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Alemania Los neonazis buscan protagonismo en el auge de la ultraderecha alemana

Alrededor de 700 seguidores de la ideología de Adolf Hitler marchan por las calles de Berlín para homenajear al jerarca nazi Rudolf Hess. Más de 1000 contramanifestantes protestan contra esta apología del nacionalsocialismo.

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Manifestación en Berlín de neonazis. EFE/EPA/FELIPE TRUEBA

“Tengo hijos y nietos y me siento obligada a estar aquí para defender nuestra sociedad. No quiero que cuando crezcan me pregunten por qué no hice nada”. Leni, junto a otras ‘abuelas contra la derecha’ (Omas gegen Recht), era una de las cerca de 1.500 personas que han respondido a la llamada para protestar contra la marcha convocada por los neonazis.

“Nuestros vecinos, algunos de ellos extranjeros o de origen inmigrante, están inquietos, preocupados —añadía la señora Graf, también de Omas gegen Recht—. Solo eso ya nos tiene que hacer salir a la calle a protestar”.

Y pocos días hay mejor para hacerlo que la jornada grande de los neonazis alemanes. Cada año, los nostálgicos del genocida Adolf Hitler homenajean a Rudolf Hess, uno de los líderes más destacados del partido nazi, quien se suicidó el 17 de agosto del año 1987 en la cárcel del barrio berlinés de Spandau. Los neonazis consideran que Hess, ya un anciano por entonces y único preso del centro penitenciario, fue en realidad asesinado. La figura del hombre que aterrizó en Escocia en 1941 se ha convertido en un símbolo para los alemanes de extrema derecha y el lugar donde estuvo la cárcel en la que estuvo preso hasta su muerte —hoy en vez de prisión hay un supermercado—, en un lugar de peregrinación anual.

Aunque en Alemania es un crimen hacer apología del nazismo, las autoridades sostienen que no pueden prohibir la marcha si no se utilizan símbolos ni cánticos referentes al Tercer Reich y al partido de Hitler. La libertad de manifestación también se aplica a “los imbéciles”, aseguró el año pasado el socialdemócrata Andreas Geisel, responsable de Interior en la ciudad-Estado de Berlín.

Solo quedaba, por tanto, la llamada a la contramanifestación de diversas organizaciones civiles para poder parar evitar marcha nazi por las calles del Berlín del 2018. El año pasado consiguieron bloquearla; este año no.

El crecimiento de la ultraderecha alemana en la forma del partido Alternativa para Alemania (AfD), al que encuestas recientes dan un apoyo del 17% del electorado, ha robado al NPD (Partido Nacional de Alemania) el protagonismo de la derecha más allá del partido democristiano de Angela Merkel (CDU).

Manifestación en Berlín de neonazis. EFE/EPA/FELIPE TRUEBA

El NPD, partido que ha llegado a obtener representación en Parlamentos regionales, se mantiene aferrado a una ideología neonazi (por ello ha estado a punto de ser prohibido en varias ocasiones), mientras que la AfD contemporiza más sus mensajes radicales.

El nuevo partido ultraderechista absorbe a los neonazis, pero no los disuelve. Hoy lo han vuelto a dejar claro paseando la pancarta con las palabras de Rudolf Hess en los juicios de Núremberg, “no me arrepiento de nada”, por las calles de la capital alemana.

Los neonazis querían marchar, hacer su demostración de fuerza, aunque solo fueran unas 700 personas y tuvieran que marchar en silencio, con pantalones oscuros y camisetas o polos blancos y sin los símbolos radicales que tanto adoran. Y les daba igual dónde. Sabían perfectamente que los contramanifestantes les iban a superar en número, así que han decidido jugar al gato y al ratón.

Mientras cerca de 1.500 personas esperaban en Spandau para plantarles cara coreando cánticos como “La propaganda nazi no tiene derechos” o el clásico “nazis fuera”, los nazis decidían acudir a otro punto de la ciudad. El lugar elegido ha sido uno con el nombre menos adecuado: la plaza de las Naciones Unidas, en el oriental barrio de Friedrichshain, donde también habían registrado una manifestación. La policía les esperaba, los contramanifestantes no; desde allí sí han conseguido pasear su nazismo.

Cientos de personas se han desplazado lo más rápidamente posible desde Spandau hasta la zona, aunque muchos otros han preferido no continuar con la protesta. Además, la fuerte presencia policial ha evitado que los dos grupos se encontraran y ha abierto paso a los nazis cortando calles al tráfico y apartando a los que intentaban bloquear la calle con sentadas.

Más radicales

El odio neonazi no sólo se hace palpable cuando sus militantes deciden manifestarse. Según datos oficiales, a pesar de una reducción de los crímenes de extrema derecha del 35% en comparación con el año anterior, la cifra todavía se mantiene por encima de los niveles de 2014, antes de que comenzara la denominada crisis de los refugiados. Asimismo, las autoridades consideran que en 2017 había 12.700 extremistas derechistas violentos, más que en 2016 (12.100) y 2015 (11.800).

Estas cifras las aporta la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, los servicios de inteligencia alemanes dentro de sus fronteras. El organismo, no obstante, ha recibido numerosas críticas durante los últimos años por su relación con el trío terrorista NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista).

Los diez asesinatos racistas de la NSU han supuesto una terapia de choque para la sociedad alemana respecto a la violencia ultraderechista. Sin embargo, el odio no se ha detenido: desde que la célula terrorista saltó a la luz, en 2011, se han producido casi 360 crímenes relacionados con la NSU, sobre todo ataques y maltratos a placas y monumentos en honor a las víctimas.

Imagen de la contramanifestación contra neonazis en Berlín. EFE/EPA/MARKUS HEINE

Asimismo, las autoridades alemanas han registrado un crecimiento del número de Reichsbürger (Ciudadanos del Imperio), un grupo radical y heterogéneo que no reconoce la autoridad de la República Federal de Alemania pues considera que sus fronteras legítimas deberían ser las de 1937. En 2016 se consideraba que había 10.600 ‘ciudadanos del Imperio’ en toda Alemania; un año después, principalmente por relaciones establecidas a través de las redes sociales más que por la pertenencia a una estructura jerárquica, la cifra se sitúa en 16.500.

El problema añadido de este grupo es que muchos poseen armas. En octubre de 2016 un Reichsbürger mató a un policía en el Estado federado de Baviera.

“Yo no sé si hay más o menos neonazis ahora”, aseguraba Anna, una alemana hija de un salvadoreño. “Pero lo que está claro es que aquí siempre ha habido un racismo latente que ahora está saliendo a la superficie con mayor fuerza”. Ella también había acudido a protestar contra la apología nazi. “Y si no hacemos nada, la situación continuará empeorando”.