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Coronavirus ayudas UE La pelea por los coronabonos pone en peligro mortal la unidad de la UE

Las demandas de los países del sur por una respuesta económica contundente, liderados por Italia y España, cayeron en saco roto el pasado jueves ante la negativa de Alemania y Holanda a emitir corobonos o rescates europeos sin reformas estructurales asociadas. El tono aumenta en los políticos que acusan al norte de insolidario.

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, este jueves. EFE/EPA/FRANCOIS WALSCHAERTS
El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, este jueves. EFE/EPA/FRANCOIS WALSCHAERTS

Crisis nueva, caras diferentes, misma división. El órdago lanzado por Pedro Sánchez y Giuseppe Conte a Alemania y Holanda por una respuesta común europea más contundente al congelamiento económico por la emergencia del coronavirus que atraviesan sobre todo Italia y España, vuelve a poner de manifiesto que hay dos bandos bien diferenciados en el seno de la UE. Los líderes español e italiano se plantaron durante la videoconferencia con sus homólogos europeos del pasado jueves: no firmarían las conclusiones de la reunión si no se aceptaba la emisión de coronabonos o préstamos europeos sin reformas estructurales (léase, recortes) asociadas.

Por un lado está el sur, que aún arrastra los problemas de deuda abultada de la crisis financiera. Por el otro, el norte rico, que nunca llegó a estar tan mal, y que ha continuado con una política de comedimiento para crearse un espacio fiscal del que Alemania y Holanda no se han desprendido a pesar de las llamadas de la propia Comisión Europea a que invirtieran para animar la economía del continente. Ahora Alemania ha podido usar ese espacio para crear un plan de 750.000 millones de euros para proteger su economía. Italia, epicentro de la catástrofe, ha podido poner solo 25.000 millones sobre la mesa.

El plante de Conte y Sánchez ha dejado en muchos una sensación de dejà vu. La situación es similar a la de 2012, cuando Mario Monti y Mariano Rajoy, los entonces líderes de Italia y España, ya lanzaron un órdago común a Angela Merkel y los holandeses. Entonces, el principal objetivo de España era que el rescate a los bancos que supuso más de 58.000 millones de euros no se reflejara en las cuentas del Estado sino que contara como otorgado directamente por el BCE para evitar que hundiera aún más la cifra de déficit. Eso, además de una flexibilización en las condiciones de compra de deuda y que el fondo de rescate (MEDE) dejara de ser un acreedor preferente de la deuda española.

Con su plante, Monti y Rajoy consiguieron lo que se proponían. No está claro si Conte y Sánchez tendrán la misma suerte. De momento, los ministros de Finanzas recogerán la pelota de sus jefes y tratarán de deshacer el entuerto en dos semanas. Pero Merkel sigue montada en su nein y Mark Rutte en su nee. "No veo ninguna circunstancia en la que Holanda podría estar de acuerdo con la emisión de coronabonos", declaraba ante los medios Rutte tras la videoconferencia.

La tesis del norte es que el sur debía haber ahorrado más durante las vacas gordas. Si lo hubieran hecho, ahora que vienen mal dadas podrían tener espacio para responder. Así que, si alguien quiere un préstamo del fondo de rescate, debe aceptar las reglas del juego. Es decir, las reformas estructurales. Los países del sur defienden que esta es una crisis inesperada que afecta a todos los países por igual, y que por tanto no tienen sentido las condiciones normales de los rescates.

Alerta a los ricos del Titanic

Así es cómo una reunión a distancia que buscaba escenificar la unidad de la UE ante la crisis acabó retratando sus profundas diferencias. Una división que puede hacer temblar los cimientos de la propia Unión Europea. "Si no proponemos ahora una respuesta unificada, potente y eficaz a esta crisis económica, no solo el impacto será más duro, sino que sus efectos durarán más tiempo y estaremos poniendo en peligro todo el proyecto europeo", declaraba Sánchez en un comunicado oficial tras la reunión. El propio presidente del Gobierno hacía un paralelismo con la situación vivida durante la Gran Recesión: "No se pueden cometer los mismos errores de la crisis financiera de 2008, que sembraron semillas de desafección y división con el proyecto europeo y provocaron el ascenso del populismo. Debemos aprender esa lección".

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, defendía que las discusiones siguen siendo cordiales, pero admitía que el debate fue "muy fuerte", aunque útil y necesario. Las voces que llegan del sur estos días empiezan a subir de tono. Si el primer ministro portugués, António Costa, tachaba la posición holandesa de "repugnante", la ministra de Asuntos Exteriores española, Arancha González Laya apelaba directamente en Twitter al responsable holandés de Finanzas, Wopke Hoekstra: "Estamos juntos en el mismo barco europeo. Hemos chocado contra un iceberg. Ahora todos corremos los mismos riesgos. No hay tiempo para discusiones sobre supuestos pasajeros de primera o segunda clase. No es momento de defraudar a nuestros ciudadanos".

El propio Jacques Delors, uno los presidentes más carismáticos de siempre de la Comisión, que ostentó la cartera entre 1985 y 1995, y que habla en raras ocasiones, advertía este sábado del peligro que pueden provocar estas tensiones. "El ambiente que parece reinar entre los jefes de Estado y de Gobierno y la falta de solidaridad europea suponen un peligro mortal para la UE. El microbio está de vuelta", dijo en una posible referencia al retorno de los nacionalismos.

"Hoekstra no parece entender la naturaleza de la crisis hoy", se lamenta también Paul De Grauwe, economista del instituto CEPS y exasesor de la Comisión Europea. "No se ha dado cuenta de que estamos en una crisis diferente y no ha olvidado las viejas recetas que pudieron haber sido necesarias en la crisis financiera anterior".

También hay luz en el túnel

Pero no todo son malas noticias. La agria discusión sobre los coronabonos y la condicionalidad de los posibles préstamos del MEDE están tapando las respuestas comunes que la UE sí está dando a esta crisis. Aunque en un primer momento los Estados se replegaron en sí mismos, con algunos cerrando fronteras de manera unilateral y limitando la exportación de mascarillas y respiradores, en las últimas semanas las capitales han mostrado una mayor voluntad por cooperar.

¿Dónde ver esa respuesta europea? Para empezar, el Banco Central Europeo anunciaba hace una semana un programa de compras de deuda, el llamado bazuca, de hasta 750.000 millones de euros. Unos días después, la Comisión levantaba el límite al déficit que marca el Pacto de Estado y Crecimiento para que los gobiernos pudieran gastar sin límite en la gestión de la crisis. Algo que no había ocurrido nunca, ni durante lo peor de la anterior crisis financiera. 

Además, la Unión Europea ha aprobado ayudas directas por 37.000 millones de euros, recanalizados desde otras partidas, para ayudar a los países a capear la crisis. También ha anunciado fondos multimillonarios para la compra común de material sanitario y para financiar el desarrollo de una vacuna.

La cooperación no se ha limitado al terreno económico. Si bien es verdad que las mascarillas chinas llegaron a Italia antes de que ningún otro socio europeo se prestara a ayudar, Alemania y Francia han reaccionado y enviado más mascarillas en conjunto a los italianos de lo que lo hizo China. Alemania, Luxemburgo y Suiza (que no está en la UE) están incluso acogiendo a pacientes italianos ante el desborde del sistema sanitario transalpino.

Los técnicos de los países, que son los que escriben la letra pequeña de los grandes acuerdos, tienen ahora algo menos de dos semanas para encontrar la cuadratura del círculo: una solución que contente a ambos bandos. De no conseguirlo, y no parece fácil, el coronavirus podría acabar provocando una crisis existencial en la Unión.

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