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Uno de cada tres alumnos es homófobo

El colectivo gay denuncia que miles de estudiantes sufren acoso 'ante la pasividad del sistema'

MIGUEL Á. MARFULL

El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud suprimió la homosexualidad de una oxidada lista de enfermedades. Esta fecha se ha convertido en una conmemoración internacional que, en España, pone hoy especial hincapié en la lucha contra la discriminación motivada por la orientación sexual en los centros de enseñanza.

Los institutos son lugares “especialmente homófobos”, denuncia el informe Actitudes ante la diversidad sexual de la población adolescente, de 2007. Es la referencia que emplea la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) para encabezar el principal argumento del comunicado que hará público hoy para celebrar esta jornada contra la homofobia. “Las aulas, hoy día, son un lugar claramente hostil” para el colectivo homosexual, señala el texto.

El informe, realizado sobre 4.500 entrevistas, refleja que uno de cada tres estudiantes es abiertamente homófobo. Los datos resuenan con claridad: más del 80% de los estudiantes ha escuchado insultos contra homosexuales en clase, un tercio ha agredido de esta manera a sus compañeros y uno de cada diez padece a diario este acoso, muchas veces sin estridencias, de una manera casi tan invisible como tratan de vivir su opción sexual.

No existen estadísticas oficiales. Muchas denuncias se enmascaran para evitar el estigma que, aún hoy, supone para muchos su condición homosexual. Otras veces, ni siquiera se denuncian las agresiones. En la mayoría de ocasiones, las ofensas son más sutiles. “La injuria constituye el arma principal de la homofobia y es el elemento que cualquier gay o lesbiana ha sufrido a lo largo de su vida”, señala el estudio. El insulto, el adjetivo maricón, persigue aún al 10% de  los jóvenes en los pasillos de sus centros de enseñanza.

La FELGTB denuncia que miles de adolescentes homosexuales “viven, ante la pasividad del sistema educativo, en permanente riesgo de exclusión, cuando no directamente en situación de acoso”. Superar la presunción de heterosexualidad en el aula es el objetivo que podría atajar esta situación ¿Cómo se puede conseguir?

Joaquín Álvarez dirige, desde hace cinco años, una experiencia pionera en un instituto del municipio madrileño de Rivas-Vaciamadrid. Desde su tutoría, planta cara al desconocimiento que subyace en el problema con referentes positivos. El último ha sido un magistrado de la Audiencia Nacional, el juez Grande-Marlaska, que acudió al instituto para ofrecer una lección de normalidad a los alumnos del centro.

Álvarez, que trabaja con chavales de 14 a 18 años, asegura que la homofobia es “sólo una cara del machismo más recalcitrante”. El Ayuntamiento de IU que gobierna Rivas colabora cada año en este proyecto, que trata de suplir una carencia de la enseñanza formal. “No se puede vivir la contradicción de que tengamos las leyes más progresistas del mundo y el sistema educativo no haya hecho nada para adaptarse a la diversidad afectivo sexual”, subraya.

Él trabaja con alumnos mayores, y cree que la educación para la igualdad “llega tarde, cuando han sido educados en modelos heterosexistas”. Al menos uno de cada tres será un adulto homófobo.

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