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El Supremo maneja los tiempos de Garzón

Tres causas. El alto tribunal se prepara para juzgar este año al magistrado por todos los procesos

ÁNGELES VÁZQUEZ

El "feliz año" que acompaña los saludos en esta época tiene esta vez un significado claro para el juez Baltasar Garzón: que el Tribunal Supremo le absuelva en las tres causas por las que será juzgado. Un vía crucis que se concentrará en 2011 y que se iniciará con el procedimiento abierto por haber osado abrir una causa penal para investigar los crímenes del franquismo. Se juega 20 años de inhabilitación. Es la pena que solicita para él el autodenominado sindicato de funcionarios Manos Limpias, que comparte acusación con la asociación, también de corte ultraderechista, Libertad e Identidad.

Fuentes jurídicas sitúan la fecha para celebrar el juicio en torno al 10 de febrero, aunque aún no se ha fijado oficialmente, lo que significa que aún no es definitiva. Y, paradójicamente, podría retrasarla el propio Garzón con la recusación que presentó el pasado 16 de diciembre contra cinco de los siete magistrados que le juzgarán.

El de los crímenes del franquismo será el primer juicio al que se enfrente el juez

Pero el retraso que podría significar la recusación, en el poco improbable caso de que la Sala del 61 del Supremo decida tramitarla, no supondrá que pueda adelantar a esta causa otra de las abiertas, en concreto, las de las escuchas de la Gürtel, cuya instrucción también ya ha concluido el instructor, Alberto Jorge Barreiro.

"Un escándalo". "Algo imposible de justificar". Es la opinión, en el mismo Tribunal Supremo, de algunos a los que se ha preguntado sobre si es posible que los crímenes del franquismo se conviertan en el primer juicio al que se enfrentará Garzón. La causa está pendiente únicamente de señalar el día concreto en el que comenzará la vista oral. El pasado 13 de diciembre, el Tribunal Supremo dictó el auto que fija las pruebas que se celebrarán en el juicio, y establece la composición del tribunal. También la prueba documental que admite, por lo que el Supremo ya ha debido librar los oficios para solicitarla.

El ponente del fallo será Prego, que culpa a la izquierda de la guerra

Las dudas sobre si el tribunal pretendía que no fuera la causa de los crímenes franquistas la primera en ser juzgada surgió en gran medida del ritmo que el propio Supremo ha dado a la instrucción del procedimiento, trepidante entre febrero y julio, pero sobre todo durante abril y mayo, y sin diligencias desde verano a diciembre.

Los motivos de esa actividad y ese parón son varios y no inusuales en la instrucción de causas, porque cualquier otro procedimiento puede requerir en determinado momento especial atención, al afectar a presos, por ejemplo. Además, en la causa del franquismo, también ha contribuido una delicada operación de espalda del ponente, Adolfo Prego.

No obstante, en este caso, el que el instructor de los crímenes del franquismo, Luciano Varela, corriera tanto entre abril y mayo, podría deberse a un objetivo claro: lograr cuanto antes la suspensión de Garzón. El auto de apertura de juicio oral se notificó después de que el magistrado de la Audiencia Nacional anunciara su intención de trasladarse a la Corte Penal Internacional.

El tribunal considera la fecha del 10 de febrero para celebrar la vista oral

Es curioso comprobar cómo la instrucción de las otras causas contra Garzón ha llenado después del verano la ausencia de actividad en la de la Memoria Histórica.

El hecho fácil de constatar de que el del franquismo es el procedimiento más difícil de explicar para el público en general, tanto fuera como dentro de España, también fomentó la idea de que no sería el primero en ser juzgado.

Es en el que Garzón cuenta con más apoyos, porque es muy sencillo extraer la conclusión de que el juez se ha convertido en la última víctima del franquismo, al ser el único que será juzgado por querer investigar los crímenes de la dictadura. Así lo entendieron las asociaciones de víctimas del franquismo que habían acudido a la Audiencia Nacional en busca de esa justicia que se les había negado hasta el intento de Garzón, aunque fuera vano. De hecho, intentaron autoinculparse en el propio Supremo, organizaron manifestaciones en las principales ciudades y asistieron a los actos de apoyo.

Algunos de ellos han terminado en otros procedimientos, como el que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid, por el que el ex fiscal jefe Anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo está imputado.

Otra muestra de apoyo que ha terminado en la fiscalía es la moción aprobada por el Ayuntamiento de Ferrol que, gracias al empeño de Varela al que por error se envió el acuerdo, ha acarreado la imputación del alcalde, el socialista Vicente Irisarri.

Pero por mucho que el Supremo maneje los tiempos de Garzón, el juez se resiste. Ha dicho que su opción de futuro profesional está tomada, con independencia de lo que diga el Supremo, lo que apunta a que no tiene previsto volver a la Audiencia, porque le estaría vetada en caso de condena.

Mientras tanto, si la recusación que ha presentado retrasa el juicio por los crímenes del franquismo, ninguna otra causa podrá coger la delantera, porque también en ellas habrá recusaciones, si el Supremo sigue el criterio que él mismo estableció y que se publicó en el BOE hace justo un año.

El acuerdo de la Sala de Gobierno del Supremo de 3 de noviembre de 2008 establece que la Sala de Admisión formará parte de la Sala juzgadora y, con ese mismo criterio, el magistrado al que se designó ponente de la causa será también el de la sentencia que se dicte al finalizar al proceso, según fuentes jurídicas.

En el caso de los crímenes del franquismo el ponente es Adolfo Prego, un magistrado que no ha tenido reparo en mostrar públicamente su oposición a la Ley de Memoria Histórica al firmar un manifiesto que responsabiliza de la guerra civil a los partidos de izquierda.

Patrono de la fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes), hasta ha publicado artículos en la revista Hermandad del Valle de los Caídos. En sus autos, los generales franquistas a los que imputó Garzón son apenas "personajes históricos" y un ensayo sobre el robo de niños que se vivió durante la dictadura y continuó en la Transición no pasa de ser "una obra literaria sobre un suceso histórico concreto".

Pese a que la ideología del juez debe quedar fuera de la sala de vistas, que el ponente sea Prego hace que el panorama que se abre ante Garzón no sea halagüeño, como permitía ya augurar la insistencia con la que el Supremo le ha denegado las principales pruebas que proponía para su defensa en cada una de las causas.

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