Hollywood se arrodilla ante Trump
Guarda silencio ante los desmanes del mandatario mientras este prepara el terreno para conquistar la meca del cine. A pesar de ello, siguen escuchándose unas cuantas voces, pocas pero influyentes, en contra del Gobierno y de sus acciones.
Por Begoña Piña
Redactora-crítica de cine.
Hollywood guarda silencio ante los desmanes de Trump y los deseos del poderoso lobby judío pro Netanyahu. Denunciar el genocidio de Israel contra Palestina o Líbano, los crímenes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), la guerra contra Irán, las deportaciones o cualquiera de los excesos del presidente está prohibido en la meca del cine. En la última gala de los Oscar, escaparate privilegiadísimo, nadie se atrevió a mencionar el nombre del presidente. Y el mundo se pregunta: ¿cómo es posible que estén mudos ante la barbarie? Es un silencio que tiene unas cuantas razones, ninguna de ellas honorable cuando lo que hay en juego son decenas de miles de muertes.
Por un lado, Hollywood es conservador, aunque ello no justificaría realmente el mutismo ni la falta de humanidad que está exhibiendo. Por otro, está en manos de potentados amigos de Trump, dispuestos a secundar sus caprichos y, de paso, enriquecerse a costa de los mismos. Larry Ellison, uno de los hombres más ricos del mundo, que hoy controla Paramount, está a la cabeza de esta nómina. Además, la meca del cine se ha rendido; ante la apatía con que se recibieron en el país las críticas que los profesionales del cine hicieron al presidente en su primer mandato, estos han tirado la toalla. Por último, Hollywood tiene miedo. Está aterrorizado. Nadie se olvida de las represalias que ya han sufrido algunos y, probablemente, todos sean conscientes de que tendrán muchas menos oportunidades de trabajo, o ninguna, si alzan la voz contra lo que está ocurriendo.
Nadie olvida las represalias que ya han sufrido algunos y, probablemente, todos sean conscientes de que tendrán menos oportunidades de trabajo si alzan la voz
Pero el miedo, como escribió Aldous Huxley, “al final llega a expulsar del hombre la humanidad misma”. Y, justamente, poca humanidad y cero empatía están demostrando las grandes estrellas del cine, que se agarran a su privilegio de popularidad y éxito ante la masacre y el genocidio que vemos cada día en directo.
También hay, no obstante, personas valientes. Susan Sarandon denunció en España que su agencia de EEUU la había echado tras manifestarse en contra del genocidio en Palestina. Durante su visita con motivo de la gala de los Goya, Sarandon aprovechó para afear a Hollywood su “pasividad”. Otros intérpretes menos conocidos, sobre todo mujeres, han sufrido la ira de Netanyahu y Trump. La actriz mexicana Melissa Barrera fue despedida de la nueva entrega de la saga de terror Scream por hablar en redes sociales de “genocidio y limpieza étnica” en Palestina, y su compañera de reparto Jenna Ortega salió también del proyecto, con excusas muy poco claras por parte de la productora, tras apoyar a Barrera. La agente Maha Dakhil, representante de Tom Cruise, entre otras estrellas de Hollywood, se vio obligada a dimitir de la junta directiva de la agencia por el mismo motivo. Y, a pesar de ello, todavía unos pocos, muy pocos, siguen plantando cara al poder tiránico y violento.
‘The apprentice. La historia de Trump’
Cinco meses antes de que el magnate fuera elegido para un segundo mandato en la Casa Blanca, el cineasta iraní nacionalizado danés estrenó en EEUU The Apprentice. La historia de Trump, una película que revelaba los inicios de Trump y cómo Roy Cohn, el que fuera mano derecha del perverso Joseph McCarthy, lo moldeó a su medida. Sebastian Stan y Jeremy Strong —Trump y Cohn en la ficción— mostraron poco después su asombro ante la falta de apoyo que habían tenido de sus compañeros del cine. “La gente ha tenido miedo de respaldar públicamente esta película y, por supuesto, de mostrarla en una plataforma de streaming”, dijo en declaraciones a The Hollywood Reporter Jeremy Strong.
Los distribuidores no quisieron saber nada de la película a pesar de haber sido estrenada en Cannes y recibida allí con buenas críticas y tras conseguir buenas reacciones del público en proyecciones de prueba. Entonces, los intérpretes cerraron la boca ante los ataques que recibió el filme. “Un trabajo barato, difamatorio y políticamente repugnante estrenado justo antes de las elecciones presidenciales de 2024 para intentar perjudicar al mayor movimiento político de la historia de nuestro país”, escribió Trump en su red social.
Respuesta de Europa y de Estados Unidos
La película de Abbasi fue un fracaso en EEUU, pero tuvo una suerte muy diferente en el resto del mundo, especialmente en Europa, donde los cineastas están contestando a los conflictos desatados por Trump y Netanyahu de forma mucho más directa y reivindicativa, aunque ha habido algunos momentos lamentables de sometimiento al poder de ambos tiranos.
Uno de ellos fue el del jurado del Festival de Venecia, presidido por el norteamericano Alexander Payne, que consiguió que se concediera el León de Oro a la película de Jim Jarmusch, Father Mother Sister Brother, para que no se lo llevara La voz de Hind, la película de Kaouther Ben Hania que mostraba al mundo entero la barbarie israelí en Gaza. Otro de estos vergonzosos episodios lo protagonizó el cineasta alemán Wim Wenders, presidente del jurado de la 76ª edición de la Berlinale, cuando sentenció que “el cine debía mantenerse al margen de la política”, al ser preguntado por la razón por la cual la directiva del festival había mostrado su apoyo a la población de Irán y de Ucrania, pero no a la de Palestina.
En EEUU varias producciones han trabajado en películas que, directa o indirectamente, denuncian los movimientos de Trump y Netanyahu. La película que triunfó en los Oscar, Una batalla tras otra, retrata un aparato represor contra los migrantes. Sin embargo, su creador, el cineasta de inmenso talento Paul Thomas Anderson, no fue capaz de mencionar a Trump al recoger ninguno de los premios. De hecho, en la gala nadie nombró al presidente. Los pecadores, la película de Ryan Coogler que se llevó cuatro Oscar, era un canto a la resistencia y una denuncia contra la explotación y el racismo.
Warner Bros. respaldó la producción de ambas películas, pero la cuestión es si, a partir de ahora, los grandes estudios seguirán apostando por contenidos progresistas y de denuncia. De hecho, el estudio anual Diversidad en Hollywood de UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) advierte de que ya en 2025 la inclusión y la diversidad perdieron terreno, con menos mujeres protagonistas y menos intérpretes afroamericanos. Habrá que ver si las futuras superproducciones incluyen personajes LGTBIQ+, racializados y más o menos mujeres, y, por supuesto, cuál será su tratamiento. Ya en 2025 hubo algunas polémicas, como la denuncia que hizo una de las actrices de Jurassic World: El renacer cuando aseguró que se había eliminado la escena en la que se identificaba como lesbiana; o el escándalo que rodeó a la película de animación Elio, de Pixar/Disney, cuyo protagonista en origen era queer y terminó con la salida del primer director y la introducción de un personaje muy masculino.
La diversidad, la inclusión y la equidad fueron las protagonistas de las películas favoritas de los Oscar de 2025: Anora, protagonizada por una prostituta; Aún estoy aquí, sobre la dictadura en Brasil; El Brutalista, crítica al espejismo del sueño americano; Cónclave, con un papa intersexual; Emilia Pérez, con la primera mujer trans nominada, o La sustancia, una denuncia sobre el control de los cuerpos femeninos. Ninguna tenía a un gran estudio detrás y el contenido progresista que mostraban ya se ha diluido visiblemente.
Concentración de poder
En Hollywood hoy reina el silencio mientras se hacen negocios a un alto nivel para condensar el poder en manos de Trump y sus adeptos. El mencionado Larry Ellison es uno de los protagonistas de esta estrategia. Es el hombre que ha conseguido que Paramount desbanque a Netflix en la compra de Warner Discovery, todavía pendiente de la revisión por monopolio. Cuando el trato se cierre, el amigo del presidente controlará dos estudios históricos de Hollywood, además de añadir a la cadena CBS y la MTV —que ya controla—otro gran activo: la cadena de noticias CNN. Quedarán en su poder también HBO Max, DC Comics, Warner TV, TCM y Discovery Channel. Nacerá así un mega gigante de streaming al gusto de Trump.
Mientras tanto, el habitante de la Casa Blanca va preparando el terreno, e intenta animar a los estudios de Hollywood para que produzcan filmes de su agrado. Ya ha conseguido que su mujer tenga su propia película, Melania, producida por Bezos, aliado del mandatario, con Amazon. Sin embargo, el intento de ensalzarla ha resultado en casi una parodia aunque haya tenido que contratar a Brett Ratner, un director denunciado por abusos sexuales, para que la firme. Ahora, después de años alejado de las grandes producciones por las acusaciones contra él, ha vuelto al ruedo y prepara ya la cuarta entrega de Hora Punta, producida, ¡qué casualidad!, por Paramount. ◼
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