Público
Público

Sesenta mil afectados siguen el juicio por el amianto

La demanda de un mecánico de Murcia marca el camino a miles de trabajadores

DANIEL AYLLÓN

La demanda presentada por un mecánico murciano, de 66 años y enfermo de cáncer de pleura, contra 22 fabricantes de amianto de EEUU, cuyo juicio empezó esta semana en Cartagena (Murcia), ha supuesto un estímulo para los más de 60.000 trabajadores en España (cerca de 500, con cáncer) afectados por este material y organizados en 15 asociaciones (agrupadas en la confederación Avida).

El autor de la demanda trabajó en el astillero de Cartagena entre 1970 y 1999. Su abogada, Andrea Peiró, del bufete Oria, Peña, Pajares y Asociados, espera que la indemnización pueda alcanzar el millón de dólares. Una de las empresas demandadas ya ha acordado pagarle una compensación de 35.000 dólares.

España comienza a reclamar en EEUU compensaciones millonarias

Como él, trabajadores de toda España, sobre todo en astilleros y en la construcción (13 de los colectivos demandantes se dirigen a la multinacional Uralita), convivieron a diario durante años con el amianto.

La Asociación Gallega de Víctimas del Amianto (Agavida) calcula que sólo en Ferrol hay unos 10.000 afectados el más joven, de 52 años;la mitad en Navantia (la antigua Bazán) y el resto en empresas subcontratadas. Cuatro de los afectados de Ferrol, enfermos de cáncer, presentaron el año pasado sus casos en EEUU, y para este año preparan su demanda diez más.

Galicia prepara este año diez demandas de enfermos o fallecidos

Las enfermedades han tardado en aflorar. Los cánceres y las infecciones (asbestosis, principalmente) se achacaban antes a otras causas. 'Hasta 1985, cuando las radiografías mostraban una mancha negra en los pulmones, nos decían que era por el tabaco', recuerda José Luis Castro, que entró de aprendiz con 14 años 'y pantalón corto' (ahora tiene 64) y trabajó de caldero y bombero en el astillero.

El polvo cancerígeno de amianto cubría los bocadillos que devoraban los trabajadores del astillero de Ferrol. Las partículas en suspensión del mineral que se utilizaba en láminas como aislante térmico flotaban por toda la nave. En ésta, 8.000 electricistas, soldadores, armadores o mecánicos se afanaban en adaptar los cinco buques destructores Fletcher que España había comprado a EEUU, tras su uso en la II Guerra Mundial. Sus calderas, paredes y tuberías estaban forradas de amianto. Tras ellos, llegaron portaviones y numerosas fragatas más.

Al salir de la nave, tras 12 horas de trabajo, el polvo tóxico cubría los trajes de todos los operarios. Era 1959 y el contacto de los trabajadores con el mineral se mantuvo durante décadas. Aunque EEUU reguló su uso años después, España no lo prohibió hasta 2002.

Los pulmones de Castro empezaron entonces a aspirar las fibras que han provocado más de 100 cánceres en el astillero, según Agavida. Castro no tiene tumores, pero su capacidad pulmonar es ahora del 62% y duerme conectado a una máquina de oxígeno.

'Hace diez años empezó a haber muchos problemas respiratorios y eso nos movilizó', recuerda Cristóbal Carneiro, el presidente de la organización, creada en 2004. Su padre, antiguo trabajador, murió a los 61 años por un cáncer de pulmón. 'Hemos ganado muchas sentencias ya, pero todas en España', apunta.

'A veces nos quedábamos hasta tarde para terminar trabajos. Las mantas de amianto eran suaves y calientes como la lana y nos cubríamos con ellas para protegernos del frío', apunta Ramón Tojeiro, ex tubero de 59 años, que entró en la compañía a los 18 y trabajó en ella hasta hace uno. 'Tengo placas pleurales, pero soy un afortunado porque aún estoy vivo', asegura.

La empresa Izar, que tomó el relevo de Bazán, presentó al servicio gallego de salud, Sergas, una lista de 6.007 personas que trabajaron expuestos al amianto. 'Conocían la prohibición que había en EEUU y no nos dijeron nada hasta que pasaron bastantes años. Entonces, nos dieron unas mascarillas de papel inútiles', critica Carneiro.

Cuando los afectados estadounidenses empezaron a llevar sus casos a los tribunales, varias empresas de EEUU se declararon en quiebra ante las altas compensaciones que debían abonar. Entonces, el Gobierno obligó a crear un fondo de compensación común.

El principal problema que encuentran los afectados es que las empresas de EEUU sólo aceptan la indemnización automática en los casos de cáncer de pleura. 'Es la única de las afecciones que sólo puede causar el amianto', explica Castro. Para los más de 100 enfermos de cáncer restantes y los miles con engrosamientos pleurales, los abogados de la defensa se aferran a culpar al tabaco de las dolencias.

Entre el diagnóstico del cáncer y el fallecimiento pasan meses o, en ocasiones, algunos años. 'Han muerto muchos compañeros hasta que se nos han reconocido nuestros derechos. Ahora, sólo queremos que se haga justicia', concluye Carneiro.

Más noticias