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El Congreso ya pidió en 2007 la revisión sísmica de las centrales

El Consejo de Seguridad Nuclear estudia cómo responder de nuevo al Gobierno

MANUEL ANSEDE

El Gobierno se repite. Los "estudios sísmicos complementarios" en los reactores atómicos españoles anunciados ayer por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ya se solicitaron el 12 de diciembre de 2007, tras dos terremotos en zonas consideradas sísmicamente inactivas, en Escopete (Guadalajara) y Pedro Muñoz (Ciudad Real).

Entonces, el Congreso de los Diputados, a través de su Comisión de Industria y con el apoyo del PSOE, instó al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) a "evaluar los sistemas sísmicos de las instalaciones nucleares a resultas de la nueva situación". El 20 de octubre de 2008, el policía del sector atómico español entregó al Congreso un informe de cinco páginas que concluía que los seísmos no supusieron "riesgo alguno para la seguridad" de los reactores cercanos. El epicentro del terremoto de Escopete, de magnitud 4,2, se situó a tan sólo 10 kilómetros de la central de Zorita, parada desde un año antes para proceder a su desmantelamiento. El seísmo de Pedro Muñoz, de magnitud 5,1, se localizó a 70 kilómetros del mismo reactor, el 12 de agosto de 2007.

En su informe, el CSN detallaba media docena de proyectos de investigación, ya concluidos entonces, para mejorar la seguridad sísmica de las centrales. Costaron 1,3 millones de euros. Ayer, los técnicos del CSN no sabían muy bien en qué podrían consistir los nuevos estudios sísmicos exigidos por el Gobierno. El Ministerio de Industria, tampoco. "Es el CSN el que tiene que elaborar un plan", respondían fuentes del equipo de Miguel Sebastián. Los expertos del CSN se reunirán en los próximos días para analizar si deben diseñar nuevas pruebas o repetir las ya hechas.

El investigador Miguel Ángel Rodríguez Pascua, del Instituto Geológico y Minero de España, sí ve mucho trabajo por hacer para mejorar la seguridad de las centrales. El geólogo es experto en el estudio de fallas que tiemblan cada miles de años, una disciplina conocida como paleosismología. Cuando se construyeron las centrales españolas, "esta disciplina ni siquiera existía", dice.

Si hay una de estas fallas bajo un reactor, no se sabe. Rodríguez Pascua y otros 50 geólogos están intentando completar el primer mapa de fallas activas de la península Ibérica, aunque se encuentran con falta de financiación. "Si se hace la revisión sísmica de las centrales como siempre, no servirá para nada", zanja.

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