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La Conferencia de París o el fracaso de los dos estados

Decenas de países han celebrado una Conferencia que pretendía impulsar una solución de los dos estados para resolver el conflicto entre Israel y Palestina. Sin embargo, todo indica que estamos delante de otro gran fracaso de la comunidad internacional

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Kerry gesticula en la fotografía de familia de la Conferencia de París. REUTERS/Bertrand Guay

JERUSALÉN.- Delegados de más de 70 países y organizaciones internacionales se han reunido este domingo en París para buscar una salida al conflicto israelo-palestino en un año que coincide con el 50 aniversario de la ocupación de Cisjordania, Gaza y el Golán, pero las conclusiones de la Conferencia no pueden ser más deprimentes, en parte porque la cumbre se ha celebrado sólo cinco días antes de que Donald Trump entre en la Casa Blanca.

El presidente François Hollande ha dicho a los reunidos que no es su intención poner “parámetros” a las negociaciones puesto que la solución deben hallarla israelíes y palestinos directamente, un planteamiento que coincide con el de Israel y que más de 25 años después de la Conferencia de Madrid carece de sentido.

Para completar la escena, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, ha prometido al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que la Conferencia no tendrá consecuencias ulteriores en el Consejo de Seguridad de la ONU, de manera que estamos ante un espectáculo de una sola acción y completamente intrascendente, que no preocupa lo más mínimo en Israel.

Si su objetivo era impulsar la solución de los dos estados, “que está en peligro”, según los franceses, puede decirse que la Conferencia ha fracasado de cabo a rabo puesto que Israel ha dado sobradas muestras de que no se va a retirar de los territorios ocupados, antes y simultáneamente a la celebración de la Conferencia, en la que no han participado ni israelíes ni palestinos.

A estas alturas está claro que una negociación directa no conducirá a ningún lado y que debe ser la comunidad internacional la que obligue a las partes a aplicar las leyes y resoluciones internacionales, e ir mucho más allá de los parámetros que Hollande ni siquiera se atreve a determinar.

La Conferencia ha estado marcada por los tópicos y lugares comunes que se han escuchado en el último cuarto de siglo y que han contribuido a agravar la situación. Así, Hollande ha señalado que los asentamientos y el terrorismo constituyen los dos grandes obstáculos para la paz, aunque no ha explicado qué medidas se van a adoptar para combatir seriamente esos obstáculos.

El ministro francés de Exteriores, Jean-Marie Ayrault, ha calificado de “provocación” el anuncio que hace unos días realizó la administración en ciernes de Donald Trump en el sentido de que Estados Unidos se dispone a trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Es, en todo caso, una provocación más, similar a las decenas de provocaciones que han hecho los europeos desde la Conferencia de Madrid al eludir abordar el conflicto de manera directa.

La Conferencia de París es otro desplante europeo. Se ha preparado durante muchos meses para no establecer ningún comunicado final significativo. Es una provocación similar a la de Barack Obama, que en vísperas de Navidad facilitó una resolución del Consejo de Seguridad contraria a los asentamientos judíos, y lo hizo después de ocho años sin hacer nada y apenas unos días antes de acabar su segundo mandato. Recuérdese que a Hollande solo le quedan unas semanas en el palacio del Eliseo, y que por eso mismo la Conferencia de París está desprovista de sentido se mire como se mire.

A Netanyahu no le ha costado nada poner en su lugar a Hollande y a los representantes de los 70 países y organizaciones internacionales que han asistido al cumbre. Con gran desparpajo se ha referido a la Conferencia en términos que adelantan que las cosas van a ser muy distintas pronto, en una aparente alusión a Trump.

“La Conferencia reunida hoy en París es una conferencia sin utilidad. La han coordinado los franceses y los palestinos”, ha dicho Netanyahu. “Su objetivo es intentar forzar sobre Israel unos términos en conflicto con nuestras necesidades nacionales. Por supuesto, empuja la paz más lejos porque endurece las posiciones de los palestinos y los aleja de las negociaciones directas sin precondiciones. He de decir que esta conferencia es una de las últimas crispaciones del mundo de ayer. El mundo de mañana será diferente, y está muy cerca”.

A estas alturas a nadie se le puede escapar que el Estado judío va a proseguir su expansión, seguramente con más ímpetu desde el momento en que Trump se haga cargo de las cosas en Washington. Es significativo que el yerno del presidente electo americano, Jared Kushner, haya realizado donaciones a algunos de los asentamientos judíos más radicales de Cisjordania. Con estos datos cobra sentido la profecía de Netanyahu en el sentido de que “el mundo de mañana será diferente, y está muy cerca”.

“No hay tiempo que perder. No estamos protegidos ante una explosión de violencia”, ha dicho el ministro francés Ayrault reconociendo el potencial de violencia de esta larga crisis. El conflicto israelo-palestino ha sido uno de los mayores focos de violencia de las últimas cinco décadas y de una manera u otra está vinculado prácticamente con todas las organizaciones árabes radicales, incluidas las yihadistas.

Pero al mismo tiempo puede verse la enorme ingenuidad de los reunidos en París, y especialmente de los que han intervenido más directamente en la elaboración del comunicado final, en el que se lee que los participantes hacen un llamamiento a las partes “para que demuestren, a través de sus políticas y acciones, un compromiso genuino a la solución de los dos estados y para que se abstengan de dar pasos unilaterales que prejuzguen el resultado de las negociaciones, incluido Jerusalén o cualquier otro asunto del estatus final”.