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La prueba clave que llevó a los islamistas

Los terroristas utilizaron trece mochillas. Diez estallaron. Dos más fueron explosionadas. La última permitió las detenciones.

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EL BULO: La cadena de custodia, puesta en duda

Las declaraciones de un policía despechado porque el Ministerio del Interior no le concedió una medalla por su labor aquel día permitieron a los agujerólogos poner en duda la pieza clave de la investigación. El inspector aseguró que la mochila que se desactivó en Vallecas no era la misma que él había visto entre los enseres que se recogieron en la estación de El Pozo.

A partir de ese momento, los partidarios de la conspiración afirmaron que la mochila bomba número 13 nunca había estado en los trenes y que fue colada por una oscura mano, en un claro error de la cadena de custodia, para guiar las investigaciones hacia la pista islamista. Llegaron a asegurar que su desactivación fue puro teatro y que el TEDAX que se jugó la vida sabía que no iba a estallar. 

LA VERDAD: La profesionalidad de los novatos

En la sesión del 20 de marzo desfilaron ante el Tribunal una decena de policías. Todos tenían en común una cosa: el 11 de marzo de 2004 se encargaron de transportar los objetos encontrados en la estación de El Pozo en una larga romería que les llevó primero a la comisaría de Vallecas Villa, luego a la de Puente de Vallecas, más tarde a la morgue improvisada en el Ifema y, finalmente, de vuelta a la de Puente de Vallecas.
Uno a uno, los agentes aseguraron con firmeza que la cadena de custodia no se rompió y que, por tanto, nadie puedo colar la mochila bomba que finalmente se desactivó. Un artefacto que finalmente descubrieron dos de ellos cuando hacían el inventario. El inspector que dio pie al agujero ni siquiera fue llamado a declarar.

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