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Caravana de migrantes Trump criminaliza a los refugiados para movilizar al electorado republicano

El presidente estadounidense, en un nuevo ejemplo de demagogia antiinmigración, utiliza la caravana que partió de Honduras para demonizar a los demócratas.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. - REUTERS

Parece que fue en otra vida, pero hubo un momento en el que pareció que el Partido Republicano se sentía incómodo con la retórica faltona, mentirosa y demagógica de Donald Trump. Todo ese supuesto malestar se fue aplacando con su victoria en las elecciones de 2016 y la posterior implementación de su programa desde el Despacho Oval. La disidencia, esas voces que los medios liberales estadounidenses amplificaban como ejemplo de la división en el partido, resultó ir en relación con el futuro personal de sus integrantes. Los Paul Ryan, Jeff Flake, Bob Corker y compañía criticaban con la boca pequeña los excesos del presidente. Pequeños placeres que se permite el que se va, máxime hoy que el partido se inclina ante el mando único.

Los excesos de Trump no le pasan factura entre los suyos. Es más, parece movilizarlos

Los excesos de Trump son peccata minuta para los republicanos en comparación con la cuenta de resultados. "Me fijo en lo que hace, no en lo que dice", se escudaba hace unos días Adolpho R. Telles, presidente del Partido Republicano en el condado de El Paso, ciudad texana fronteriza con México. No siempre le gusta lo que dice el presidente y, sin embargo, ironías de la vida, culpa a los demócratas de la "falta de decoro" en la política actual. Curioso viniendo de alguien que se define como "hispano" y cuya abuela materna era mexicana. ¿Dónde queda el decoro en la adjetivación como "delincuentes" y "violadores" que atribuyó Donald Trump a los mexicanos? El fin justifica los medios. ¿Quién quiere decoro cuando el magnate es hoy la llave que abre la puerta del Tribunal Supremo a jueces ultraconservadores o rebaja los impuestos en beneficio de las grandes fortunas?

Los excesos no le pasan factura entre los suyos. Es más, parece movilizarlos. Después de burlarse de forma embarazosa de Christine Blasey Ford, la mujer que osó cuestionar la honorabilidad del ya juez del Supremo, Brett Kavanaugh, en las dramáticas sesiones de confirmación en el Senado, Donald Trump dirige ahora todo su armamento verbal, gestual y tuitero contra la caravana de refugiados de Centroamérica que camina hacia Estados Unidos. Vuelve la sentencia de "delincuentes", dirigida en esta ocasión a los más pobres de entre los pobres. (aparentemente no aplica en este caso el "inocentes mientras no se demuestre lo contrario"). Y sale ileso. Trump está en los porcentajes de aprobación más altos de su mandato, alrededor del 43%. Su humillación a Blasey Ford tenía premio. En resumen: las bases republicanas están a muerte con él, mientras que el resto del país no lo soporta.

El cóctel marca de la casa es un combinado de mentiras, insultos e insinuaciones conspiratorias. El lunes, en su esperado reencuentro en Houston con Ted Cruz, su otrora enemigo en las primarias (de "Ted el mentiroso" a "Ted el hermoso") y candidato ahora a renovar su plaza en el Senado por Texas, el presidente se dirigió a 18.000 incondicionales (esto es literal) y aprovechó para arrear de nuevo contra los refugiados que se encaminan a la frontera sur del país. En realidad, aprovechó para atizar a sus rivales políticos utilizando sin pudor a los que huyen de la falta de presente. Con mímica, Trump empezó a repartir billetes. Los que dice, obviamente sin base alguna, que han soltado los demócratas para movilizar a los desarrapados de Honduras y otros países de la región con motivo de las elecciones de noviembre.

El cóctel marca de la casa es un combinado de mentiras, insultos e insinuaciones conspiratorias

Da lo mismo que la teoría carezca de lógica. Sugerir que miles de personas de países a miles de kilómetros van a caminar con el objetivo de perturbar las elecciones de Estados Unidos sería una barrabasada anecdótica si no fuera porque los canales de la ultraderecha mediática, Fox News al frente, sugieren que ha de investigarse el origen de esta movilización (tanta pobreza les debe parecer sospechosa). O si no fuera porque Trump ya pertenece a la categoría de las figuras de culto, por encima del bien, del mal y, por supuesto, de la verdad. Y sobre todo, si no fuera porque es el presidente de Estados Unidos.

"Es algo fabricado. No hay forma de que muchas personas puedan organizarse en este momento de la campaña y venir aquí. Alguien las está pagando. ¿Me vas a decir que mucha gente se reunió de manera espontánea y decidió caminar hacia aquí? Vamos", rebufaba reacia al diario El Paso Times la vendedora de seguros Sharon Alford, una de las asistentes al mitin de Trump en Houston. Por lo visto, ignora la capacidad de autogestión a través de las redes sociales (o no le entra en la cabeza que alguien se movilice si no es a tocateja).

Decenas de migrantes hondureños cruzan a pie y el balsa el río Suchiate, que separa a Guatemala de México, mientras otros observan desde un puente. EFE/Esteban Biba

Puede resultar asombroso, pero Donald Trump ha logrado la suspension de la realidad para millones de personas. Lo inverosímil es posible para sus hooligans. Por ejemplo, que la caravana esté integrada por "delincuentes y personas desconocidas de Oriente Medio", porque, como dijo el martes su vicepresidente Mike Pence en un alarde de lógica, "es inconcebible (sic) que no haya gente de ascendencia en Oriente Medio en una multitud de más de 7.000 personas". O que esta sea una caravana financiada por Venezuela, como sugirió el propio Pence a partir de lo que le había dicho por teléfono el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, un actor especialmente interesado en difundir rumores sobre la involucración de la oposición hondureña y Venezuela en esta trama. Trump, que no engaña aunque mienta, fue al grano: "¿Y los demócratas? ¿Y los demócratas?", preguntó en el Despacho Oval ante las risas de su equipo. Interrogado por el fundamento de sus acusaciones, el presidente reconoció que "no hay pruebas de nada".

Puede resultar asombroso, pero Donald Trump ha logrado la suspension de la realidad para millones de personas

Por desesperante que resulte, Donald Trump conoce bien a su electorado, ajeno como parece al chequeo de los hechos de medios como The New York Times o The Washington Post (con sus contadores de mentiras y pinochos varios) o, por supuesto, de la CNN o la NBC. Desterrados al infierno de los medios de las noticias falsas ("Fake news!", los señala con el dedo Trump en sus mítines), y en malos tiempos para los textos que superan los 280 caracteres, no agrietan las creencias de los conversos al trumpismo.

Según una encuesta de la Universidad de Grinnell, en Iowa, el 52% de los republicanos piensa que los migrantes sinpapeles cometen más delitos. Da igual que, solo en Texas, éstos reciban un 50% menos de condenas delictivas que los nacidos en Estados Unidos, según un estudio del Instituto Cato, de Washington DC. Dicho de otra forma: de las 785 condenas por homicidio en Texas en 2015, 46 fueron para indocumentados.

Pero las estadísticas no son respuesta para sentimientos mucho más primitivos como el racismo. Telles, el líder republicano de El Paso, dice que, al contrario que hace treinta años, ya no sabe si los mexicanos que cruzan a Estados Unidos "son o no buena gente". Además, tiene sus propios motivos por los que no quiere que la caravana centroamericana llegue a Estados Unidos. "Si esa gente está viniendo y no está dispuesta a pelear [en su país] por lo que piensa que está bien, ¿qué va a pasar cuando aquí sucedan cosas? ¿Se irán corriendo y se esconderán porque no están dispuestos a luchar? Ese no es el tipo de personas que queremos. Queremos gente que le ponga ganas (en castellano en el original), por no decir algo peor. Gente que se vaya a levantar por lo que cree. Que venga aquí, crea en nuestro país y aprenda nuestra lengua”.

El magnate conoce bien a su electorado, ajeno como parece al chequeo de los hechos de medios como 'The New York Times' o 'The Washington Post'

Más datos. Otro informe publicado en 2015 por el American Immigration Council, organización de Washington DC que aboga por los derechos de los migrantes indocumentados, apuntaba una estadística que rompe la relación inmigración-crimen que establece la actual administración. Entre 1990 y 2013, el número de migrantes indocumentados pasó de 3'5 millones a los 11'2. En el mismo periodo de tiempo, los crímenes violentos (robo, violación, asesinato...) descendieron un 48% en todo el país.

Pero si la realidad no se amolda al relato, que el relato moldee la realidad. El de la Casa Blanca apela al temor infundado y a la conspiración demócrata/venezolana/oriental para movilizar el voto republicano en unas elecciones legislativas que han adquirido casi rango presidencial y en las que los demócratas quieren recaudar el voto de esa parte de la población que vive con asco la falta de decoro presidencial. Un valor en números rojos entre las huestes de Donald Trump.