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Acuerdo Israel y EAU La 'paz a cambio de paz' de Netanyahu abre puertas a nuevos conflictos

Los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en el tercer país árabe que firma la paz con Israel. Este paso tendrá graves consecuencias para la región, en primer lugar para los palestinos pero también para otros países con guerras calientes. A corto plazo, pierden los islamistas moderados pero en el horizonte se vislumbran oscuros nubarrones beligerantes.

Un grupo de palestinos sostiene un cartel que dice "No a la traición de Palestina" durante una protesta contra el acercamiento entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos./Mohammed Talatene/Europa Press
Un grupo de palestinos sostienen un cartel que dice "No a la traición de Palestina" durante una protesta contra el acercamiento entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos. /Mohammed Talatene / Europa Press

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

La excelente acogida internacional al acuerdo de paz del jueves entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos muestra la miopía con que viven los países occidentales que dicen que buscan la paz pero no hacen nada para conseguirla. Al contrario, esos países colaboran con la ocupación de los territorios palestinos y contribuyen a una permanente inestabilidad que periódicamente tiene consecuencias trágicas para Occidente.

La conflictiva personalidad de los firmantes, el príncipe emiratí Mohammed bin Zayed (MBZ), el primer ministro Benjamín Netanyahu y el presidente Donald Trump, ya es un buen indicio de la naturaleza del acuerdo, dada la aportación de estos tres mandatarios a las crisis de los últimos años, quienes han sentado unas sólidas bases para la inestabilidad futura.

Es difícil decir si el príncipe MBZ se cree lo que ha firmado. Los Emiratos Árabes Unidos aseguran por activa y por pasiva que Israel ha cancelado la prevista anexión del 30 por ciento de la Cisjordania ocupada, y presentan esto como un gran logro. Mirando el documento, nos enteramos de que de que Israel "ha suspendido" la anexión, que no es lo mismo que cancelarla.

De hecho, el primer ministro Netanyahu ha confirmado en dos ocasiones desde el jueves que la anexión procederá en su momento tal como está previsto, puesto que solo depende de la coordinación con Estados Unidos. Es cierto que el presidente Trump ha dicho que la anexión "no está sobre la mesa", pero su embajador en Israel, David Friedman, le ha corregido inmediatamente y ha precisado que la anexión sigue estando "en la agenda".

La ingenuidad de MBZ ha sido una moneda corriente de la que se han servido los dirigentes israelíes desde la más remota antigüedad de la existencia del estado judío. Por poner un ejemplo cercano, a mediados de los años ochenta, el gran Shimon Peres le vendió a Felipe González la moto de que normalizando las relaciones con Israel, España podría jugar un papel importante en la paz.

Con la misma ingenuidad de MBZ, Felipe González se lo creyó y lo proclamó a los cuatro vientos, pero España no pudo concretar ningún progreso de aquella promesa vacía, fuera de hospedar la Conferencia de Madrid de 1991 que solo sirvió para que Israel ganara tiempo y siguiera construyendo a destajo en las colonias judías de los territorios palestinos.

La interpretación que MBZ ha hecho del acuerdo es muy personal. Es dudoso que el príncipe, que con tanta determinación se ha metido en todos los conflictos regionales que ya existían y ha creado unos cuantos más, sea en realidad un ingenuo de tal calibre. Lo más probable es que, como tenía que justificar de alguna manera el paso que da, ha dicho que Israel ha puesto fin a sus planes de anexionarse Cisjordania.

Otros países como Arabia Saudí, Bahrein y Omán, imitarán pronto a los EAU y firmarán acuerdos de paz con Israel, pero se tratará de acuerdos tan gratuitos como el del jueves, puesto que nadie en su sano juicio puede pensar que Israel vaya a "renunciar" a Cisjordania, con sus cientos de miles de colonos judíos, un número que se incrementa a diario.

Los palestinos, lógicamente, han protestado y han condenado el anuncio, pero su gran tragedia es que las autoridades de Ramala son las que más contribuyen a la ocupación. Esta misma semana los medios hebreos han señalado que las fuerzas de seguridad palestinas han reanudado la "coordinación de seguridad" con el ejército israelí y los servicios secretos del Shin Bet para perseguir cualquier disidencia, una coordinación que se interrumpió hace solo unas semanas.

La práctica de "paz a cambio de paz" que Netanyahu proclama, es decir la firma de acuerdos de paz gratuitos y por el mero hecho de lograr la paz, sin ninguna contrapartida, es un mal camino para el conjunto de todo Oriente Próximo. En primer lugar para los palestinos, ya que significa que solo conseguirán un incremento de la represión y el aplastamiento de sus derechos.

Si el príncipe MBZ hubiera querido hacer algo por los palestinos, habría exigido por ejemplo que Netanyahu pusiera fin al apartheid que sufren en sus ciudades y pueblos. Hubiera sido un buen inicio. Pero el mismo jueves que se anunció el acuerdo, los colonos atacaron dos pueblos de Cisjordania rompiendo y quemando bienes palestinos y realizando pintadas racistas. La policía dijo cínicamente que "ha abierto una investigación", un procedimiento que todo el mundo sabe que termina en nada. Los EAU no dijeron ni pío.

La desfachatez del eslogan de "paz a cambio de paz" significa llevar la inestabilidad a toda la región más allá de los palestinos. En los últimos años MBZ se ha convertido en el brazo ejecutor de las políticas israelíes en la zona, algo que le viene como anillo al dedo a Netanyahu, desde Libia a Irán, pasando por Yemen, Turquía Líbano o el bloqueo de Qatar. Y lo más grave es que esas políticas desestabilizadoras, con guerras incluidas, conducirán pronto a una mayor inestabilidad.

La "paz a cambio de la paz" es una frase muy bonita que oculta un horizonte negro, con la que se pretende esconder los problemas reales y borrar del mapa cualquier aspiración islamista por moderada que sea, como si la imposición del secularismo por la fuerza fuera a acabar para siempre con los conflictos de Oriente Próximo, una idea que parecen compartir algunos líderes occidentales, con Emmanuel Macron a la cabeza.

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