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Bartolo Fuentes "Si México impone restricciones a los migrantes habrá más caravanas"

A Bartolo Fuentes le acusaron de ser organizador de la caravana masiva de octubre. Fue detenido por Guatemala y deportado. Ha sido perseguido en Honduras. Él niega estar detrás de la marcha y se presenta como acompañante. Advierte que las condiciones económicas y la violencia empujan a miles de personas a dejar sus hogares y tratar de llegar a Estados Unidos.

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Bartolo Fuentes. ALBERTO PRADILLA

Cuando Bartolo Fuentes apareció en la terminal de autobuses de San Pedro Sula el 13 de octubre de 2018, apenas unas 200 personas esperaban para marchar a Estados Unidos. Era el inicio de la caravana que atravesaría Honduras, Guatemala y México para llegar hasta Tijuana. Fuentes es periodista, nació en 1964 en Goscorán, departamento de Valle, en Honduras. En 2013 fue elegido diputado por Libre (la formación fundada por el expresidente José Manuel Zelaya, depuesto por un golpe de Estado en 2009) y se le ha acusado de ser uno de los organizadores de la marcha de los hambrientos. Pero él lo niega. Únicamente se reconoce como “acompañante” o “consejero”. Aunque es consciente de que su aparición en televisión aquella noche supuso un punto de inflexión. El canal HCH, el más popular de Honduras, trataba de denigrar el éxodo. Y conectó con Fuentes, que animó a la gente a hacer la mochila y escapar de un país con una pobreza del 60% y una tasa de homicidios de 50 por cada 100.000.

Muchos le hicieron caso. Al día siguiente ya eran mil. Al llegar a la frontera de Aguascalientes, entre Honduras y Guatemala, ya eran 3.000. El éxodo era imparable.

“Ya lo de irse en grupo se estaba dando antes de octubre. Creo que en alguna medida influencio la difusión de la caravana de abril”, dice, entrevistado en una cafetería de El Progreso, departamento de Yoro, en Honduras. En su opinión, los tuits lanzados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sirvieron para captar la atención de los hondureños. Y como las condiciones de vida no hacen sino empeorar, considera lógico que la gente huya.

Mucho se ha especulado sobre el origen de la caravana. Las teorías conspiranoicas tienen para todo el espectro ideológico. El gobierno de Juan Orlando Hernández, por ejemplo, aseguró que se trataba de una iniciativa de grupos de izquierdas financiados por Venezuela. Otros sectores afirman que es Donald Trump quien promovió la marcha para que la cercanía de los migrantes beneficiase a su discurso xenófobo en las elecciones de midterm, celebradas el 6 de noviembre con triunfo del Partido Demócrata.

Nada más lejos de la realidad. Fuentes, que niega ser un organizador, pero estaba cerca del proceso que gestó la caravana, insiste en que todo es más sencillo.
“En mayo salió un grupo. Lo que pasa es que iban a escondidas, no visibles”, dice.
Él ya tenía la experiencia de abril, cuando un millar de personas partió desde Tapachula. Unas 400 llegaron hasta Tijuana. Nada que ver con lo que llegaría después, pero sí un buen ensayo. “Yo mire en abril que la caravana es un mecanismo de protección que funciona. Sobre todo, si se organiza bien. Lo escribí y me empezó a contactar gente. Pero ellos lo tenían ya pensado”, dice.

No hace falta más que pasar por la terminal de autobuses de San Pedro Sula cualquier noche para comprobar que no miente. No hace falta que haya una caravana. Siempre hay grupitos de migrantes con la bolsa hecha. Se mezclan con los deportados, que también son trasladados al mismo punto. Muchos tienen su intención de retomar el camino lo antes posible.

Fuentes dice que él creía que el grupo protege frente a los peligros del camino: robos, extorsiones, secuestros, asesinatos. Al hacerlo público, la gente empezó a contactarle. Mucha, muchísima gente quiere marcharse de Honduras. “La difusión en los medios y la campaña de ataque fue lo que hizo una difusión masiva. En el afán de demeritar la caravana lo que hicieron fue promocionarla”, afirma.

No tuvo mucho tiempo para ver el éxito de la caminata. El 15 de octubre fue detenido en Esquipulas, Guatemala, nada más cruzar la frontera. Cierto es que no había pasado por la garita migratoria. Pero no lo hizo ninguno de los 3.000 hondureños que atravesó la frontera aquel día. Entonces, ¿Por qué detener a Fuentes? Pablo Castillo, vocero de la Policía Nacional Civil, dijo aquel día que la detención tuvo lugar por haber cruzado sin presentar su documentación. Posteriormente, una funcionaria de Migración de Guatemala aseguraría que su arresto obedeció a que se le consideraba uno de los “cabecillas” de la marcha.

¿Desde cuándo es trabajo de Migración perseguir un liderazgo sobre un acto que no había violado ninguna ley?“Montan una historia y en base a esta historia me arrestan, sin ningún fundamento”, dice. En aquel momento, Fuentes temió por su vida y salió de Honduras. Ofreció una rueda de prensa en Ciudad de México, ante el estadio Jesús Martínez “Palillo”, y denunció que existen dos razones fundamentales para el éxodo: la pobreza y la violencia.

“Las condiciones políticas y económicas del país no han dejado de empeorar desde 2009”, dice, en referencia al golpe de Estado promovido por un sector del ejército y apoyado por Estados Unidos contra Mel Zelaya.

La gente no se va por dos razones: falta de dinero y temor. La caravana les da seguridad por ir en grupo. Y les ahorra pasaje”, explica. En su opinión, la razón principal del éxodo es “la situación económica. Según datos del Banco Mundial, el 60% de los hondureños vive por debajo del umbral de la pobreza. El salario mínimo de un jornalero está en 100 lempiras (unos 4 dólares).

“Si la gente tuviera un buen empleo no sería”; afirma. “Hay dos millones de hondureños sin empleo. ¡Qué raro tiene que se vayan diez mil de ellos! También hay emprendedores. Pero los asaltan o los extorsionan”, denuncia. “La policía está dedicada a perseguir políticamente al que está en la protesta, no al que hace robo. El 94% de casos de crimen quedan sin investigar, sin siquiera ser investigados” argumenta. “Si tienes hijos, no quieres que sean víctimas de la delincuencia. O que se conviertan ellos en delincuentes”, dice.

"¿Para qué sirve la policía? Para perseguir a los opositores al régimen”, señala

 La crisis política en Honduras se agravó tras las elecciones celebradas el 26 de noviembre de 2017. En ellas se impuso Juan Orlando Hernández, del derechista Partido Nacional (PN). Fue reelecto a pesar de que la Constitución lo impide. Su rival, Salvador Nasralla, de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, denunció fraude antes, durante y tras las votaciones. Lo cierto es que Nasralla iba por delante en los conteos de la noche. Se fue la luz. Al reiniciarse el sistema, Hernández estaba en cabeza.

La represión fue brutal, con un toque de queda y al menos 30 muertos en las protestas, según organizaciones de Derechos Humanos.
Desde entonces, Honduras no había recibido la atención mediática. Hasta la caravana.

Fuentes reitera que él no está detrás de la organización. Recuerda, además, que las personas identificadas por distintas autoridades como coordinadores, están siendo perseguidas. Ocurrió la semana pasada con Walter Coello y David Cuevas, a los que México deportó a Honduras a pesar de que contaban con documentos legales. A pesar de todo, Fuentes defiende la organización para que las caravanas se protejan mejor.

En su opinión, el fenómeno fue mutando. En un principio, el objetivo era caminar y llegar hasta Tapachula para pedir refugio en México. “Cuando llegan mil personas más en el transcurso del día y la noche, llevan sus propios planes”, afirma.
La caravana solo visibilizó algo que lleva décadas ocurriendo. “Es un problema que ha estado ahí, que ha generado mucha muerte. Antes la gente iba dispersa, ahora los migrantes invisibles ahora no lo son. Esos que estaban en el puente (en referencia al puente Rodolfo Robles, entre Guatemala y México), distribuidos por los caminos, quedaban en grupos de a cinco”, afirma.

“Ellos se escondían en los caminos, en los trenes, en las casas. Pero se escondían también culturalmente- Ahí estaba la necesidad de hacerse pasar como mexicanos. En la caravana ya no. Hay un orgullo. Incluso ante las mismas autoridades. Ahora tienen identidad, antes iban como si fuese un delincuente”, señala.

Tres meses después del inicio de esa caravana que marcó un antes y un después, las cosas son bien diferentes. En México gobierna el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que anunció una nueva política migratoria. Hay gestos, como entregar más de 12.000 tarjetas humanitarias en la frontera y no reprimir a los caminantes. Sin embargo, ese proceso se ha cerrado. Lo que México quiere es que los migrantes pidan la visa en los consulados de sus países y accedan a un documento que solo les permite llegar a Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Quintana Roo. Aunque esto todavía no se ha concretado. Y Fuentes cree que “mientras México no concrete los empleos que ofrece la gente se irá a Estados Unidos”.

“El cambio de México es muy positivo”; dice Fuentes, antes de ser informado del fin de la política de tarjetas verdes. “Me parece que hay una buena intención que no hay garantía de que se concrete”. Advierte sobre los intereses que pueden tener los propios funcionarios de Migración. Muchos de ellos eran quienes pedían mordidas a los migrantes para poder avanzar.

Estos movimientos van a modificar también la actividad de los coyotes, los traficantes de personas. “Los coyotes se van a adaptar. Ya se están adaptando. Van a venir a conseguir clientes que tengan la visa. Y tengan 3000 dólares para pagar el salto. Los que van a perder los que llevan de Honduras a México”, considera.

El tercer actor, el que más grita, es Estados Unidos. Fuentes cree que Donald Trump “está pendejo” cuando acusa de “pandilleros” a los caminantes. “Los pandilleros que se van son los que deportan de EEUU y acá no tienen ambiente. Históricamente, las pandillas vinieron de EEUU. ¿Cuántas decenas de miles de pandilleros hay en EEUU? ¿Por qué no los vigilan si tienen todo ese aparataje de seguridad? ¿Por qué preocuparse por pobres madres con sus hijos? ¿Trump tiene miedo a las pandillas? Si las tiene dentro”, señala.

Da por hecho que las políticas antimigrantes de Estados Unidos van a seguir. Así que la clave está en qué hará México y su nuevo gobierno. “Si México pone restricciones, habrán más caravanas. Ojalá las hayan. Porque, si no, la gente volverá por los caminos secretos. Y entonces vuelven los secuestros, extorsiones, los asesinatos”.