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PP y PSOE pliegan armas antes del Consejo Europeo

El Gobierno insiste en su idea de la recapitalización directa a la banca. Rajoy pedirá también que el rescate no tenga preferencia de pago sobre otros acreedores

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'Va al Consejo Europeo con una posición reforzada', con la del PSOE. Se veía a la legua que Alfredo Pérez Rubalcaba no quería buscar esta mañana el cuerpo a cuerpo con Mariano Rajoy. No antes de la decisiva cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de mañana y pasado en Bruselas donde España se juega el pellejo y el euro, su propia supervivencia. El líder de los socialistas ya había defendido hace semanas aquello de la necesidad de llevar una 'voz única' a Europa, de que era necesario que los dos partidos compartiesen criterios para afianzar la posición del Ejecutivo. De aquella idea fueron cuajando algunos frutos, como el apoyo que el PSOE prestó la semana pasada al PP al pacto fiscal y la moción de respaldo al crecimiento que ayer martes aprobó el pleno del Congreso y que suscribieron socialistas y conservadores inicialmente y que luego se amplió a CiU y PNV.

Este miércoles, esa entente de los dos grandes partidos se visualizó pues desde primera hora de la mañana, en la sesión de control. Rubalcaba prestó un aval casi sin fisuras al Gobierno. Como casi único matiz, la petición de que España pelee por una ampliación del calendario de consolidación fiscal. O dicho de otro modo, que se relajen los objetivos de déficit, que el PSOE siempre ha visto como demasiado rigurosos dado el contexto de profunda depresión.

El tono fue correspondido por el jefe del Ejecutivo: 'Le agradezco sus palabras, señor Rubalcaba', arrancó su réplica. A partir de ahí, desgranó al líder de los socialistas, como antes había hecho al portavoz del PNV, Josu Erkoreka, la posición que defenderá en el Consejo Europeo. Minutos después, un alto cargo del Ejecutivo reunía a los periodistas y volvía a remachar los puntos importantes que reivindicará España ante una cumbre que espera 'moderadamente optimista'.

Lo 'urgente' son medidas a corto plazo, 'ágiles rápidas, contundentes y entendibles', como apremió Rajoy. 'Lo más importante es poder financiarnos en los mercados, es el tema capital sobre el que España, Italia y otros países intentaremos que se tomen decisiones razonables. No podemos seguir financiándonos mucho tiempo a precios como los de estos momentos, porque hay muchas instituciones y también entidades que no pueden acudir a los mercados', insistió. España, explicaron fuentes del Ejecutivo, no está 'cerrada' a ninguna fórmula concreta, aunque no oculta su preferencia por la inyección directa de capital por parte del Banco Central Europeo (BCE) que sirva para relajar los mercados.

'No podemos seguir financiándonos mucho tiempo a estos precios', dice Rajoy

Pero España, no obstante, también perseguirá la implantación de medidas más a largo plazo, aunque entiende que la maquinaria europea es demasiado lenta. Ahí se incardinan las peticiones del Gobierno de una unión bancaria y una unión fiscal, que refrenda el PSOE. Y la batalla que el Ejecutivo no ha dejado de dar es la de la recapitalización directa a los bancos. Ayer el ministro de Economía, Luis de Guindos, ya señaló que no era una opción descartable, pese a que Alemania se ha opuesto con toda firmeza. Hoy el presidente ha hecho hincapié en que su Gabinete se compromete a 'seguir trabajando' para conseguirlo, alternativa que Rubalcaba apoya fervientemente porque sería una fórmula 'más justa' y aliviaría 'sin duda' las tensiones sobre la deuda soberana.

Otra de las peleas del Gobierno se centra en la fórmula del rescate bancario. Todavía no está claro a través de qué fondo se articulará, si mediante el temporal (el FEEF), que tiene capacidad limitada, o el permanente (el MEDE). Rajoy sostuvo que intentará que el préstamo financiero europeo no tenga prioridad de cobro sobre los acreedores privados. La cuestión no es baladí, ya que el MEDE, que entrará en vigor en julio, tiene un carácter de deuda preferente, de modo que su devolución tiene prioridad de pago. Esa posibilidad ha hecho saltar las alarmas y probablemente acarrearía un castigo de los mercados a la deuda soberana.

En cualquier caso, España pretende que del Consejo Europeo salga un mensaje claro y diáfano, que Rajoy ha venido pidiendo a machamartillo: la certidumbre total de la 'irreversibilidad del euro'. Si no, no habrá salvación para nadie.

La potente dosis de guante blanco se prolongó minutos después en la refriega entre De Guindos y Soraya Rodríguez, aunque la portavoz parlamentaria del PSOE sí intentó aguijonear al ministro con los temas que han anegado la agenda política en los últimos días: la más que previsible subida del IVA, 'el medicamentazo' de Sanidad o los posibles nuevos recortes que impondrá Bruselas a cambio del rescate de la banca. 'Esto es un Estado, no estamos gestionando una entidad financiera, sino un Estado, y los españoles tienen el derecho a saber, nosotros el derecho a exigir y ustedes como Gobierno el derecho a informar y a decir la verdad', reprochó. 

De Guindos insiste en que no habrá ninguna condición macroeconómica

El ministro de Economía apuntaló el discurso oficial: 'Señoría, lo siento, pero no hay ningún tipo de condicionalidad macroeconómica. Solamente hay condiciones de dos tipos para los bancos: para los que reciban la ayuda y desde el punto de vista de la horizontalidad del sector. No hay la más mínima petición de condicionalidad macroeconómica que vaya más allá del procedimiento del déficit excesivo y del semestre europeo. Si la encuentran, estaré encantado de darle todas las explicaciones al respecto, aunque seguro que no va a encontrar ninguna'. 

Justo antes que Rodríguez intervino Josep Sánchez Llibre, portavoz adjunto de CiU. Como la portavoz del PSOE, reprochó al Gobierno la sensación de caos, que Rajoy no tenga una 'hoja de ruta concreta, solvente, que dé credibilidad a la economía española'. 'La hoja de ruta está clara', espetó De Guindos, y tiene una doble referencia: el anclaje europeo –ahí reiteró la retahíla de propuestas que lleva España en su cartera a la cumbre europea: avanzar en el 'entramado institucional del euro', poner las bases de una 'verdadera unión monetaria', una unión fiscal, y la recapitalización directa de la banca– y las reformas estructurales en casa, para 'corregir los desequilibrios acumulados'.