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El proceso de rehabilitación del paciente de ictus mejora con el oxígeno hiperbárico

El aumento del oxígeno disponible en el plasma sanguíneo permite vascularizar el área afectada, ayudando a recuperar las funciones perdidas tras el ictus. Investigadores españoles confirman mejorías neurológicas significativas, incluso meses después de la lesión

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La inmediatez en el tratamiento del ictus resulta crucial para reducir las secuelas

Los ictus son ya la primera causa de discapacidad en el mundo. Se calcula que de las 15 millones de personas que han sufrido uno, 5 millones han quedado con secuelas permanentes, como trastornos motores, sensitivos, incontinencia urinaria, alteración del habla y la comprensión. En España, son más de 330.000 las personas con alguna discapacidad provocada por esta patología.

“Cuando se produce un ictus, el tiempo en aplicar un tratamiento para devolver la vascularización y la llegada de sangre al cerebro o detener una hemorragia es precioso. De hecho, en cada minuto que el cerebro está sin riego sanguíneo, se mueren casi dos millones de neuronas y 14.000 millones de sinapsis”, asegura Elías López, responsable de BioBarica en Madrid. Cuanto antes se aplique un tratamiento y se recuperen las funciones afectadas del cerebro, menores serán las secuelas que cada paciente tendrá después de la recuperación, explica el experto.

“Los pacientes afectados por un ictus isquémico que son tratados con oxígeno hiperbárico obtienen mejoría, reduciendo así el tiempo de recuperación en un gran porcentaje de los casos. Además, cuanto antes se empiece con este tratamiento como coadyuvante, mejores resultados se obtienen”, apunta. El motivo de este acortamiento en el tiempo de rehabilitación se debe a la activación que el oxígeno hiperbárico tiene sobre el sistema nervioso central. Promueve la regeneración axonal, tanto central como periférica, disminuyendo el edema cerebral.

Efecto antiinflamatorio

Los especialistas señalan que el efecto antiinflamatorio de este tratamiento disminuye la gravedad del infarto cerebral, evitando la propagación de la isquemia y limitando el área de lesión. Además, el aumento del oxígeno disponible en el plasma sanguíneo logra vascularizar el área afectada, de modo que las zonas anejas pueden recuperar las funciones perdidas tras un ictus con cierta rapidez.

“Es difícil aplicar el tratamiento con oxígeno hiperbárico en una hemorragia cerebral, sin embargo, este tipo de ictus también implica un componente hipóxico en el tejido que rodea a la lesión hemorrágica con células que 'luchan' por el oxígeno", señala Javier Chirivella, presidente de la Fundación FIVAN. Como respuesta a la oxigenación hiperbárica, los vasos se contraen y esto puede atenuar el sangrado y también puede provocar una disminución del edema, disminuyendo la presión intracraneal y, por tanto, puede mejorar la circulación, asegura el especialista.

“Hemos observado que la medicina hiperbárica puede ayudar a los pacientes que han sufrido un ictus. Es una terapia coadyuvante idónea aplicada junto al resto de tratamientos, ya sean farmacológicos o de minimización de los factores de riesgo asociados a esta patología”, asegura Carmen Aleix, presidenta de la Federación Española de Ictus.