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Brasil tomará las riendas de la integración de América Latina

La recién nacida Celac tendrá una "estructura ligera, sin presupuesto propio ni secretaría"

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“Lo mejor está por venir”. Sebastián Piñera, presidente de Chile y nuevo líder de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac), tomó ayer el relevo del recién nacido foro panamericano, que se reunirá en Santiago el año que viene. Y lo hizo tras dos días intensos que han armado a la Celac de muchas ilusiones, algunas herramientas y un acta constitutiva, la Declaración de Caracas.

“Es histórico, y no estamos exagerando”, añadió Hugo Chávez, anfitrión y verdadero motor de la cumbre. “Tenemos que recuperar el tiempo perdido. Hasta ahora hemos hablado mucho, pero no logrado lo suficiente. Esta también es una tarea del futuro”, le contestó Piñera.

Una troika formada por Chile, Venezuela y Cuba la dirigirá de cumbre a cumbre

La idea inicial es que la Celac tenga una “estructura ligera, sin presupuesto propio ni secretaría”, que funcione entre cumbre y cumbre a través de una troika, formada inicialmente por Chile, Venezuela y Cuba, sede del 2013. Frente a ello, el presidente panameño, Ricardo Martinelli, ofreció su país como sede permanente, harto de que “todos los años hablamos de las mismas cosas y tenemos los mismos problemas”.

La troika decidirá en los próximos meses, pero chocará con las pretensiones de Brasil. El gigante latinoamericano ha dejado claro a sus socios continentales que andando se hace camino y que piensa sujetar las riendas de la nueva integración americana. Dilma Rousseff abandonó Caracas al acabar la primera jornada y la prensa brasileña olvidó lo que estaba sucediendo allí. Su vicecanciller declaró que habrá que esperar a ver cómo crece la criatura, decidido a no gastar dinero. De momento.

Piñera asume como líder del organismo y asegura que 'lo mejor está por venir'

La diplomacia de buenas intenciones que ha reinado en el encuentro aparcó otro de los escollos hasta la próxima cumbre: los acuerdos se tomaran por consenso durante el primer año y no por mayoría de 4/5 partes, por lo que el ALBA pugnó hasta el final. Los países de la Alianza Bolivariana no abandonan su sueño de que la Celac sirva para desbancar a la OEA, con su propio parlamento y su corte de derechos humanos. Chávez dejó claro que se trata de una carrera de fondo.

Otros países insistieron en la necesidad de “complementarse”. Incluso Cristina Kirchner utilizó a la Unión Europea para no ahondar en las diferencias: “La integración no debe ser contra nadie, sino a favor de nosotros mismos. Debemos tomar lo bueno de la UE y no lo malo”.

El “paso para la segunda independencia” de América Latina, como la bautizó el uruguayo José Mújica, busca la integración sin tutelajes de EEUU y Europa, pero es un sueño que tardará años en plasmarse. Lo demostró la plenaria, cargada de buenas intenciones y desbordada por el exceso de palabras. Los presidentes aprovecharon sus intervenciones para sacudirse sus demonios internos. Correa y su cruzada contra el diario El Universo. Lobo contra los periodistas que le exigen un buen gobierno.

Ortega defendiendo a Gadafi. Y Chávez atacando directamente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la única que se atreve a dictar sentencias en su contra.

El mexicano Calderón proclama que 'ha nacido una nueva América'

¿Y Kirchner? Tras recordar la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, “el último enclave colonial en el mundo”, la presidenta argentina se sorprendió con el estallido de una potente descarga de fuegos artificiales. No, no se estaba celebrando la creación de la Celac. Y pese a que Chávez trató de argumentar que eran cohetazos a favor de Fidel Castro, se trataba de otra cosa. Caracas peleaba en la calle. Fuegos artificiales del oficialismo para silenciar una cacerolada de la oposición contra las políticas del Gobierno, que resonó en gran parte de los barrios.

Diferencias en la calle, que se dirimirán en 2012 en las elecciones presidenciales. Y consenso en la cumbre que inició la construcción de la independencia. Así lo sentenció, en una frase para la Historia, el presidente mexicano, Felipe Calderón: ha nacido “una nueva América”.