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Un amago de fuga frena el optimismo en Fukushima

Detectado cesio-137 en el agua de grifo de Tokio en niveles no peligrosos

MANUEL ANSEDE

La zona cero de Fuku-shima vivió ayer "algunos sucesos positivos", pero la situación sigue siendo "muy seria", según el Organismo Internacional de la Energía Atómica. El ministro de Defensa, Toshimi Kitazawa, anunció que las seis piscinas en las que se guarda el uranio quemado en cada una de las unidades estaban por debajo de los 100 grados, una gran noticia tras unos días en los que la temperatura se desbocó. Sin embargo, un repentino aumento de presión en el recinto de contención de la unidad 3, la más problemática porque usa plutonio, hizo saltar las alarmas y frenar el optimismo. Pese a haber regado el reactor con 2.400 toneladas de agua en 14 horas, las autoridades se plantearon provocar otra fuga radiactiva para evitar una explosión. Finalmente, la presión bajó.

Ayer, los liquidadores de la central trabajaron con sus armaduras bajo una radiación extremadamente alta, que llegó a 400 milisieverts por hora en el exterior del reactor 3. La dosis admitida para un trabajador expuesto es de 50 milisieverts al año. Pese a ello, el grupo de personas que se juega la vida en la central consiguió llevar electricidad a los reactores 5 y 6, los menos afectados por el tsunami, y estabilizarlos en parada fría.

La electricidad para refrigerar ya ha llegado a tres de los seis reactores

Además, tras la instalación de un cable de más de un kilómetro, los operarios llevaron electricidad al reactor 2. La llegada de energía a todos los reactores se espera que ocurra esta semana permitiría poner en marcha los sistemas de refrigeración y volver a gobernar la central. El secretario de Energía de EEUU, Steven Chu, lo resumió así: "Cada hora que pasa, cada día que pasa, las cosas están más bajo control". Una treintena de trabajadores ya ha recibido dosis de radiación excesivas.

Las autoridades pelean ahora también en otro frente: la busca y captura de las partículas radiactivas escapadas tras el tsunami. Ayer, se detectó leche en Kawamata, 50 kilómetros al noroeste de la central, con unos niveles de yodo-131 unas 15 veces superiores a los admitidos para su consumo infantil. El yodo-131 se acumula en el tiroides y puede provocar cáncer, pero su radiactividad decae muy rápidamente. Su semivida es de ocho días.

En Ibaraki, a 130 kilómetros al suroeste, aparecieron cebollas que triplicaban los límites. Y también allí se interceptaron espinacas con una contaminación 27 veces por encima de lo permitido, según informó la agencia japonesa de noticias Kyodo. Sin embargo, autoridades locales citadas por la agencia aseguraban que estos niveles no afectan a la salud humana. También se detectó agua con trazas de cesio-137, muy por debajo de los umbrales peligrosos, en el agua de grifo de Tokio y otras ciudades. "Con estos niveles, dejaría que mis hijos comieran las espinacas y bebieran el agua", tranquilizó ayer el vicesecretario del Gobierno, Tetsuro Fukuyama

Unas espinacas a 130 kilómetros de la central tenían más yodo-131 de lo legal

Las autoridades investigan el origen de estos alimentos y han prohibido algunos movimientos de mercancías. Los hallazgos de vegetales contaminados son puntuales y la mayor parte de las muestras analizadas alrededor de Fukushima están limpias.

El físico nuclear Enrique González, del Ciemat, cree que "no hay que ser excesivamente optimistas" con la evolución de Fukushima, pero rechaza el catastrofismo. "El yodo-131 ya está decayendo, porque no se ha producido más desde que pararon los reactores", explica.

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