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Angela Merkel ¿Ha llevado Merkel su partido a la izquierda?

La percepción de que la canciller alemana ha conducido a los cristiano-demócratas a posiciones “de izquierdas” choca con la realidad. Las negociaciones para la formación de gobierno en Turingia evidencian las contradicciones entre el discurso y los hechos.

Angela Merkel habla durante una visita al campo de concentración Auschwitz-Birkenau en Polonia. REUTERS/Kacper Pempel

Àngel Ferrero

Angela Merkel abría el pasado 27 de noviembre en el Bundestag el debate sobre los presupuestos generales de 2020. Oficialmente, la economía alemana ha esquivado la recesión, pero ésta golpea insistentemente una puerta que cada vez parece más difícil de atrancar. La atención de los principales medios de comunicación se centró, con todo, más en el tramo final de su discurso. Merkel se dirigió a la bancada de Alternativa para Alemania (AfD) para advertirles de que “la libertad de expresión conoce límites: comienzan donde se atiza y difunde el odio, comienzan donde se hiere a la dignidad de otras personas.” La política germana auguró que se opondrán a ello, porque “debemos hacerlo”, concluyó entre aplausos.  “De lo contrario", prosiguió, "esta sociedad dejará de ser lo que fue”.

Más desapercibidos pasaron otros puntos del discurso de Merkel. La canciller se comprometió, por ejemplo, a elevar progresivamente el porcentaje del PIB destinado a financiar a la OTAN hasta alcanzar el 2% reclamado por la Alianza Atlántica. Las cuentas de 2020 pasarán a la historia como las del mayor presupuesto de defensa de la historia contemporánea de Alemania, con 45 mil millones de euros destinados a esta cartera (43,23 mil millones en 2019). Tras resumir la historia de la OTAN, a la que elogió como “un bastión de la libertad y la paz”, Merkel aseguró que “en el futuro no podremos llevar a cabo todas las intervenciones”, por lo que Alemania deberá contribuir a la formación de los ejércitos de otros países. Pero esto, añadió, “plantea entonces la cuestión de quién proporciona el armamento”. Alemania es junto con EEUU, Rusia, Francia y China uno de los mayores exportadores de armas del mundo, según cifras del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). “¿Está en nuestros intereses que África se arme sólo de Rusia, China y Arabia Saudí?”, se preguntó Merkel, que, significativamente, no mencionó entre sus competidores ni a EEUU ni a Francia. Ella misma se contestó a la pregunta: “No creo que eso sea lo correcto”.

La canciller se declaró “un poco inquieta” ante la perspectiva de medidas que “sigan limitando” la exportación de armas. Según cifras del propio gobierno, Alemania exportó en 2018 armamento por valor de 4’82 mil millones de euros, un descenso respecto al año anterior, cuando la cifra alcanzó los 6’24 mil millones de euros. “No somos creíbles si formamos a los hombres que combaten al terrorismo y luego les decimos: está bien, pero es cosa suya pensar de dónde obtienen ustedes las armas”, apostilló.

Alemania es uno de los mayores exportadores de armas del mundo

En el capítulo económico, después de congratularse por el buen estado de la economía alemana, Merkel enumeró los planes de Francia de “reducir a un 25% su impuesto a las empresas, que hoy son más elevados de media que los nuestros”, mientras “los americanos los han reducido enormemente, Portugal se encuentra a este respecto cerca nuestro y los holandeses planean una reforma de los impuestos a las empresas.” La conclusión no era difícil de adivinar: “Eso significa que, a medio plazo, también nosotros, creo yo, debamos valorarlo, aún cuando tengamos otras cuestiones que sean al menos de incluso una mayor importancia para la economía alemana.”

Habrá acaso quien se contente más o menos como sigue: “Al menos criticó a la ultraderecha”. Al menos habló del cambio climático. Al menos una pizca de esto y un poco de aquello. Una respuesta que inevitablemente recuerda a la que el párroco dio al obispo cuando aquel le sirvió un huevo podrido: “No se preocupe, monseñor, ¡hay partes que están excelentes!”.

¿Todos socialdemócratas?

Merkel ha 'socialdemocratizado'a su partido

¿Quién se acuerda hoy de cómo era vista la canciller en plena crisis de la eurozona, cuando Alemania se cerró a cualquier otra salida que no fuese la estricta aplicación de medidas de austeridad? “Angela Merkel es, en el campo de la opinión pública, en verdad una gran estratega”, escribe Albrecht Müller, editor de NachDenkSeiten, en su último libro, Cree menos, cuestiona todo. “Gracias al apoyo de importantes publicistas ha conseguido posicionar cuestionables mensajes sobre su política y sobre sí misma en la opinión pública”, explica Müller al agregar que “el mayor ejemplo” es la idea de que Merkel ha ‘socialdemocratizado’ a su partido. Tanto ha calado esta idea que, en la última campaña electoral, Pedro Sánchez trató de erosionar a Pablo Casado pidiéndole que tomase como ejemplo a la “derecha civilizada” que supuestamente representaría la canciller alemana.

Como recuerda Müller, “la importancia estratégica” de la idea que Merkel ha llevado a su partido “a la izquierda” no es poca. Para empezar, ha sepultado su anterior imagen de abanderada de la austeridad y sobre ella consagrado el icono de benefactora de los refugiados (una notoria portada del semanario Der Spiegel llegó a sobreimpersionar la cara de Merkel sobre un retrato de la Madre Teresa de Calcuta). Pero también ha “ampliado el potencial electoral” de su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), no sólo para mantener acuerdos con los socialdemócratas –siempre, claro está, como socio menor–, sino con la mirada puesta en una eventual coalición a nivel federal con Los Verdes. Y acaso más lo segundo que lo primero (especialmente teniendo en cuenta la nueva cúpula socialdemócrata): en junio de 2019, el académico Michael Wolffsohn daba en el Neue Zürcher Zeitung por finiquitado el partido socialdemócrata. “Lo socialdemócrata ya no es monopolio de la socialdemocracia, es un bien común”, sostenía. El razonamiento vendría a ser el siguiente: si todos son socialdemócratas, entonces el partido es prescindible, y con él, su historia, sus reivindicaciones laborales y sus organizaciones sindicales.

En realidad era el centro

La estrategia de Merkel no carecía sin embargo de riesgos: percibido o real, el giro al centro de la CDU ha desdibujado la identidad de los conservadores y dejado un espacio a su derecha que ha venido a colmar Alternativa para Alemania (AfD). El crecimiento de esta formación genera preocupación en algunos sectores de la CDU, que comienzan a cuestionar el liderazgo de Merkel utilizando las juventudes del partido como ariete.

En pocos lugares se visibiliza esta situación con contornos tan claros como en Turingia. El centro se desplomó en las elecciones de octubre en este estado federado, en las que La Izquierda y AfD quedaron como primera y segunda fuerza con un 31% y un 23’4% de los votos respectivamente, seguidos por la CDU (21’7%), los socialdemócratas (8’2%), los verdes (5’2%) y los liberales (5%). La formación de un gobierno en Turingia depende ahora, literalmente, cuatro votos: en concreto, de los conservadores o los liberales. El candidato de La Izquierda, Bodo Ramelow, espera de los conservadores un “compromiso histórico” que, al menos, le permita seguir gobernando a partir de febrero en minoría en un tripartito con socialdemócratas y verdes.

Pero la CDU se resiste. Michael Heym, diputado conservador en la cámara regional, no descartó incluso semanas atrás romper el tabú y negociar con AfD, pues “no se hace ningún favor a la democracia cuando se enajena a una cuarta parte del electorado”. Pero antes de llegar a ese punto la CDU ha planteado una coalición multipartita entre conservadores, socialdemócratas, verdes y liberales con el objetivo declarado de excluir a La Izquierda. Según el presidente de los conservadores, Mike Mohring, se trataría de un gobierno “sin extremos a izquierda y derecha” y, contra todo sentido común, calificó esta coalición über-centrista del “bloque más fuerte”.

Merkel prometió oponerse a “los discursos de odio” en la cámara, ¿y fuera de ella? La Unión de Perseguidos por el Régimen Nazi / Federación de Antifascistas (VVN-BdA) recibió en noviembre una notificación de las autoridades financieras comunicándoles que las donaciones a la organización dejarían de ser libres de impuestos. La decisión se apoya, según informaron los medios, en un informe de la Oficina para la Protección de la Constitución (servicios secretos) de Baviera, que la describe como “la mayor organización a nivel federal influida por la extrema izquierda en el campo del antifascismo”. Con esta medida, la asociación –fundada en 1947 y con alrededor de 5.800 miembros actualmente– corre el riesgo desaparecer.