayo a 20 años de prisión. 

Rocío se había casado con Jairo Alfonso Ortiz a escondidas el 13 de octubre de 2005 en Valencia. No se lo había dicho ni a sus padres, con los que, a pesar del enlace, siguió conviviendo en Castellón de lunes a viernes. Los fines de semana viajaba a Valencia para estar con su marido. Sin embargo, Rocío decidió a mediados de noviembre de 2008, más de tres años después de su matrimonio, poner fin a su situación y le pidió a Jairo la separación, lo que irritó a este, que a partir de ese momento empezó a acosar telefónicamente a la joven.

Rocío recibió 35 heridas por arma blanca, algunas de ellas mortales de necesidadDías después, el ahora condenado decidió acabar con la vida de su mujer y, a continuación suicidarse. Para ello, el 30 de noviembre pidió a Rocío que viajara a Valencia para echarle una mano con la mudanza, ya que se iba a trasladar a otra vivienda. Ella aceptó. Mientras Rocío llegaba al lugar con su coche desde Castellón, Jairo acudió a una gasolinera cercana y adquirió una bombona de gas de seis kilos que llevó a la vivienda, donde se dispuso a esperar a la mujer armado con un cuchillo de cocina de 21 centímetros de hoja.

Cuando la joven entró en la habitación donde la esperaba su marido, este se lanzó sobre ella por sorpresa y comenzó a asestarle puñaladas. La autopsia luego revelaría que Rocío recibió 35 heridas por arma blanca, algunas de ellas mortales de necesidad, al afectarle los pulmones y el corazón. Con ella ya muerta, y ante el temor de que la policía, alertada por los vecinos que habían oído los gritos de la víctima, llegase al domicilio antes de que pudiera completar su plan y suicidarse, Jairo abrió la espita de la bombona y con el cuchillo se ocasionó cortes en el cuello y las muñecas. No murió y fue detenido. 

 

La apuñaló cuatro meses después de irse a vivir juntos

Condenado en septiembre a 19 años de cárcel.

El boliviano Néstor Wilfredo Villamatas y su compañera sentimental, Laura, de la misma nacionalidad, se fueron a vivir juntos el 1 de noviembre de 2007. Para ello, eligieron una pequeña vivienda situada en la calle Salitre, en Madrid. Iba a ser su nido de amor y, sin embargo, desde el primer día se convirtió en un infierno para ella, que comenzó a ser maltratada por Néstor. En enero de 2008, la golpeó en dos ocasiones. En la primera, le provocó un hematoma en el ojo. En la segunda, fue uno de sus brazos el que sufrió la furia de Néstor.

Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. A las cinco de la madrugada del 25 de febrero de ese mismo año, sólo cuatro meses después de irse a vivir juntos y cuando se encontraban solos en el domicilio, se desencadenó una fuerte discusión entre ambos. En un momento dado, Néstor cogió un cuchillo de 9,5 centímetros de hoja y asestó diez puñaladas a Laura que, según la sentencia, buscaban causarle “un sufrimiento desmedido e innecesario”.

Néstor cogió un cuchillo de 9,5 centímetros de hoja y asestó diez puñaladas a LauraUna de las cuchilladas le afectó la arteria pulmonar y le provocó la muerte. Los forenses, además de las puñaladas, encontraron también un hematoma en el ojo izquierdo, otro en el labio superior y uno tercero en el pecho. En su declaración ante la policía al día siguiente, el hombre reconoció que había dado muerte a Laura a puñaladas.

También asumió su culpabilidad durante el juicio, celebrado en septiembre. Néstor no se defendió. Reconoció todos los hechos, se mostró arrepentido y pidió perdón a los padres de su pareja, que habían viajado desde Bolivia para asistir a la vista oral. 

 

Estranguló a su mujer tras vaciar su libreta de ahorro

Condenado en junio a 12 años y seis meses de prisión.

Carlos Domínguez Masero lo tenía todo previsto. El 1 de octubre de 2008 abrió a su nombre una libreta de ahorros en Caja Madrid. A ella traspasó los más de 74.000 euros que tenía en otra cuenta de la misma entidad y que compartía con su esposa, Hortensia. Un mes y tres días más tarde, a una hora que la sentencia no pudo determinar, Carlos mató a su mujer en el domicilio conyugal, situado en la calle Retablo, de Alcorcón (Madrid).

Comenzó golpeándola en la cara hasta romperle dos dientes y provocarle varias contusiones en la nariz. Luego, la agarró por el cuello para estrangularla, mientras le introducía en la boca dos tubos de pasta dentrífica y dos papeles arrugados. A Hortensia de nada le sirvió arañar los brazos de su agresor. Poco después moría asfixiada.

Cuando, al día siguiente, los dos hijos del matrimonio se personaron en el domicilio de sus padres porque el teléfono no funcionaba, vieron que la mirilla de la puerta de acceso se encontraba tapada con cinta aislante y que la cerradura de la puerta estaba bloqueada. Tardaron en convencer a su padre para que les franqueara el acceso a la vivienda y, así, descubrir el crimen.

La pareja había vuelto a convivir sólo un año antes del crimen Carlos y su esposa llevaban más de 30 años casados. Aunque, tal y como precisa la sentencia, durante un largo periodo de tiempo ambos interrumpieron la convivencia. Habían vuelto a vivir juntos sólo un año antes del suceso. Durante ese breve periodo de tiempo, Hortensia denunció en dos ocasiones al acusado por malos tratos, pero en ambas ocasiones las denuncias fueron sobreseídas.

El fallo que le condenó destaca que un día antes del crimen, el condenado tuvo que ser ingresado en un centro hospitalario tras emprenderla a golpes con el ascensor del edificio donde vivía y pulsar los timbres delos vecinos.

 

Mató a su esposa e hirió al hombre que la protegía

Condenado en marzo a 29 años y tres meses de cárcel.

El 17 de julio de 2007, Sorina se decidió. Acudió a la comisaría para denunciar que el día anterior su marido, Marian Zanfir, la había golpeado en la cabeza simplemente porque un chico la había mirado mientras paseaban por las calles de Gandía (Valencia), donde vivían. Tras aquella denuncia, un juzgado de la localidad valenciana acordó la protección de la joven y la adopción de medidas de alejamiento de su marido.

Marian intentó alcanzar al hombre herido para matarlo, pero un policía y un guardia civil de paisano se lo impidieronSin embargo, sólo un mes después de aquella decisión, Marian fue a la vivienda donde una pareja había acogido a Sorina y al hijo pequeño de ambos y les amenazó con matarlos si no echaban esa mismo noche de la vivienda a su compañera y al menor. Como no le hicieron caso, ni tampoco atendieron a sus amenazas del día siguiente, el condenado acudió el 19 de agosto de 2007 con un puñal al local que la familia regentaba en Gandía y donde acudía Sorina con su hijo habitualmente.

Al verla allí, la comenzó a apuñalar por la espalda y también al propietario del establecimiento. Sorina intentó huir con su pequeño en brazos, pero Marian le dio alcance y, cuando se encontraba de rodillas en el suelo, la continuó acuchillando hasta la muerte. Luego, le arrebató de los brazos al hijo de ambos y se lo entregó a una mujer que fue testigo del crimen.

Marian intentó también alcanzar al hombre herido para matarlo, pero un policía y un guardia civil de paisano que pasaban por el lugar se lo impidieron. Cuando estos intentaron detenerlo, el asesino emprendió su huida a la carrera del lugar de los hechos hasta que, poco después, se topó con una patrulla de la Policía Local que acudía al lugar del crimen. Ante la imposibilidad de escapar, tiró al suelo el puñal y se entregó. 

 

Machacó la cara de su pareja delante de la niña

Condenado en septiembre a 16 años y 9 meses de prisión.

Pese a que desde el 5 de diciembre de 2008 tenía una orden de alejamiento del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 6 de Madrid, Joao Fernando Carvalho convenció a Eva María para reanudar la convivencia en Madrid. Así estaban cuando el 25 de julio de 2009, mientras se encontraban pasando unos días en el domicilio que los padres de ella tenían en la localidad de Chozas de Canales (Madrid), iniciaron una fuerte discusión tras regresar ella de la celebración de un bautizo familiar.

En la calle y con la ropa ensangrentada, se dirigió a un pareja que paseaba por las cercanías Durante la disputa, Joao cogió un jarrón de cristal que se encontraba en una mesa baja del salón y golpeó a la mujer repetidamente con él en la cara y la cabeza. Fruto de la agresión, Eva sufrió la fractura de la frente y la mandíbula y los trozos del objeto le seccionaron la vena facial, la yugular y la arteria carótida, lo que le ocasionó la muerte de modo casi inmediato. La hija de la mujer, de 5 años, presenció la agresión e intentó frenar a Joao, pero este se la quitó de encima propinándole varios golpes en la cara. Luego, se marchó, dejando a la pequeña intentado taponar a su madre las heridas por las que sangraba abundantemente con un simple papel.

Antes de huir, Joao rebuscó en el bolso de la víctima y se llevó el móvil y otros objetos. Luego, ya en la calle y con la ropa ensangrentada, se dirigió a un pareja que paseaba por las cercanías y les pidió que avisaran a la policía ya que había discutido con su mujer. Cuando llegó el primer agente, el acusado le dijo que creía que había matado a su pareja y se prestó a acompañarle hasta el domicilio donde ocurrieron los hechos. Una vez allí, Joao prefirió quedarse en el interior del vehículo policial mientras el agente comprobaba que, efectivamente, había matado a la mujer. 

 

Una tortura de 43 años que acabó con 11 puñaladas

Condenado en noviembre a 15 años de prisión.

El martirio de Christine empezó el 14 de octubre de 1965. Ese día se casó con Antonio Serrano, quien a partir de entonces comenzó a agredirla y humillarla. Hubo bofetadas, empujones, insultos... pero ella nunca denunció nada. “No sirves para nada”, “eres una piltrafa”, “eres una mierda”, “tonta”, “inútil”, “anda tonta, vete a fregar”, y otros insultos se convirtieron en la música de fondo de las palizas que recibía habitualmente.

A partir del año 2000, la relación de la pareja se deterioró de tal manera que Antonio confinó a su mujer en una habitación y no la dejaba prácticamente salir. Finalmente, en febrero de 2008, y animada por su hija Natalia, Christine se decidió a interponer una demanda de divorcio. Para ello, se trasladó a vivir a una vivienda prefabricada que el matrimonio tenía en una parcela de su propiedad en el término municipal de Villanueva de la Cañada (Madrid).

Los malos tratos comenzaron nada más casarse en 1965Allí vivía sola la mujer cuando el 23 de septiembre de 2008, Antonio acudió a la parcela. Cuando ella llegó, su marido se dirigió a ella y con un cuchillo de cocina le asestó 11 puñaladas por la espalda con tal fuerza que una de ellas le atravesó el corazón, le perforóel diafragma y le llegó hasta el hígado. Con ella caída en el suelo, el ahora condenado la cogió por el cuello y la degolló. Aquella herida le provocó la muerte en el acto.

Tras comprobar que su esposa había muerto, Antonio se cambió de ropa, y, tras cerrar la parcela con el candado, abandonó el lugar conduciendo su vehículo. Se trasladó al puesto de la Guardia Civil en Brunete (Madrid). Allí, tras indicar que había apuñalado a su mujer y el lugar en que se encontraba; fue detenido.

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