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Barak escinde el laborismo israelí y crea un partido

El ministro de Defensa sigue en el Gobierno al frente de su nuevo grupo

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

El ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, anunció ayer que abandona el antaño todopoderoso Partido Laborista israelí para crear una nueva formación política que será, por este orden, "centrista, sionista y democrática". El nuevo partido se llamará Atzmaut, que significa independencia. El partido, al que ya se han incorporado cuatro diputados laboristas de la Kneset, seguirá apoyando a la coalición que lidera el primer ministro, Binyamin Netanya-hu, del conservador Likud.

El anuncio no afectará de momento a la estabilidad del Gobierno, aunque a partir de ahora la mayoría absoluta que ostenta la coalición se reducirá a 64 diputados, de los 120 que hay en el Parlamento. Barak, primer ministro entre 1999 y 2001, sigue al frente del Ministerio de Defensa y está negociando con Netanyahu una reestructuración del pacto de legislatura entre Likud y los laboristas para acomodarlo a la nueva situación.

La ruptura del laborismo se produce después de varios meses de crisis dentro del partido. Barak había mantenido una política errática por lo menos desde la celebración de las últimas elecciones, hace dos años, cuando en un primer momento dijo que el laborismo permanecería en la oposición, para formalizar, unos días después, un pacto con Netanyahu no exento de escándalo.

El anuncio no afectará de momento a la estabilidad del Gobierno

A sus 68 años, el militar más condecorado de la historia de Israel ha demostrado una y otra vez que la política no es su fuerte y, en opinión de muchos analistas, es el responsable del hundimiento del Partido Laborista, que se ha convertido en una fuerza marginal y en una pequeña sombra de lo que fue en otro tiempo, con líderes como Yitzhak Rabin y Shimon Peres. Tres ministros laboristas presentaron ayer la dimisión y lo que queda de este partido, ocho diputados, pasará a la oposición, aunque no se descartan más deserciones.

La crisis llega una semana después de que la Administración de Estados Unidos filtrara a la prensa el malestar que reina en la Casa Blanca y en el Departamento de Estado en relación con el hasta ahora líder laborista. Barack había prometido al Gobierno de Barack Obama que presionaría a Netanyahu para lograr un compromiso histórico con los palestinos para solucionar el conflicto. Sin embargo, durante los dos últimos años no sólo no ha presionado a Netanyahu sino que le ha servido de coartada para que las conversaciones no progresen. El conflicto árabe-israelí está hoy más enquistado que hace dos años.

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