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Pedraz logra en Irak las pruebas para investigar el 'caso Couso'

El juez culmina con éxito una misión sin precedentes tras superar todo tipo de obstáculos

ÁNGELES VÁZQUEZ

La comisión judicial encabezada por el juez Santiago Pedraz se puede dar por satisfecha. Pese a todos los obstáculos con los que ha tenido que luchar el magistrado desde julio del año pasado, a los que se sumaron los que le sorprendieron ayer mismo por parte de la burocracia iraquí, consiguió las fotos y las mediciones necesarias para comprobar la distancia existente entre el puente Al-Jumhuriya (de la República) y el hotel Palestina. Con ellas se podrá acreditar la visibilidad con la que contaba el tanque estadounidense que convirtió en objetivo el hotel en el que se alojaba la prensa internacional que cubría la guerra de Irak.

Y con esos datos en la maleta, el juez podrá avanzar en determinar si la muerte del cámara español José Couso respondió, como sostienen las acusaciones, a un crimen de guerra, cuyo fin era amedrentar a la prensa a la que Estados Unidos no podía controlar, o a un acto de guerra, que es el argumento de la fiscalía para oponerse a la investigación. El magistrado tiene aún que revisar las cintas grabadas, aunque fuentes jurídicas aseguran que su primera impresión es que la visión del tanque era 'detallada y buena', porque es posible ver desde el puente el impacto que recibió el Palestina.

El juez determinará ahora si la muerte de Couso fue un crimen de guerra

Para cumplir su objetivo, el juez ha tenido que luchar contra todo tipo de trabas: la falta de respuesta a una comisión rogatoria cursada hace años, la oposición al caso de la fiscalía española, que cuestionó la validez de la prueba a sólo una semana de partir, y los problemas de seguridad denunciados por el Gobierno a última hora. Ayer, tampoco lo iba a tener fácil: la burocracia iraquí obligó a fotografiar el hotel Palestina a unos 20 metros del punto donde los testigos, los periodistas que estaban con Couso aquel 8 de abril de 2003, sitúan el carro de combate que disparó.

Pero el trabajo había comenzado a las 11.00. A esa hora, la comitiva partió del hotel del aeropuerto hacia la ciudad en siete vehículos, dos de ellos tanquetas del ejército iraquí, que abrían y cerraban la marcha. El momento elegido era propicio. El viernes, día de la oración, el tráfico de Bagdad es mucho más fluido que el resto de la semana. Hombres, pero apenas mujeres por las calles; las que se dejan ver, tapadas con una chador negro hasta los pies. Los controles militares son continuos.

La burocracia iraquí entorpece los trabajos hasta el último momento

Y allí, a las puertas del Palestina, la primera satisfacción de los testigos. Les esperaba el traductor y chófer contratado por Couso y su compañero Jon Sistiaga. Tanto él como los otros tres testigos, Olga Rodríguez, Carlos Hernández y Jesús Quiñonero, se fundieron con él en un fuerte abrazo, mientras los geos españoles y los agentes iraquíes apremiaban a entrar en el hotel.

El juez iraquí Shihab Ahmed Hussein y el representante del Ministerio de Asuntos Exteriores Sarhad Fatah esperaban al juez en lo que un día fue la recepción del hotel, junto al encargado de negocios de la embajada española en Irak, Antonio González-Zavala. Tras los saludos, la comitiva esquivó los cables sueltos, los charcos y los escombros en un edificio en plena fase de rehabilitación, una reforma que debería concluir en marzo para una cumbre de la Liga Árabe. Por lo que se apreciaba ayer, parece difícil imaginar que se llegará a tiempo.

La comisión regresa a España satisfecha tras un viaje cargado de emoción

En la planta 14, la comisión judicial no perdió ni un segundo. En la primera habitación, los abogados de la acusación Enrique Santiago, Antonio Segura, Raúl Maíllo y Pablo Die desplegaron trípode, cámara, objetivo y se armaron de un metro. Las ventanas y celosías sirvieron de referencia para establecer las distancias. Los testigos entraron y miraron y, tras unos minutos de confusión, todos coincidieron: la habitación preparada por los encargados del hotel no es en la que murió Couso.

La 1403 está unos metros más allá. Es justo la que da a la esquina. Permite ver por uno de los lados el puente desde el que disparó el tanque y al otro, el día de antes, a los soldados iraquíes que se quitaban a toda prisa el uniforme de Saddam Hussein para mezclarse en su huida con la población civil. Desde esa misma ventana, los periodistas saludaron ese 7 de abril a los militares estadounidenses que entraban en Bagdad.

Aunque la comisión judicial comprobó ambos lados de la habitación, la diligencia se centró especialmente en la que daba al puente Al-Jumhuriya. Allí todos los testigos hicieron una fotografía del lugar en el que sitúan el tanque que disparó contra la planta 15 del Palestina, la habitación de Reuters, en la que murió el cámara Taras Prostyuk. Couso estaba justo en la de debajo. Una vez que los testigos se despidieron del que fue su amigo unos minutos a solas en la habitación, la comisión abandonó el Palestina. Para que recordaran mejor cómo era Bagdad en abril de 2003, una avería en el ascensor les mantuvo encerrados 20 minutos.

Entonces, el convoy se encaminó a la última prueba: el puente Al-Jumhuriya. Y ahí fue donde el descontrol iraquí se notó. Un control militar impedía el paso al puente de la comitiva. El motivo: la autorización de la comisión judicial era del Ministerio del Interior y el puente depende del de Defensa. Media hora después, tras mover cielo y tierra, se autorizó que ocho personas con sólo tres cámaras bajaran de los blindados. Tampoco podían situarse exactamente donde disparó el tanque.

La autorización no permitía que el grupo se desplazara esos 20 metros y los soldados iraquíes no atendían a razones. Por eso, hasta impidieron grabar al juez cuando intentó situar su trípode en un lugar más próximo al predeterminado. Daba igual. La prueba estaba hecha y la comisión judicial, a falta de comprobar las grabaciones, satisfecha. Por eso aguantó con el mejor de los talantes el último control antes de regresar al hotel del aeropuerto, el que les sometió a cacheos y les obligó a mostrar el pasaporte.

 

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