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Conflicto entre Rusia y Ucrania La prisión secreta del Donetsk, el espeluznante 'Abu Ghraib' de Putin

Un misterioso tractorista ha filtrado fotos del 'Abu Ghraib' de Putin en la Ucrania ocupada, la terrorífica prisión secreta del Donetsk donde torturadores rusos enseñaron a los separatistas a extraer verdades a presos políticos ucranianos mediante métodos de un salvajismo sin parangón en la Europa del siglo XXI. 'Público' divulga por primera vez en nuestro país imágenes de las mazmorras de Izolyatsia.

El interior de una celda de prisioneros en Izolyatsia
El interior de una celda de la prisión secreta de Izolyatsia. Tractorista del Donetsk

"Llévenlo a la quinta cabaña", escuchó decir Stanislav Pechonkin. No sabía dónde estaba porque habían cubierto su cabeza con una bolsa de plástico, pero sintió que había más gente en torno suyo en aquella habitación. "El tipo que me escoltaba ordenó a los otros reclusos de mi celda que me presionaran y que no me permitieran comer, beber ni dormir. De vez en cuando, alguien me golpeaba las piernas y las costillas y me preguntaba cómo había cooperado con la Seguridad ucraniana. Luego me sacaron completamente desnudo en pleno invierno al patio por pura diversión y me arrojaron agua helada a presión con la pistola de un lavadero de autos".

Stanislav Pechonkin es oriundo de Górlivka, una ciudad minera situada a 30 kilómetros del Donetsk y actualmente ocupada por los separatistas prorrusos. Pasó casi tres años en cautiverio, la mayoría de ese tiempo en la prisión secreta de Izolyatsia. No habían pasado ni unas horas desde su llegada a ese penal y ya supo de inmediato que aquel lugar no era una cárcel como las conocidas. Ni siquiera era comparable a la peor de las prisiones. Quienes lograron salir de allí con vida mencionan a menudo las palabras campo de concentración, probablemente porque evoca el mayor de los horrores al que un humano puede ser sometido al ser privado de su libertad.

Tras comprobar la capacidad de persuasión de sus carceleros, Stanislav cantó. ¿Inocente? ¿Inocente de qué? En Izolyatsia todos los reclusos son culpables. Los cautivos inventan historias, las que sean, para zafarse de los golpes y de todo lo demás. Y tan pronto como el abrumado Stanislav anunció su deseo de recitar la ficción que había armado en su cabeza le retiraron la bolsa y por primera vez, pudo observar la celda. Había siete presos más, tres empresarios del Donetsk y cuatro pobres desgraciados acusados de espionaje. "Para que recordáramos mejor nos llevaban a la cafetería, que era en realidad la sala de interrogatorios", una especie de mazmorra donde los carceleros persuadían a los presos para obtener sus confesiones.

Un profesor de Filosofía de Torez condenado por filtrar materiales a Radio Libertad y recluido también en ese infierno explicó tras su liberación que Moscú envió a una especialista rusa a los territorios ocupados para enseñar a torturar a los separatistas. Una de las imágenes de la fotogalería que acompaña a este reportaje muestra un pequeño teléfono junto con algunos restos de la cinta Scotch que los individuos al cargo de la prisión utilizaban para amordazar a los interrogados. "¿Sabes que es un tapik?", explicó Oleg Glaziuk en Ukrainska Pravda tras su liberación. "Es un aparato telefónico de inducción de bobina de campo que usaban para hacer hablar a los cautivos. Introducían esos electrodos en la lengua de una persona y en los genitales y los hacían retorcer con la corriente eléctrica. Primero, el tapik; luego. el polígrafo; luego, nuevamente el tapik.

"Sabemos además que un trabajador médico o alguien que se presentaba como tal se hallaba presente durante los interrogatorios y torturas para traer de nuevo a la consciencia a quienes perdían el conocimiento y enseñar a los carceleros cómo torturar infligiendo el máximo dolor sin matar a los reclusos", nos cuenta Oleksandra Matviichuk, responsable del Centro para las Libertades Civiles. "El asesor examinaba a los detenidos antes de las sesiones de tortura; les preguntaba sobre sus enfermedades; les medía la presión arterial o el ritmo cardíaco y les inyectaba sustancias desconocidas", explica. Es un hecho tan probado lo que afirma Oleksandra que incluso ha sido denunciado por la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Un teléfono de campo militar, en una de las cámaras de tortura improvisadas en Izolyatsia
Una cámara de tortura con un teléfono militar utilizado para electrocutar a los presos en la cárcel secreta de Izolyatsia. Tractorista del Donetsk

Matviichuk nos aclara que en torno a 300 prisioneros se hallan actualmente cautivos en la parte ocupada de Donbass de acuerdo a las cifras oficiales conocidas. "Sin embargo, eso es solo la punta del iceberg porque, además de las llamadas prisiones oficiales y centros de arresto preventivo, existe una extensa red de cárceles secretas". Y el más infame de los lugares de confinamiento no oficiales es Izolyatsia, una palabra ucraniana que literalmente significa aislamiento.

El campo de concentración de los separatistas prorrusos se fundó en los viejos edificios de una antigua fábrica soviética situada en la ciudad de Donetsk. Era utilizada antes del Euromaidan para albergar actividades y exposiciones de una fundación dedicada al arte. Los húmedos y sombríos sótanos de aquel lugar parecían acompañar inmejorablemente a los propósitos de quienes se sirven del lugar para extraer falsas confesiones mediante las torturas más abominables. "Allí solían celebrarse exposiciones, actuaciones y conciertos, pero ahora se utiliza para entrenar a personal militar, almacenar armas y encarcelar ilegalmente a presos políticos a quienes tratan como a forzados", añade la responsable del Centro para las Libertades Civiles.

"Cuando te llevan a la cafetería, te amarran con cinta adhesiva y envoltura de alimentos a una mesa especial para inmovilizarte y te conectan cables a los dedos de los pies o las manos y a los talones y los lóbulos de las orejas. Lo peor era cuando te los enchufaban en el ano o en la zona genital", explicó tras su liberación Stanislav Pechonkin. "Lo que uno siente durante estos procedimientos no es comparable a nada. Es como si una convulsión muy fuerte se extendiera por todo el cuerpo provocando un dolor infernal que deja profundas quemaduras como recuerdo. La gente a menudo no puede soportarlo y pierde el conocimiento". A uno de los presos, los sicarios de Putin le dejaron sobre la espalda las imborrables cicatrices de una esvástica que trazaron rasgándole la piel.

El médico que acompañaba a los torturadores en el sótano despertaba a los desfallecidos con sales aromáticas o, a veces, chocolate, un procedimiento de tortura ya ampliamente experimentado en las comisarías del FSD ruso, el KGB de Putin, donde a veces regalaban una mandarina a los presos arrestados tras el final de la sesión.

Otro de los antiguos internos que han logrado salir con vida del penal explicó al digital Ukrainska Pravda: "Vivíamos bajo el terror moral y físico cotidiano. Recuerdo escuchar pasos por el pasillo y pensar: Que no vengan a por mí. Y después se abrían aquellas puertas de hierro y sacaban a alguno para golpearle con los puños, con los pies, con un bate de béisbol, con la culata de una pistola. En las celdas, en el pasillo. Día y noche. Y eso, hasta el punto de que a menudo nos rompían las costillas. Algunos murieron, aunque ignoramos sus nombres".

De cuando en cuando colaboraban en las torturas incluso reclusos. En Izolyatsia no había solo presos políticos a los que la Seguridad del Donetsk denominaba "espías y saboteadores". Entre los internos había igualmente antiguos colaboradores del Gobierno del Donetsk caídos en desgracia o represaliados por algún motivo.

Pasillo en un sótano de Izolyatsia
Uno de los pasillos situados en los sótanos de la prisión de Izolyatzia. Tractorista del Donetsk

Muchos de los detalles que ahora conocemos sobre Izolyatzia fueron dados a conocer por un periodista ucraniano llamado Stanislav Aseyev en el libro The Light Way: The Story of a Concentration Camp, tras ser liberado por la Seguridad del Donetsk en el transcurso de un intercambio de prisioneros con las autoridades ucranianas. En las memorias de su paso por la prisión secreta, el reportero proporciona escalofriantes detalles del modo en que los prorrusos golpeaban, electrocutaban, estrangulaban, violaban, privaban de sueño, agua y comida y mutilaban a sus huéspedes. Algunos, como Oleg Glaziuk, fueron sometidos también a simulacros de ejecución. Aseyev utiliza una metáfora elocuente para expresar el trato que dispensaban a algunos de los prisioneros. Eran tratados como "carne, material de entrenamiento que podría ser literalmente martillado contra el suelo sin temer las consecuencias".

Gracias a Stanislav Aseyev, sabemos que las fotos de la galería que acompañan a este reportaje son auténticas y fueron tomadas, en efecto, en los lugares que describen los huéspedes de aquel infierno. Tras el intercambio de rehenes, afloraron valiosos nuevos testimonios sobre esa red secreta de prisiones donde los protegidos por el Kremlin ponían a prueba los límites del dolor humano. No existía, sin embargo, ni un solo documento gráfico anterior al Euromaidán que ilustrara aquel hotel de los horrores postsoviético hasta que hace un año, apareció de forma inopinada un canal en Telegram supuestamente creado por alguien que se identificaba como Tractorista del Donetsk y comenzó a divulgar fotos del interior de la prisión. Todas las imágenes de las mazmorras incluidas en el reportaje proceden de esa filtración.

No hay fotos de las vejaciones, pero sí de los espacios donde se practicaron, y las imágenes de las celdas y salas de tortura, donde se aprecian los restos de la cinta con que amordazan a los presos o de los teléfonos con los que los electrocutaban, vienen acompañadas de otras instantáneas del libro de registro de la prisión secreta. Nadie alberga duda de que, en efecto, las fotos no han sido fabricadas. ¿Pero quién es el Tractorista del Donetsk y cómo pudo tener acceso a las mazmorras de Izolyatsia?

Patio de ejercicios en una celda del campo de concentración
Patio de ejercicios en una celda del Izolyatsia. Tractorista del Donetsk

Cuanto se sabe acerca de su posible identidad se basa en meras especulaciones. Para empezar, su nick es un guiño inequívoco y humorístico a unas palabras pronunciadas por Putin en 2015 para desmentir la presencia de tropas rusas en los territorios desmembrados de Ucrania. "Los mineros y los tractoristas de ayer son los milicianos que luchan hoy en el Donetsk", aseguró al mandatario. El supuesto tractorista dice ser un bloguero interesado en que se cierre ese lugar. Sin embargo, los exreclusos que han analizado y validado el material son de la opinión de que detrás de ese drenaje se halla uno o varios de los carceleros. Solo alguien con total acceso a esas instalaciones comparadas por Aseyev con Dachau podría haberse movido libremente por Izolyatsia y tomado fotos con impunidad.

El exrecluso Stanislav Pechenkin aventura la más plausible de las explicaciones: que se haya producido alguna clase de enfrentamiento entre los clanes que gobiernan la fortaleza y se hayan decidido a divulgarlas con quién sabe qué objetivos desconocidos. Todos coinciden en que, una vez que se ha aireado su existencia, ese lugar se ha convertido en demasiado tóxico incluso para el Donetsk y, por supuesto, para el propio Kremlin. Se halla completamente descartado que las fotos fueran tomadas por un prisionero, porque estos carecían de los medios para tomarlas y menos aún para sacarlas del campo de concentración. "Sabemos que no es un Robin Hood y nos tememos que alguien implicado en la barbarie pudiera estar tratando de lograr algún tipo de indulgencia cuando se les juzgue por sus atrocidades", sostiene Pechenkin.

Tanque ruso T-72 en la prisión de Itzolyatsia
Tanque ruso T-72 en la prisión de Itzolyatsia. La Seguridad del Donetsk también oculta equipo militar pesado en el campo de concentración. Tractorista del Donetsk

¿Pagarán algún día por sus crímenes de guerra los carceleros? Varios de los asesinos han sido identificados y hace más de un año que la Oficina del Fiscal General del Estado trata de sacar adelante un caso penal contra los torturadores por participación en organización terrorista y malos tratos a civiles. Entre los sociópatas cuya identidad ha sido averiguada por los servicios ucranianos de inteligencia se halla Yevgen Brazhnikov. Los exreclusos proporcionaron relatos desgarradores de la participación activa en su tortura de ese individuo que recientemente ha logrado huir a Francia, donde ha solicitado asilo político a las autoridades galas. El infame alcaide de la prisión, un individuo al que solían referirse como Palych, ha resultado ser Denis Kulikovsky.

Pese a las pruebas y testimonios que acreditan los horrores de Izolyatsia, la cantinela habitual de los rebeldes de la llamada República Popular del Donetsk insiste en negar su existencia o la de otros lugares semejantes situados en Lugansk. Recientemente, la Wikipedia rusa intentó eliminar una entrada sobre ese centro de torturas, aduciendo que las fuentes ucranianas citadas por los autores no eran fiables.

Viñeta de la novela gráfica 'El Agujero', donde el artista Sergiy Zajarov cuenta su experiencia en los sótanos de una prisión del Lugansk
Viñeta de la novela gráfica 'El Agujero', donde el artista Sergiy Zajarov cuenta su experiencia en los sótanos de una prisión del Lugansk. - Sergiy Zajarov

Más de cien personas han contactado hasta la fecha con Kiev para denunciar que habían sido víctimas de torturas. Se sabe, sin embargo, que ese número es muy superior. Incluso a día de hoy, Izolyatsia sigue siendo el lugar más temido de Donetsk.

Existe también esperanza de que tercie la Corte Penal Internacional de La Haya, la cual ha admitido que en ese centro de tortura del Donetsk se han cometido una "amplia gama de conductas que constituyen crímenes de guerra".

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