Este artículo se publicó hace 7 años.
Tablas y velas que rompen prejuicios

Por El Quinze
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Un sol veraniego se refleja en la fachada acristalada del Hotel W y, a sus pies, afortunados y afortunadas bañistas aprovechan la mañana para tumbarse tranquilamente en la arena o darse un chapuzón en un mar en calma. Solo la actividad de algunos grupos de niños y niñas remueve las aguas del canal de embarcaciones de la Escola de Vela del Club Natació Barcelona, una intensa actividad que parece no cesar entre pequeñas barcas y tablas de paddle surf.
A las instalaciones de la escuela náutica, a pie de playa, empieza a llegar el siguiente grupo que disfrutará de lo lindo chapoteando: son los niños y niñas de la Fundació Estimia, una organización de Barcelona que trabaja con pequeños y jóvenes con alguna diversidad funcional y que vivirán su bautismo en deportes de mar. Tienen entre ocho y nueve años y están acostumbrados a la actividad física y a nadar en la piscina, pero esto es el mar, es otra cosa. "Se familiarizan con el agua, la playa, las barquitas, las tablas... que aportan un aliciente que lo hace más motivador", explica Quim Sàrries, coordinador de fisioterapia de Estimia-El Niu. Un nuevo contexto en el que en este curso han podido empezar a trabajar gracias a la labor de Surfinclusion, entidad sin ánimo de lucro impulsora de un proyecto de deporte y educación que fomenta las actividades marítimas entre colectivos en riesgo de exclusión social o con otras dificultades.
Es el segundo año que Surfinclusion se celebra en Barcelona. "Al principio íbamos con pies de plomo, porque no sabíamos qué íbamos a encontrarnos, pero la respuesta fue mayor de lo que esperábamos. Contactamos con alguna fundación, para hacer algunas sesiones inaugurales, pero a partir de ahí estas fueron viniendo sin hacer más promoción. Y tampoco quisimos hacer mucho ruido, por si luego no llegábamos a cubrir", explica Joan Maylín, presidente de Surfinclusion y alma mater del proyecto, un enamorado del mar y educador social de vocación. En 2018, sin hacer demasiada difusión, ya superaron el centenar de usuarios. Y en lo que va de 2019, desde el mes de abril, sus actividades ya han acogido a unos 300 niños y niñas. La Fundació Estimia, cuentan sus responsables, conoció la iniciativa de Surfinclusion a través de unos padres de la entidad, que habían participado por su cuenta en las sesiones del verano pasado y que quedaron encantados.
"No era consciente del nivel de asistencia, pero contando... estamos por encima de la media del año pasado", bromea Maylín, repasando la afluencia que han tenido estas últimas semanas. En junio ha habido un pico de trabajo y están ofreciendo tres o cuatro sesiones cada semana, y porque han establecido un máximo. "Hay una lista de espera de 150 personas. No hemos dado más fechas hasta julio, porque preferimos espaciar las actividades y que estén mejor organizadas, sin ahogar a los voluntarios y voluntarias", argumenta el presidente. En julio y agosto, la demanda desciende, así que la idea es impulsar solo dos o tres talleres por semana. En cualquier caso, habrán pulverizado las cifras que movieron en su estreno, gracias a la difusión por redes sociales y el boca a boca.
"Yo me puse en contacto con ellos porque los vi por Instagram. Había trabajado con chicos en exclusión social y me encanta el paddle surf. ¡Así que es lo mío!", cuenta Fede, uno de los voluntarios que asiste al grupo de la Fundació Estimia. Surfinclusion no podría funcionar sin el altruismo de quienes cada mañana acompañan a los jóvenes al agua. La mayoría son personas que han practicado algún deporte de mar y que sienten pasión por la educación social o especial o, sencillamente, por jugar con los más pequeños. Muchos se estrenan este curso y han sabido de la iniciativa por amigos y conocidos o por las redes sociales.
"El contacto con los niños, su satisfacción, ver cómo se lo toman, cómo lo disfrutan, es lo mejor. Al principio llegas con un poco de miedo, porque no sabes si va a ser muy complicado, y te vas con una sensación superpositiva", cuentan Carla y Estefani, dos de las chicas voluntarias, que coinciden con Elvira, madre de un niño con diversidad funcional y quien también es colaboradora de la iniciativa. En la actualidad, el proyecto cuenta con unos 40 voluntarios y voluntarias. "Estamos teniendo una muy buena respuesta, cada día nos preguntan cosas por las redes sociales. Y eso que en el mes de junio mucha gente todavía trabaja entre semana. Aún así, estamos teniendo seis o siete voluntarios los días laborables, y hasta 10 o 15 los fines de semana. Y en julio y agosto probablemente tengamos más ayuda todavía", celebra Joan Maylín.
"¿Me prometes que te vas a portar bien? Seguro, ¿eh?", bromea una de las voluntarias de Surfinclusion con una de las niñas que llega, antes de lanzarse a la arena. Seis voluntarios y voluntarias reciben a los chicos de la Fundació Estimia, haciéndoles sentir cómodos, abrazándoles, como si se conocieran de toda la vida. La toma de contacto empieza antes de que la sesión comience, que todos se presenten –para familiarizarse– y que se lancen al agua. Una vez allí, las tablas y los remos de paddle surf, algunas pequeñas embarcaciones y los kayaks serán el objetivo de las miradas de los niños y las niñas. "Todos los grupos que han venido podían tener dificultades para realizar según qué actividades, pero lo cierto es que aquí han disfrutado mucho y se les ha visto muy motivados e implicados. Desde el punto de vista fisioterapéutico y educador, además, es muy positivo", apunta uno de los responsables de la fundación.
Todo empezó en Valencia
Surfinclusion no nació en Barcelona: la iniciativa nació en Valencia y viajó a Catalunya en la cabeza –y en las manos– de Joan May-lín. En la capital del Túria, en distintas playas y centros náuticos, funciona continuamente desde hace cuatro veranos. Maylín llegó hace un par de años a Badalona por trabajo y aquí conoció a Yago Prat, un apasionado de la vela y los deportes de mar que forma parte de la plantilla del Club Natació Barcelona. Hicieron buenas migas, hablaron del proyecto y llamaron a la puerta de la entidad, situada en la playa barcelonesa de Sant Sebastià. "En el club nos recibieron con los brazos abiertos; sí a todo", apunta Prat.
"El club lleva años apostando por la inclusión y el deporte adaptado, y cuando vinieron ellos no tuvimos ninguna duda", recuerda Sandra Azón, directora de la Sección Nàutica del club. Exdeportista olímpica de vela, es la responsable de la coordinación entre la entidad deportiva y Surfinclusion, para que estos siempre dispongan de material, espacio y horas. Aunque lo que a ella le gusta es "la guerra en el agua". "Trabajar con estos niños y niñas te llena el corazón; es muy fácil hacerles felices, son superagradecidos", destaca la deportista, que considera que iniciativas como ésta también ayudan a dar un impulso a los deportes de mar y a romper prejuicios sociales que, cree, recaen sobre la vela o la navegación.
La ayuda del Club Natació Barcelona, en lo que a espacio y materiales se refiere, permitió a Surfinclusion empezar su actividad el año pasado y registrar unos números muy positivos. Una de las mejoras de esta temporada es que el proyecto ha podido adquirir material propio –parte de él, adaptado–, para no depender tanto del club. Un material que, además, ceden al Club Natació Barcelona como contraprestación y en agradecimiento por su apoyo, para que, por ejemplo, dispongan de más tablas de paddle surf. La adquisición ha sido posible gracias a algunas subvenciones, como la de la Federació Catalana de Vela, y aportaciones económicas privadas, que son la base de la financiación de Surfinclusion.
Maylín explica que el crecimiento de la iniciativa es uno de los retos de futuro: aunque esta temporada se centran en consolidarse y reforzar su estructura en Barcelona, ya están analizando la posibilidad de llevar el proyecto a otros puntos de la costa catalana e incluso balear, aunque aún son ideas embrionarias.