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Los otros cabanyales, vecinos contra el expolio

La resistencia del barrio de Valencia aviva la pelea ciudadana en defensa del patrimonio. Los atropellos urbanísticos se reproducen

DIEGO BARCALA

El proceso se repite en cada ciudad con un patrón calcado. El histórico barrio se empobrece al mismo ritmo que crecen los solares y los edificios vacíos. El ayuntamiento de turno no lo evita y cuando el nivel de vida roza el suburbio más degradado y parece improbable la resistencia vecinal aparece un plan para "rehabilitar" o "sanear" la zona. La operación suele ser incompatible con la conservación del patrimonio cultural o histórico.

La defensa del barrio marinero de El Cabanyal en Valencia ensalza el valor del tesón de los ciudadanos que se agarran a la defensa de su identidad cultural. La justicia, la historia y el Ministerio de Cultura abogan por su conservación, pero el Ayuntamiento de Rita Baberá insiste en la demolición de gran parte del entramado urbano donde vivió Vicente Blasco Ibáñez. Similares luchas se han reproducido en las grandes ciudades españolas con casi siempre goleada a favor de los Ayuntamientos.

«El decreto de la Generalitat es un delito», dice el arquitecto Capitel

Los arquitectos hace tiempo que tomaron partido por los vecinos. Los informes de los colegiados de Madrid a favor del mantenimiento de la cúpula de la cárcel de Carabanchel no sirvieron para evitar que los carabancheleros escucharan su derrumbe desde una acampada de protesta. "Muchas veces el valor del patrimonio no es artístico, sino histórico, por eso se cambiaron las denominaciones de protección. Ahora se dice patrimonio histórico-artístico", explica el arquitecto Antón Capitel.

Este estudioso de la arquitectura madrileña cree que no existe ningún caso en la capital o en otras grandes ciudades españoles que se pueda equiparar al expolio de El Cabanyal. "Es algo propio de las ciudades europeas de finales del siglo XIX, cuando los nuevos barrios obligaban a modificar la ciudad. Por un lado, es lógico que una avenida se prolongue hasta el mar, y por otro, también es normal que se proteja un entorno de valor cultural. Una vez que los jueces del Supremo han decidido, no hay duda. El decreto de la Generalitat para continuar con el proyecto es un delito", sentencia Capitel.

El juego virguero de los políticos valencianos para sacar adelante a toda costa su plan urbanístico revela la ineficacia de las protecciones con las que cuenta la Administración para proteger el patrimonio. "El problema es que el poder ejecutivo es juez y parte en estos conflictos", reflexiona el arquitecto de la plataforma Apudepa (Acción para la defensa del patrimonio aragonés) Carlos Bitrián. Las declaraciones BIC (Bien de Interés Cultural ) son declaradas, mantenidas, limitadas e incluso retiradas por los propios Ayuntamientos. "Siempre podrán acudir a un supuesto interés público o social para retirar la declaración BIC", añade Capitel.

«El poder ejecutivo es juez y parte en el conflicto», dice la asociación Apudepa

"Existe poca experiencia en conflictos culturales y urbanos en la justicia española aunque cada vez hay más abogados especializados", lamenta Bitrián. Su experiencia en los recursos judiciales para proteger entornos como el del balneario de Panticosa o el casco histórico de El Tubo en Zaragoza revela que "es más útil" alegar que un proyecto urbanístico perjudica a los vecinos que al patrimonio. "Hemos tenido éxito cuando hemos denunciado que se perjudicaban las necesidades de la población. Al final los BIC no impiden que el espacio sea tratado como una mercancía para obtener plusvalías", sentencia Bitrián.

El ejemplo de los vecinos de El Cabanyal ha inyectado ánimo a las miles de plataformas de salvación del patrimonio en toda España. En Valencia, la destrucción de la huerta histórica de la ciudad, el abandono de las alquerías o la comercialización oscura de edificios valiosos como el de la antigua Tabacalera ha propiciado un movimiento de resistencia vecinal que amenaza con enfrentarse a las excavadoras.

1. Un minivaticano en los jardines

El entorno de San Francisco el Grande en Madrid es un paisaje que aparece inalterable desde las pinturas de Goya hasta hoy. Un plan compartido entre el Arzobispado de Madrid y el ayuntamiento prevé construir edificios sobre el jardín.

"Enfrentar a la Iglesia es duro pero queremos salvar el jardín"

María Ruiz de Gauna lidera a los vecinos contra el plan de arzobispado

La cerca de Felipe IV que rodea la antigua ciudad de Madrid puede contemplarse en los jardines donde Antonio María Rouco y Alberto Ruiz-Gallardón han planeado crear un conjunto de edificios que van desde la Casa de la Iglesia a una residencia de ancianos.

“Tememos que acaben con un legado histórico que se remonta al siglo XVI”, reclama, María Ruiz de Gauna, portavoz de la plataforma del entorno de San Francisco de El Grande, que, al igual que el barrio de El Cabanyal tiene la protección de Bien de Interés Cultural. Los vecinos han recurrido a la justicia porque el proyecto elimina 15.000 metros cuadrados de zonas verdes y crea 20.000 metros de superficie de edificios.

El Colegio de Arquitectos de Madrid ha avalado el valor histórico de los jardines cedidos por Ruiz-Gallardón al Arzobispado, que pretende construir sobre el parque un aparcamiento y una residencia para curas. “Enfrentarse a la Iglesia es duro pero los vecinos sólo queremos salvar un jardín”, defiende Ruiz. 

2. Huertas bajo el asfalto

La Punta es uno de los traumas urbanísticos de Valencia. Entre 2002 y 2003 fueron arrasadas 70 hectáreas de huerta protegida para construir un almacén de contenedores del puerto. La medida acabó con construcciones históricas y la deportación de las familias.

"Fue una masacre, un auténtico abuso de poder"

Rosa Quilis, vecina de La Punta, conservó su casa pero no su histórica huerta

Un gran solar con un barraca moribunda. Es lo que queda de las obras que hace casi diez años destruyeron parte de la pedanía valenciana de La Punta. Unas tierras intocables hasta que en 1999 una modificación del Plan General las devaluó a suelo urbanizable. Un año antes habían sido sentenciadas por el Ayuntamiento y el Gobierno a ser engullidas por la ZAL (Zona de Actividades Logísticas del Puerto).

La resistencia de los vecinos, en torno a las asociaciones La Unificadora y Defensem La Punta, se convirtió en un ejemplo todavía vivo para Salvem el Cabanyal. Entre 1994 y el 2003 se presentaron ocho recursos en los tribunales y se ocuparon numerosas alquerías abandonadas. Sus pobladores siempre sintieron la sombra de la especulación. Muchos todavía no han recibido indemnizaciones. Los más “afortunados” disponen de una de las casas que se construyeron para realojos, junto a las grúas del puerto, en un territorio tomado por el tráfico de drogas y la prostitución.  SERGI TARÍN

 3. Modernidad sin identidad

El moderno distrito 22@, presentado como una garantía de Barcelona para afrontar su futuro económico, ha colisionado con la marcada identidad industrial y popular del barrio del Poble Nou, que se conocía como el ‘Manchester catalán’.

"Ya luchamos por salvar las migajas de lo que fuimos"

Tere Bou fue la primera mujer miembro de la junta de l'Aliança del Poblenou

La conflictividad vecinal baja en Barcelona, y el Poble Nou no es la excepción. No son pocos los vecinos que aún lamentan el proyecto del 22@, el distrito que alberga cada día más empresas del sector tecnológico o de los medios de comunicación. Pero se les oye menos. Mucho menos. Hacerlo realidad ha replanteado el barrio y le ha hecho perder “toda su identidad y trama social, además del patrimonio”. Es lo que opina Tere Bou, una mujer activa y del barrio “de toda la vida”, que lamenta que incluso se esté perdiendo un nombre centenario para potenciar “eso de 22@”. Tere, miembro de la asociación de vecinos, lamenta que la lucha sea sólo por salvar las migajas de lo que fue, “como el barrio de pescadores y la Plaça Prim, de lo poco que sigue en pie”. Critica que muchas de las promesas, como las de convertir viejas fábricas modernistas en talleres de creación artística, se incumplan o se hagan a medias. “Del viejo Poble Nou y su sabor familiar ya no nos queda apenas nada”, concluye.  FERRAN CASAS

4. Una ciudad del s. XIII en peligro

La presión vecinal ha obligado al Gobierno de Murcia a frenar su plan de trasladar los restos del yacimiento mozárabe de San Esteban para hacer un parking. Ecologistas en Acción denuncia que los restos encontrados no están siendo protegidos.

"Tememos que se lleven los restos piedra a piedra"

Rubén Vivas, de Ecologistas en Acción, defiende el yacimiento

La polémica por el yacimiento mozárabe de San Esteban, en la ciudad de Murcia, tiene 20 años. El Ayuntamiento preveía cambiar el parque por un aparcamiento hasta que el movimiento de tierra dejó al descubierto un enorme yacimiento de una ciudad mozárabe del siglo XIII. El Gobierno de Murcia ha rechazado el plan original ante la presión vecinal y ahora debate cómo garantizar su conservación.

“Protestamos porque encargaron la obra a una empresa afín al PP que pretendía trasladar la ciudad piedra a piedra, aunque sea de barro”, lamenta Rubén Vives, de Ecologistas en Acción. “Ahora, el problema es que con la lluvia que ha caído durante los últimos días se va a deshacer el yacimiento y el único remedio que ha puesto el ayuntamiento son unos retales de plástico”.  El conjunto de San Esteban que ha quedado al descubierto permite observar dos hectáreas de una ciudad subterránea que podría permanecer oculta en las céntricas manzanas de Murcia.

5. Hotel de lujo sobre una joya

La estación de Canfranc permanece abandonada desde 1970. Un estado que propició su ruina hasta que un decreto la declaró Bien de Interés Cultural en 2002. Una asociación paró en los tribunales un proyecto que pretendía convertirla en hotel de lujo.

"En cada pequeño pueblo, encuentras un Cabanyal"

La asociación de Carlos Bitrián consiguió que un juez parara el destrozo

Apudepa (Acción para la defensa del patrimonio aragonés) engloba a vecinos, arquitectos y amantes de la cultura aragonesa. Su actividad exitosa en los tribunales ha traspasado su comunidad autónoma y reciben denuncias urbanísticas de toda España. El arquitecto Carlos Bitrián pone como ejemplo de expolio cultural el proyecto en Canfranc (Huesca), que pretendía construir una urbanización y un hotel de lujo sobre la antigua estación, protegida como BIC desde 2002. Un juez determinó que el proyecto que pretendía la “rehabilitación” del edificio alteraba su “fisionomía original”. El objetivo era construir una planta más sobre las naves de la estación.

“Al final, cada pueblo de 5.000 habitantes tiene su Cabanyal”, denuncia Bitrián. Otros colectivos defensores del ferrocarril piden la rehabilitación de la línea de ferroviaria que pasaba por la estación antes de que en 1970 se inhabilitara la inmensa infraestructura. Piden a Fomento la vuelta de la línea fronteriza entre Canfranc y Olorón (Francia).

6. Roma bajo Las Monjas

La Plaza de Las Monjas esconde en sus entrañas una edificación romana que los arqueólogos sitúan en el siglo I. Unas obras de remodelación provocaron el hallazgo pero la prisa por terminarlas hizo que los restos volvieran a quedar sepultados.

"La Administración no se implica con el patrimonio"

Jesús de Haro, defiende la protección arqueológica de un yacimiento del siglo I

La Plaza de las Monjas, a la que dio nombre un convento colindante, es el corazón de Huelva. Cuando se anunció su remodelación, la noticia corrió como la pólvora. Con lo que no se contó entonces fue con lo que esconde en sus entrañas, o lo que puede esconder. Los restos hallados fueron identificados por los arqueólogos como una edificación romana del siglo I. Creen que puede ser parte de una ciudad sepultada. Pero las prisas por terminar la obra hicieron que el Ayuntamiento (PP) cubriera los restos hasta la realización de una prospección geofísica.

“Las administraciones públicas no se implican con el patrimonio”, critica Jesús de Haro, presidente de la Asociación Profesional de Arqueólogos de Huelva. El estudio, que se hizo en noviembre, y el resultado, que aún no ha trascendido, serán trasladados a la Junta de Andalucía. Cabe, por tanto, la posibilidad de que el georradar dé la razón a los expertos y la mítica plaza deba ser de nuevo agujereada. RAFAEL ADAMUZ

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