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Rajoy hizo limpieza en Valencia... pero en la mili

La ‘Gürtel’ se cuela en los corrillos de la recepción oficial

JUANMA ROMERO

—Recluta Rajoy, ¿usted qué es?

—¿Yo? Registrador de la propiedad.

—Pues póngase a limpiar.

Y el joven Mariano Rajoy Brey obedeció, diligente. Se puso a limpiar. A limpiar “básicamente la misma escalera, una y otra vez”.

Este episodio no aparece en una biografía más o menos autorizada del presidente del PP. Más sencillo que todo eso. Lo contó él mismo ayer durante la recepción oficial que ofrecieron don Juan Carlos y doña Sofía en el Palacio Real. Que cuando le tocó hacer la mili no le quedó otra que convertirse en un digno chico de la limpieza. Pero la anécdota cuartelera no habría pasado de eso, de anécdota, si Rajoy no hubiese mentado la palabra maldita hoy en el PP: Valencia. Allí hizo la mili.

La prensa cazó la historia. Cómo no. “Tendría para escribir una novela de aquella etapa”, abundó el líder de los conservadores. Todo el mundo dibujó en su mente un hipervínculo lógico: caso Gürtel. Limpieza de cuarteles... ¿y limpieza acaso del PP valenciano?

Rajoy no aclaró la duda. Presumió de hermetismo. “No quisiera ser un zulú, pero no toca hablar de política”, se disculpaba. Tenía su razón de ser, porque a la Casa del Rey no le gusta nada que de los cócteles oficiales salgan titulares que eclipsen el acto militar. Así que Rajoy y Zapatero se llevaron ayer la lección aprendida. Trabaron charlas sobre temas frívolos, de esos que ni fu ni fa. El presidente, de hecho, se despidió antes de que concluyeran las dos horas de cóctel: le esperaba la maleta y el avión hacia EEUU, que para eso se verá hoy con Barack Obama en la Casa Blanca.

Boca cerrada, que no entran moscas... O entran las justas, porque Gürtel (y la crisis) emergía en uno y otro corrillo de periodistas y políticos.

Eso fue en el Palacio Real. Antes, el desfile. El “coñazo” de desfile, que dijo Rajoy el año pasado. Y es que el líder del PP parece un imán que atrae cada 12-O la polémica. En 2008 se le escrutó el gesto por lo del “coñazo”. Ayer, por la Gürtel. Ahí el Gobierno le hizo un pequeño favor, porque escoró la tribuna de prensa con respecto a la grada de autoridades. Resultado: visibilidad casi nula.

La vista de los periodistas daba para lo justo:

a) Ver a los 14 ministros presentes. Sólo faltaron Miguel Sebastián, Francisco Caamaño y José Blanco.

b) Compadecerse del solazo que sufrían las autoridades. Premio para las que se llevaron abanico (la reina, la princesa, algunas ministras).

c) Constatar lo anunciado: que por primera vez acudía un miembro del Gobierno vasco. Estuvo Rodolfo Ares, consejero de Interior, acompañado de Arantza Quiroga, presidenta del Parlamento de Vitoria.

d) Apreciar a los diez presidentes de comunidades y ciudades autónomas que se desplazaron a Madrid para asistir a la parada militar. Para los morbosos, decepción: Francisco Camps hizo pellas.

y e) Comprobar que Rajoy, el mozo de la limpieza, no sufre por Camps. “No echo en falta a nadie”, musitó. Por si acaso.

Fue uno de los pocos titulares confirmados que la prensa pudo llevarse ayer a la boca. Lo dio el propio rey: comunicó que se entrevistaría con Barack Obama en la Casa Blanca antes de fin de año. Será su primera reunión con el nuevo presidente de EEUU. Así el monarca cumplirá el guión, porque desde 1976 se ha visto con Gerald Ford, Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton y Bush hijo. El anuncio de la visita a Washington se produjo un día antes de que el presidente Zapatero se reúna con Obama.

El rey soltó la noticia en los corrillos con periodistas. Por separado también conversaron con la prensa el resto de miembros de la familia real, incluso los duques de Palma, que ahora viven en la capital federal de EEUU. Los ministros se repartieron por el salón del Palacio Real. Igual que los famosos (Concha Velasco, Antonio Gala, Ana Rosa Quintana...). O el presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, que esperó su turno para saludar (y charlar dos minutos) a Zapatero. 

 

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