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Parecía una buena idea entonces

Se presumía que el duque de Palma estaba a la altura del príncipe, pero no

BOB POP

Cuando Iñaki encontró a Cristina, recién comenzada la primera legislatura de Aznar, la del buen rollo y los pactos con los nacionalistas burgueses vascos y catalanes, Urdangarin parecía no sólo una excelente idea, sino un símbolo perfecto del yerno óptimo que necesitaba el país en aquel momento: criado entre Barcelona y Vitoria, hijo de vasco y belga y medallista olímpico internacional por España. Cuando, en 1997, Iñaki y Cristina se casaron en Barcelona, Urdangarin vertebró España, casi tanto como El Corte Inglés. Fue todo tan hermoso. Durante algunos años, Iñaki sin frenillo, con una dicción casi perfecta en varios idiomas (cuatro, nos dijeron, pero nunca lo pudimos comprobar) y dotes para combinar la campechanía propia de su puesto con ciertas inquietudes intelectuales de máster universitario carísimo en Barcelona a cuya graduación asistió incluso su suegra Sofía y trabajos elegantes en el Comité Olímpico Internacional o en empresas de marketing deportivo. Todo tan hermoso.

Tanto a Urdangarin como a Marichalar los vimos casarse de perfil con nombre propio don Jaime y don Iñaki para al cabo de los años encontrárnoslos de frente, ya sólo con sus apellidos Marichalar, Urdangarin tras sus caídas en desgracia por distintas razones, que forman parte de las cosas que hay en la vida (salud, dinero y amor). Casi igual que en esa metáfora en que se ha convertido el Museo de Cera de Madrid, nunca vimos cómo los colocaban, cómo los vestían y dónde los ponían al llegar. Nadie nos pidió que grabáramos nuestras risas en lata a propósito del escaso parecido de sus figuras con sus personas... pero cuando abandonaron el cuarto real, la escena de gala, bien que nos lo mostraron todo y bien que nos hicieron escuchar el eco de nuestras carcajadas.

Urdangarin vertebró España, casi tanto como El Corte Inglés 

La biografía oficial de Urdangarin, publicada en la página web de la Casa Real, afirma que "ha cultivado el interés por las cuestiones sociales, amén de las deportivas, intentando establecer caminos de diálogo entre unas y otras". A fe que tiene toda la razón: Urdangarin es un excelente ejemplo de lo lejos que se puede llegar en cuestiones de alta sociedad a través de las deportivas, y confío en que sea cual sea el resultado del juicio al que tendrá que enfrentarse el próximo año, nadie vaya a poner en duda la capacidad del marido de la infanta Cristina para poner en práctica sus propias teorías empresariales. Estoy seguro de que sus profesores en el máster de Esade estarían orgullosos de lo lejos que ha llegado ese joven emprendedor que supo hacer de los caminos de diálogo, puentes de Calatrava. O casi.

Supo hacer de los caminos de diálogo puentes de Calatrava. O casi

Tan seguro como de que si Pilar Miró que estés en los cielos pudiera aparecerse entre nosotros y hablar, creo que lamentaría su pésima suerte y se quejaría a gritos de que le hubieran encargado rodar para televisión la parte más aburrida de los matrimonios de las dos infantas: sus bodas; con Marichalar en Sevilla y con Urdangarin en Barcelona.

Urdangarin de película, que ahora parece estar interpretando su último papel perfecto: el de padre ideal de cuatro niños, nietos del rey. Urdargarin marido, capitán de balonmano, yerno de la reina Sofía, cuñado, padrazo, deportista, alto, guapo, con ojos claros y las costuras de las camisas a la altura perfecta de los hombros. Iñaki Urdangarin, ese hombre que parecía estar a la altura del príncipe, pero no.