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Resultados europeas Curiosidad y preocupación en Bruselas por el cambio de ciclo en la política europea

Más de 1.300 periodistas toman el Parlamento Europeo por una noche para contar cómo la nueva UE se enfrentará al mayor reto de su existencia.

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Vista del hemiciclo del Parlamento Europeo en Bruselas, convertido en centro de datos y sala de prensa durante la noche de las elecciones europeas del 26-M.. REUTERS/Francois Lenoir

Vientos de cambio en Bruselas. La prensa internacional recibe la nueva composición del Parlamento Europeo como aire fresco que se cuela por las grietas de una institución violentamente sacudida. Es el fin del ciclo electoral más convulso que nadie recuerda. Cada país ha votado en clave nacional, pero los resultados ofrecen una foto fija de la Europa de hoy: menos dependiente de las mayorías, más verde, más escéptica y, en una lectura optimista, más plural, pero con un reto tan descomunal como probarse merecedora de seguir existiendo.

Preocupación y curiosidad son una sola en los 1.300 rostros de los periodistas internacionales acreditados esta noche electoral. La prensa toma esta noche el Parlamento Europeo. Literalmente. En los 751 asientos de los parlamentarios se sientan esta noche los corresponsales, y dos salas adyacentes acogen a otros 500.

Si las elecciones europeas son los comicios transnacionales más grandes del mundo, la Eurocámara es hoy la redacción periodística más grande del mundo. Vienen de los 28 países miembros, que escriben y graban para radios y televisiones en las 24 lenguas oficiales.

“Es como un concierto de rock, un festival nerd para periodistas (bromea el periodista británico Brian Maguire, que cubre el evento para uno de los medios más especializados en la Unión Europea, Euractiv) Si les preguntas si quieren ir a Ariadna Grande o a la jornada electoral, te dirán que se quedan aquí”.

El edificio del Parlamento Europeo en Bruselas, durante la noche electoral del 26-M. REUTERS/Yves Herman

Lo cierto es que se siente la energía, la certeza, o las ganas, de estar contando un momento histórico. Hoy la prensa siente que se le permite formar parte activa del proceso democrático.

Cambian las caras y las siglas de los que deciden el futuro de Europa, y todos ellos están aquí, en el hemiciclo. “Este es el tablero de ajedrez de Europa”, dice Maguire, que también es comentarista de Euronews. Una pantalla gigante envolvente, mayor que la de un cine, proyecta los resultados en tiempo real. Los líderes de los grupos políticos salientes toman turnos de palabra para valorar los resultados.

Con todo, alrededor del 70% del Parlamento Europeo sigue siendo centrista y pro-europeo, así que según Maguire no hay razón para temer una gran ruptura ni fallo del sistema. “Los liberales pasan a ser parte del proceso de una manera muy espectacular” y con ese giro, el periodista de Euractiv se propone disfrutar de cómo cambia el poder de manos y cómo se reparte, dispuesto a dejarse sorprender por la, todavía, incertidumbre.

Una Alemania verde

Alemania ilustra hoy una Europa en pequeña escala: pérdidas significativas de los partidos mayoritarios de centro-derecha y centro-izquierda (cristianos demócratas y socialdemócratas, en el caso alemán), que deberán buscar alianzas cada vez mayores. En cambio, “es la primera vez en la historia de Alemania que los verdes consiguen una segunda posición, lo que prueba el despertar de la conciencia climática”, analiza el corresponsal del Süddeutsche Zeitung, Matthias Kolb.

Solo el aumento de la participación explica este cambio de equilibrios: ha votado un 13% más del electorado que hace cinco años (ha pasado del 48,1% al 61,5%). Una mayor movilización de votantes, especialmente de aquellos que antes no votaban, incluidos los jóvenes que se han manifestado todos los viernes desde principio de año pidiendo medidas para frenar el cambio climático.

El partido del gobierno de Angela Merkel queda fuertemente debilitado, pero de todos modos desde que la canciller alemana anunció su retirada, la CDU ya cuenta con tener que reinventarse para las próximas elecciones nacionales. Esto abre otra incertidumbre: ¿accederá Merkel a tomar un puesto clave en el Consejo Europeo?

El futuro de Merkel en la UE es un debate muy poco alemán. En Berlín todos saben que la canciller no quiere”, ríe Kolb de la credulidad del resto de europeos que piensan que la líder alemana pueda cambiar de opinión, y señala que la canciller ya lo ha hecho todo, que ha conocido a cinco presidentes de Estados Unidos, ha negociado toda clase de tratados. “Misión cumplida, hora de retirarse al campo y leer libros”, ironiza.

Francia y la izquierda apática

El ascenso de participación (que ha aumentado en un 8%) ha tenido el efecto opuesto en Francia, debido al “empuje de los chalecos amarillos de hacer política en la calle”, constata Pierre Benazet, corresponsal de Radio France Internacional en Bruselas desde hace 20 años. Igual que en Alemania, los partidos tradicionales están de salida. Pero aquí ha sido el partido de extrema derecha populista, Resurgimiento Nacional de Marine Le Pen, quien ha capitalizado a un electorado que de otra manera no habría ido a votar, apunta.

El gobierno francés queda así debilitado: “Macron ha salido muy mal parado a pesar de haberse presentado a sí mismo como el líder europeo” definitivo, lo cual hace solo peor los malos resultados: pone en duda Europa, y no solo a su persona. Con todo, se trataba de la primera vez que el partido centro-derecha del gobierno francés, En Marche, entraba en el Parlamento Europeo, y ha dotado al grupo de los liberales de 21 de los 74 escaños de los que Francia dispone.

Debilitado en casa, pero reforzando a los liberales en Europa, Macron aun puede conseguir un rol importante para sus personas de confianza. En clave francesa, la cabeza de lista en las europeas, Nathalie Louiseau, que aspira a una cartera económica en la Comisión Europea. En clave europea, Benazet no descarta que Macron apueste por la liberal Margrethe Vestager para dirigir la Comisión Europea, que juega su baza de mujer para promover su candidatura frente a sus rivales.

Sin embargo, lo que inquieta al el consagrado periodista francés no es tanto la recomposición del Parlamento Europeo, que considera algo meramente cíclico, sino la gestión del brexit, que sigue siendo el mayor reto de la Unión Europea. “Los que me preocupan no son los euroescépticos ni los populistas, sino los anti europeos”, como el partido del Brexit de Nigel Farage. El problema no es tanto que el Reino Unido se marche, sino lo que representata para Europa: la debilitación, la pérdida de credibilidad, la puesta en duda de un sistema democrático.