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Cuando Chaves Nogales recuperó la libertad en Londres

Huyó a Londres cuando además de Franco le buscaba Hitler y para Chaves Nogales la capital británica se convirtió en el paraíso del periodismo y la libertad. Cuando se cumplen 80 años del fin de la Guerra Civil y 75 de su muerte, descubrimos sus últimos años en la ciudad que lo vio renacer y morir.

Chaves Nogales, a la izquierda de la imagen, en una agencia londinense

Es un día de junio de 1940 en un apartamento de la Place Jules Ferry, en París. Un joven periodista exiliado por culpa de la Guerra Civil reúne a su familia para contarles que tiene que volver a huir; la Gestapo lo está buscando y sabe que si se queda acabarán encontrándolo. Ellos no pueden acompañarlo, va a intentar llegar a Inglaterra y la entrada a los refugiados españoles está muy restringida.

Ese hombres es Manuel Chaves Nogales, para muchos el mejor periodista español del siglo XX; el hombre que tuvo que salir de su país porque sus crónicas, desgarradas y certeras, le hacían “susceptible de ser disparado por cualquiera de los dos bandos”, como él mismo cuenta en el prólogo de A Sangre y Fuego.

A su mujer le dice que espere unos días en París y luego se vuelva a España con sus tres hijos. Y a una de ellas, Pilar, que ya tiene 20 años, le deja encargado que queme todas sus cosas cuando se haya marchado.

Poco después, abrigado con una gabardina y cargado con una pequeña maleta ese hombre abandona París. 79 años después y a sus casi 99, Pilar Chaves recuerda que “nunca pensamos que no lo volveríamos a ver”.

Chaves Nogales desembarca en Inglaterra sin nada en los bolsillos

Como cuenta María Isabel Cintas, su biógrafa, la editora de toda su obra publicada y la persona que más sabe de él: “Se unió a un grupo de periodistas progresistas y consiguió subir a un barco inglés que lo transportó en penosas condiciones. Llegaron hambrientos, solos y cansados; por no hablar de la desilusión de tener que huir de Francia, hasta entonces cuna de la democracia y refugio de demócratas europeos”. Chaves Nogales desembarca en Inglaterra sin nada en los bolsillos pero con su capacidad para observar, reflexionar y contar lo que está viendo, intacta. Y eso es lo que le salvará.

La segunda guerra mundial ya ha estallado, Londres está en medio y, como cuenta María Isabel: “Comienza a funcionar la cadena de solidaridad entre exiliados. Cora Blith, la esposa de Luis Portillo (también exiliado español), ayuda a Chaves a instalarse en una minúscula habitación en los bajos de un edificio en Bloomsbury”. Conociendo su trayectoria anterior resulta increíble imaginarlo pero de ese apartamento Chaves salía cada mañana con su currículum bajo el brazo en busca de trabajo.

En Londres con el arzobispo de Camterbury y Frances Kaye

A pesar de que no sabía inglés –y nunca llegó a aprenderlo– consiguió entrar en el Evening Standard, que publicará la traducción al inglés de A sangre y fuego. Y un diputado laborista lo invita a colaborar con él “en la puesta en marcha de una pequeña agencia en el edificio de Reuters, la Atlantic Pacific Press Agency, que recoge textos suyos y de otros periodistas europeos exiliados en Londres para publicarlos en América Latina”.

Luego llegó también la BBC, con noticieros para America Latina, aunque hoy es imposible escuchar su voz: “Si vas a los archivos hay grabaciones de todos lo que han participaron pero no hay nada de audio de él –cuenta su nieto, Antony Jones– sabemos que una parte de su obra fue eliminada y esa estaría incluida”. Y de ahí, a fundar su propia agencia, la Chaves Nogales Agency. “Aunque no era fácil sobrevivir –añade María Isabel–, estaba feliz. Imaginemos lo que debió de ser para él tener agencia en la calle de la prensa…”.

En sus cartas se refleja, como ha comprobado María Isabel, que “se mata a trabajar, no hay nada que le guste más que eso, sólo trabaja y descansa lo imprescindible; y fuma mucho”. La propia Cora Blith cuenta que ni siquiera bajaba al refugio durante los bombardeos y se quedaba trabajando. “

En sus cartas se refleja que "se mata a trabajar, descansa lo imprescindible y fuma mucho"

Pero en lo personal, la cosa no era tan mágica. La familia conserva cerca de una docena de cartas de las que envió a El Ronquillo, el municipio de la provincia de Sevilla donde estaban escondidos su mujer y sus cuatro hijos –Juncal nació en un campo de refugiados mientras volvían a España nunca conoció a su padre–. Antony sabe que “muchas las interceptaron y no llegaron nunca y algunas de las que llegaron tienen contenido tachado”. “En las cartas se aprecia su humanidad, su desarraigo, su añoranza de la familia”, añade María Isabel y “hay algunas con seudónimos –como Eugenio de Larrabeiti, compañero de la Agencia– y lenguaje críptico –como “esa señorita a quien no he sido presentado”– refiriéndose a Juncal”. Pero Isabel insiste: “Sabía que su sitio estaba allí. Pudo marchar a América pero no lo hizo. El centro de la noticia estaba en Londres.

Aunque lo que más ilusión le hacía contar, se le resistió. En septiembre de 1943 sufrió un accidente de tráfico y comenzó a tener molestias. Meses después le operaron de urgencia y el 8 de mayo de 1944 murió de forma rápida e inesperada. Causa oficial de la muerte: peritonitis. Cuentan que a los que estaban con él les dijo: “Al final no voy a llegar a ver la victoria”. También pidió que mandaran sus escritos y sus cosas a la familia aunque nunca llegaron.

La censura prohíbe la esquela que su hermano Jose iba a poner en el 'ABC' de Sevilla

Ellos se enteran por la prensa; había muerto un maestro y la noticia aparece en medios de todo el mundo. En España, sin embargo la persecución a Chaves Nogales seguía: la censura prohíbe la esquela que su hermano Jose iba a poner en el ABC de Sevilla y Franco lo condena a doce años de cárcel y a la inhabilitación absoluta y perpetua. Como por ahí ya no podían pillarlo, la pena acabó convirtiéndose en una condena al silencio, hasta que su obra ha vuelto a ver la luz gracias a la investigación de personas como María Isabel y a que se sigue difundiendo en exposiciones como la que el Instituto Cervantes y la Universidad de Sevilla organizan estos días en Londres.

A sólo unos kilómetros de allí, en el cementerio de Richmond sigue enterrado Chaves Nogales casi 75 años después. En la tumba CR19, un hueco de hierba sin lápida junto a lo que un día fue un árbol que le daba sombra.

La pregunta sale sola, ahora que el reconocimiento a su trabajo es indiscutible, ¿no debería ser trasladado a España? María Isabel es rotunda: “No. Está bien donde está, en la tierra que lo acogió, a la que amó y con los amigos que le acompañaron hasta el final”. La familia también tira por ahí: “Es un hombre internacional que sale joven de Sevilla y viaja mucho. Por eso hay una parte sentimental que dice que es correcto que esté aquí. Además, queremos evitar que sea utilizado, cómo él consiguió hacer mientras vivió”

Y así, discreto pero rotundo, como él siempre fue, descansa Chaves Nogales.

El camposanto de Richmond, donde se encuentra la tumba de Chaves Nogales en Londres

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