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Crisis Migratoria en África Oriental Más de 45.000 refugiados etíopes llegan a un Sudán en crisis pero con las puertas abiertas

El frágil gobierno de transición en Jartum ha mantenido la frontera abierta para quienes huyen del conflicto en Tigray, aunque esté inmerso en una profunda crisis económica.

Refugiados etíopes que huyeron de la provincia de Tigréllegan a un campamento en la provincia sudanesa de Gedaref, el 17 de noviembre de 2020
Refugiados etíopes que huyeron de la provincia de Tigréllegan esperan en fila para recibir raciones de comida en un puesto fronterizo en Sudán. EBRAHIM HAMID

MARC GRANELL I DAUSa

Los temores de que lo que ocurriría en Tigray no se quedaría en Tigray apenas tardaron en materializarse. Solo habían pasado unos días desde que el gobierno federal de Etiopía había declarado la guerra contra las autoridades de esta región del norte del país, tras acusarlas de haber perpetrado un ataque sorpresa contra tropas regulares, cuando los primeros refugiados empezaron a cruzar la frontera hacia Sudán.

Aunque resulta difícil determinar con certeza lo que está ocurriendo en Tigray por el fuerte bloqueo informativo impuesto por Adís Abeba, se cree que cientos, y seguramente miles, han muerto desde que empezó la ofensiva. El primer ministro etíope, y Premio Nobel de la Paz en 2019, Abiy Ahmed, anunció el pasado sábado el fin de las operaciones militares en la región después de que el Ejército regular se hiciera con el "control total" de su capital, Mekelle. Pero el Frente Popular de Liberación de Tigray ha anticipado que seguirá luchando. Y mientras tanto, miles se han visto forzados a huir.

"La gente que he visto está asustada, en pánico, y puedes ver el miedo en los ojos de muchos niños, sobre todo aquellos que quizás han sido testigos de violencia o de aviones lanzando bombas", desliza a Público Salma Ismail, una portavoz de UNICEF que ha estado recientemente en los campos de refugiados. "Aunque algunos han llegado con sus animales, pertinencias y cosecha, la mayoría han venido sin nada", agrega.

"La gente que he visto está asustada, en pánico, y puedes ver el miedo en los ojos de muchos niños"

En el momento de publicar este artículo, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados ha registrado más de 45.000 refugiados. Una entrada de personas sin precedentes en las últimas dos décadas en esta parte del país que representa a su vez todo un desafío añadido para Sudán, que se encuentra inmerso en una frágil transición hacia la democracia, una profunda crisis económica y múltiples catástrofes humanitarias este año.

"Sudán ha sufrido varios shocks principalmente en el último año, pero también en los años previos, que han aumentado y mucho la necesidad de asistencia humanitaria en el país", explica Saviano Abreu, portavoz en Sudán de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), a Público.

Tras un difícil viaje por Etiopía, la mayoría de refugiados están cruzando a Sudán a través de cuatro puntos fronterizos ubicados en los estados de Kessala, Gedaref y, en menor medida, Nilo Azul, todos ellos en el sureste del país, según informa la OCHA. De media, han llegado unas 2.200 personas al día a estas localizaciones, desde las que son trasladadas a campos o asentamientos después de ser registradas por autoridades locales.

Una choza en construcción para refugiados etíopes en el campo de Um Raquba, Sudán, el 15 de noviembre de 2020. EBRAHIM HAMID / AFP

La mayoría de refugiados están llegando a la frontera con Sudán exhaustos después de realizar largas caminatas, que en algunos casos duran días. En el país de acogida, las autoridades locales y los organismos y grupos de ayuda humanitaria están teniendo grandes dificultades para hacer llegar suministros a los puntos de acceso y para trasladar a los refugiados a los campamentos, más hacia el interior, sobre todo por la escasez de combustible, un número limitado de vehículos y el mal estado de las infraestructuras.

"Al ser una zona muy remota, inicialmente había muy pocos recursos e instalaciones disponibles, lo que requiere de mucha asistencia adicional e infraestructura para hacer frente a la emergencia actual", señala a Público Sophia Jessen, de la oficina de relaciones externas de ACNUR en Sudán. "La saturación de los centros de tránsito es aún un gran desafío", agrega, poniendo como ejemplo el centro al que han llegado la mayoría de refugiados, que en un primer momento estaba diseñado para acoger solo 300 personas.

"Al principio, durante la primera semana, tuvimos más de 4.000 llegadas diarias"

Las previsiones iniciales de las autoridades sudanesas y de las agencias de Naciones Unidas contaban con la llegada de 50.000 etíopes, aunque con perspectivas de que la cifra pudiera doblarse en los próximos seis meses si no se detiene el conflicto en Tigray. En los últimos días, sin embargo, se ha producido un fuerte descenso de las llegadas por motivos que no están claros. La agencia AFP señaló desde el terreno que el ejecutivo etíope ha desplegado oficiales y milicianos al menos en la zona fronteriza de Humera, muy cerca de la principal zona de tránsito hacia Sudán. El gobierno federal, por su parte, lo niega, y atribuye la caída a la mejora de la situación en la región sin aportar pruebas.

"Al principio, durante la primera semana, tuvimos más de 4.000 llegadas diarias, y a lo largo de la última semana hemos visto un descenso hasta entre 500 y mil al día, pero es difícil determinar el motivo", apunta Jessen.

Entre los recién llegados, los más afectados son los niños. Muchos de ellos sin vacunar, los más pequeños son especialmente vulnerables ante la malnutrición, la falta de acceso a saneamiento y las enfermedades infecciosas, nota Ismail, de ACNUR. Y no se trata de un problema menor. Según el registro de la agencia, los menores de 18 años representan entorno al 45% de los refugiados, entre los que hay centenares de embarazadas.

Refugiados etíopes en Sudán. SAMREEN ABUIDRIS / SAVE THE CHILDREN
"Hablé con mujeres que habían dado a luz en la carretera, huyendo de la violencia"

"Tanto en el campo de Um Rakoba como en el centro de Hamdayet, hablé con mujeres que literalmente habían dado a luz en la carretera, huyendo de la violencia. Una mujer cogió a sus gemelos prematuros y se fue de la cama de su hospital para huir de las bombas. Los niños estaban claramente traumatizados y tristes", explica Ismail.

A pesar del enorme desafío que el conflicto en Tigray representa para Sudán, y a su proximidad con la región etíope, la gestión de Jartum ha sido hasta ahora elogiada. Por un lado, sus Fuerzas Armadas han declarado que están siguiendo atentamente lo que ocurre en el otro lado de la frontera, pero han rehusado inmiscuirse, a diferencia de lo que era habitual para ellas y para milicias locales durante el régimen de Omar Al Bashir, derrocado en abril de 2019 por el Ejército tras masivas movilizaciones populares.

Asimismo, las autoridades sudanesas han asegurado que no van a cerrar su frontera ante la llegada de refugiados, una decisión que se suma a la ayuda que los civiles de las zonas de llegada están brindando a sus vecinos etíopes pese a sus limitados recursos.

"Desde el comienzo de la emergencia hemos tenido a comunidades locales ofreciendo su ayuda muy rápidamente", asegura Jessen, de ACNUR. "Había sudaneses que venían y ofrecían una comida o alimentos calientes, y en algunos casos algunas comunidades de acogida ofrecían tiendas para refugios. Han sido muy acogedores", agrega.

La reacción y gestión de Sudán es especialmente notable debido a que el país ya está haciendo frente a unos problemas económicos vertiginosos, está acogiendo a un millón de personas de otros países africanos, se está recomponiendo de otras crisis humanitarias acaecidas este mismo año y está tratando de completar una delicada transición democrática. Los temores de hasta cuándo podrá aguantar Sudán sin una ayuda exterior mucho más decidida se suceden con cada nueva crisis que le sacude.

La inflación en el país africano, del 230% en octubre según la agencia de estadísticas estatal, se encuentra entre las más elevadas del mundo y acaricia ya la hiperinflación, lo que está empeorando la situación de millones de sudaneses. El gobierno de transición, a su turno, está tratando de hacer frente a un gran déficit presupuestario y a una economía en estado crítico por la desastrosa gestión de Al Bashir y las sanciones de Estados Unidos. En esta línea, la decisión de Washington de retirar a Sudán de la lista de Estados que patrocinan el terrorismo en octubre no se transformado a corto plazo en alivio.

Por si ello no bastara, Sudán ha sobrevivido este año a una ola de precipitaciones y de inundaciones sin precedentes en su historia reciente, que ha provocado decenas de muertos e incalculables pérdidas materiales, y ha tenido que lidiar con la Covid-19.

"Según estamos calculando, [el número] de personas en todo el país que necesitan ayuda humanitaria ha subido más o menos un 50% a finales de año [respecto] de lo que teníamos en 2020. Ahora estamos hablando de unos 13,50 millones de personas que van a necesitar ayuda humanitaria en Sudán durante los próximos meses y el próximo año", alerta Abreu, de la OCHA. "Eso nos pone a nosotros y al gobierno en una situación en la que hace falta incrementar recursos y asistencia a quienes lo necesitan", concluye.

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