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Los déspotas están invitados

Londres retira al embajador sirio la invitación a la boda real, pero otras dictaduras tendrán representación

IÑIGO SÁENZ DE UGARTE

Protocolo monárquico y política exterior hacen una mezcla realmente complicada. "Los buenos, los feos y los malos están invitados a la boda" de William Windsor y Kate Middleton, dijo el miércoles a The Independent una fuente del Foreign Office para destacar que no todos los asistentes pasarían con nota un examen de derechos humanos.

Algunos de los "malos", muy pocos, se han caído por el camino. El Foreign Office informó ayer que se había retirado la invitación al embajador sirio por ser inaceptable su presencia a causa de "los ataques contra civiles por las Fuerzas de Seguridad sirias".

El día anterior, el embajador había tenido que comparecer en el Ministerio para dar explicaciones sobre la represión de las protestas, en las que han muerto centenares de personas. No fue entonces cuando se le comunicó que su presencia en la boda de hoy no sería conveniente. Eso permitió a los laboristas mostrar su protesta. El diputado Denis McShane dijo que la situación rozaba "lo grotesco".

Tuvo más influencia la decisión de los periódicos conservadores The Times y Daily Mail de llevar el tema a sus portadas del jueves. Horas después, el embajador se quedó sin ceremonia.

El diplomático sirio se lo tomó con filosofía: "Lo encuentro un poco embarazoso, pero no es algo que vaya a poner en peligro nuestras relaciones con el Gobierno británico".

El Gobierno dudó hasta el último momento sobre qué hacer con Siria

Sami Khiyami es el tercer embajador que no estará en la abadía de Westminster. Antes había ocurrido lo mismo con los representantes de Libia Londres apoya a los rebeldes que exigen el derrocamiento de Gadafi y Malaui, por un conflicto bilateral.

El Foreign Office intentó con poco éxito apagar la polémica con el argumento de que se han enviado invitaciones a todos los embajadores acreditados en Londres, aunque existan "fuertes discrepancias" con la política de sus países.

Eso es lo que justificaba en teoría que recibieran la invitación los embajadores de dictaduras como Zimbabue y Corea del Norte. ¿Por qué no aplicarles el mismo baremo que ha sufrido Siria? El Foreign Office prefiere no entrar en ese debate.

Con lo que el Gobierno británico lo tiene más difícil es con las invitaciones a otras monarquías, un asunto que lleva directamente la familia real. A ojos del palacio de Buckingham, las dinastías reales del Golfo Pérsico merecen el mismo tratamiento que las mucho más presentables monarquías europeas, a pesar del deplorable historial de violaciones de los derechos humanos habituales en las primeras.

El príncipe heredero de Bahrein anunció hace unos días que no asistiría

El bochorno era inevitable en el caso de la presencia del príncipe heredero de Bahrein, Salman bin Hamad al Jalifa. La monarquía de Bahrein reprimió con violencia la movilización pacífica en favor de reformas democráticas. Con la ayuda de tropas de Arabia Saudí y Qatar, las Fuerzas de Seguridad utilizaron fuego real contra los manifestantes y asaltaron hospitales para detener a los heridos. Nada muy diferente a lo que ha ocurrido en Siria.

El pasado fin de semana, el príncipe Al Jalifa ahorró el bochorno a sus anfitriones y declinó la invitación. Dado que es probable que el Foreign Office no se hubiera atrevido a dejar fuera a un miembro de la realeza, es probable que se viera obligado a hacer una discreta gestión para convencer a Al Jalifa de que su presencia sólo iba a causar problemas a los novios y sus padres.

Pero quien sí estará será el embajador de su país, del que ayer se supo que dirigió entre 2005 y 2008 la Agencia de Seguridad Nacional de Bahrein. Según Human Rights Watch, muchos de los disidentes detenidos en 2007 fueron torturados en instalaciones de esa agencia, así como en el Ministerio de Interior.

Los activistas republicanos y los grupos de derechos humanos no se conforman con el veto a los sirios y el mutis del príncipe de Bahrein. "La lista de invitados es todo un quién es quién de los tiranos y sus lacayos", ha denunciado Graham Smith, del grupo República.

Un grupo de derechos humanos de Bahrein ha montado una vigilia ante la Embajada saudí por su participación en la represión. La familia real saudí estará representada por un príncipe de menor rango que es además el embajador en Londres, lo que no es ningún alivio para los que se oponen a su presencia.

"Los buenos, los feos y los malos" están invitados, según el Foreign Office

"La lista supone un desprecio inaudito a los que sufren la persecución de estos déspotas reales", ha dicho Peter Tatchell, en referencia a los dictadores de Arabia Saudí, Suazilandia, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. "Es un insulto a las víctimas de esas dictaduras".

Con independencia del caso de Siria, la prensa británica ha dedicado más espacio al hecho de que no estarán Tony Blair ni Gordon Brown. La razón es protocolaria. La familia real no está obligada a invitarlos al no ser una boda de Estado, pero lo cierto es que sí envío la carta a Margaret Thatcher, que no estará por razones de salud, y a John Major, porque son miembros de la Orden de la Jarretera. Una orden fundada en 1348 ha resultado tener más relevancia que la neutralidad de la monarquía.

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