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El PP fracasa en su objetivo de ser segunda fuerza y se queda en el cuarto puesto

Sánchez-Camacho, con un escaño más que en 2010, no logra superar al PSC. Rajoy se enfrenta al escenario de mayor inestabilidad territorial de la democracia

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Mariano Rajoy reúne mañana lunes al Comité Ejecutivo Nacional del PP para evaluar los resultados del 25-N y comunicar a sus filas que, a la larga lista de dificultades provocadas por la crisis económica, tendrán que lidiar con el escenario claramente soberanista que dejan las elecciones del 25-N en Catalunya, después de que Mas tendiera la mano a ERC en su discurso de la noche electoral. El presidente del Gobierno es consciente de que, en campaña electoral, los mensajes partidistas pueden incluir el tremendismo y la crítica feroz, pero terminado ese plazo, gobernar es otra cosa y, aunque ha obtenido un escaño más (19 - 13%), el PP catalán ha pasado de tercera a cuarta fuerza en el Parlament, al ser sobrepasada junto al PSC (20 - 14,5%) por el espectacular ascenso de ERC, que logra once escaños más con respecto a 2010 (21 - 13,6%) y pasa al segundo puesto.

El PP ha fracasado en su principal objetivo en estas elecciones: convertirse en la segunda fuerza parlamentaria catalana en lugar del PSC y en el antagonista por excelencia de la Generalitat de CiU. Por el contrario, al situarse en cuarto lugar, la influencia de los conservadores para frenar las reivindicaciones independentistas es casi marginal en Catalunya, por lo que la actuación en este sentido debe concentrar toda su fuerza en el Gobierno de Rajoy. Sobre todo, porque Alicia Sánchez-Camacho ya anunció durante la campaña que no volvería a pactar con CiU para facilitar su investidura y dar estabilidad a su gobierno, como hizo en la breve legislatura recién terminada.

A Mariano Rajoy le queda, sin embargo, el consuelo del descalabro de CiU y el 'fracaso' de su estrategia, al que se refirió la noche del 25-N la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. Además, Convergència se enfrenta ahora a una ardua tarea para lograr el apoyo a su investidura tras haber perdido 12 escaños. Durante la campaña, ERC, el aliado natural de CiU en el terreno independentista, anunció por boca de su candidato, Oriol Junqueras, que estaba dispuesto a respaldar el proyecto soberanista de Artur Mas si se constataba un giro en las políticas socioeconómicas de recortes con las que el president en funciones ha afrontado la crisis durante sus escasos dos años en el Govern.

En caso de que finalmente CiU y ERC lleguen a un acuerdo para intentar sacar adelante el proyecto soberanista de ambos (que suma 71 escaños), Rajoy seguirá teniendo el mismo problema que antes del 25-N y a pesar del desgaste al que ha expuesto en la campaña a su partido, al Gobierno y a sí mismo. Toda la cúpula del PP y la mayoría de los ministros con el presidente a la cabeza se volcaron en una estrategia electoral centralista, que obviaba la política de recortes de CiU y la suya propia y se centraba en el soberanismo como enemigo a batir. Este sentimiento, sin embargo, se ha demostrado mayoritario e la sociedad catalana y apenas tiene en el PP a una formación que pueda hacerle frente en el Parlament.

Además, la débil victoria de CiU tampoco evitará a Rajoy tener que aclarar y responder sobre el asunto más grave y delicado de la campaña y que atañe a su propio Ejecutivo, concretamente, al Ministerio del Interior: el origen y objetivo de las filtraciones de confusos documentos policiales que acusan a la cúpula de CiU de corrupción mediante cobro de comisiones.

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