Público
Público

Donald Trump Hacia un 'impeachment' de alta velocidad 

Tanto demócratas como republicanos quieren un proceso rápido. El juicio en el Senado será la primera semana de enero y la votación final se baraja para ese mismo mes, de manera que no se entremezcle con el proceso de primarias demócratas de febrero. 

Foto de archivo del Congreso de Estados Unidos./Archivo del Congreso

La aprobación hoy por parte del Comité de Justicia del documento de acusación contra Donald Trump —con los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso— confirma que el proceso de revocación del mandatario ha cogido un ritmo que no parece que vaya a menguar puesto que tanto demócratas como republicanos quieren un impeachment de alta velocidad. El juicio en la cámara alta, el Senado, comenzará la primera semana de enero, con lo que la votación final se baraja para ese mismo mes.

La Cámara de Representantes votará el documento de acusación a Trump la semana que viene 

El documento aprobado hoy pasará a la Cámara de los Representantes, cuyo pleno lo someterá a votación, según está previsto, la semana que viene. Hoy es el día 80º desde que la presidenta de la Cámara de los Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, anunció el impeachment y en estos apenas tres meses va a dar tiempo a abrir las investigaciones, realizar las audiencias a puerta cerrada, dos semanas de audiencias públicas, concluir el documento final y votarlo.

Todo este proceso está siendo controlado hasta ahora por los demócratas, que tienen mayoría en la cámara baja. Una vez se vote el texto de acusación con los dos cargos en el pleno del Congreso de la semana que viene, los tiempos del impeachment pasarán a ser manejados por los republicanos. Pero no parece que éstos quieran bajar la velocidad del proceso, sino mantenerla y hasta aumentarla.

Ambos partidos tienen razones de peso para ello. Los republicanos no quieren prolongar un proceso que no ha parado de revelar detalles oscuros sobre la manera de presidir de Trump y que podría acabar por romper al partido. De momento están todos a una y nadie ha querido señalarse, pero todos quieren que acabe ya está situación.

El comité demócrata, con la portavoz Nancy Pelosi al frente, anuncia las acusaciones contra Trump. (JONATHAN ERNST | REUTERS)

El mismo Trump escribió un tuit en diciembre en el que urgió a los demócratas a actuar rápido a fin de poder declarar cuanto antes en el Senado, de mayoría republicana. "Si queréis revocarme", indicó, "hacedlo rápido, así podremos tener un juicio justo en el Senado para que nuestro país pueda volver a la normalidad de nuevo".

Esta semana Trump ha amenazado con intentar empantanar el proceso y ha sugerido que se estaría planteando llamar a declarar al hijo de Joe Biden y hasta al presidente del Comité de Inteligencia del Congreso, Adam Schiff, quien ha dirigido las audiencias.

Sin embargo, todo apunta a que esto no es más que la enésima de sus bravuconerías porque los senadores republicanos no deberían estar interesados en convertir el juicio en el Senado en un circo, como ha sugerido a menudo McConnell.

Y más cuando 23 de los senadores del partido —además de diez demócratas— se enfrentan a elecciones de reelección el año que viene, una cita electoral que será muy disputada para algunos de ellos —como Martha McSally, por Arizona; Cory Gardner, por Colorado; y Susan Collins, por Maine—.

Los demócratas quieren evitar que el proceso contra Trump interfiera en sus primarias

En cuanto a los demócratas, éstos consideran que, realizada la investigación, ya sólo queda votar y tratar de que el proceso no interfiera o lo haga lo menos posible en sus primarias para elegir al candidato del partido para las elecciones de noviembre de 2020.

De hecho, los demócratas podrían haber optado durante la investigación por recurrir a la vía judicial para tratar de obtener ciertos documentos oficiales del gobierno y haber forzado a declarar ante el Congreso tanto al presidente como a otros políticos y oficiales de la Casa Blanca, cuya participación fue vetada por la administración Trump.

Sin embargo, como ha explicado Pelosi recurrentemente, recurrir a la justicia habría supuesto inevitablemente retrasar el proceso. Además, los testigos que participaron en las audiencias ofrecieron evidencias y detalles más que suficientes para redactar el escrito de acusación.

Los cuatro primeros candidatos de las primarias demócratas —Biden, Sanders, Warren y Buttigieg— se encuentran en plena campaña y dos de ellos —Sanders y Warren— son senadores así que podrían resultar perjudicados si el juicio en el Senado se prolonga hasta febrero, puesto que ese mes empezarán los caucus y las primarias estatales para elegir al candidato final: el primer caucus se celebrará el 3 de febrero en Iowa y las primeras primarias serán el 11 de ese mes en New Hampshire.

La fecha del juicio político en el Senado apunta a las dos primeras semanas de enero 

El senador republicano Mitch McConnell, líder de ese partido en la cámara alta, ha desvelado esta semana que el juicio político a Trump en el Senado comenzará a principios de enero —otros senadores republicanos han dado a entender que será el lunes 6 o el martes 7—.

Teniendo en cuenta que este impeachment está siguiendo en un alto porcentaje el esquema y las fechas del último realizado —el de Bill Clinton, entre 1998 y 1999— todo apunta a que realizar la votación final en el Senado en enero es más que factible. Eso sí, siempre y cuando la velocidad de crucero que ha tomado este impeachment no se detenga.

De los tres procesos revocatorios realizados hasta ahora en Estados Unidos —Johnson, Nixon y Clinton—, sólo dos —Johnson y Clinton— llegaron al voto final en el Senado y sólo uno —el de Clinton— ha tenido lugar en los tiempos de la política moderna —el de Andrew Johnson fue en 1868—.

Se da la coincidencia, como se ha mencionado, de que el de Clinton se produjo bajo un esquema y unas fechas muy similares a este contra Trump. Un ejemplo: en 1998, la Cámara de los Representantes formalizó el impeachment el 8 de octubre mientras que en este caso dicha votación se efectuó el 30 de dicho mes.

Para Clinton, el juicio en el Senado comenzó el 7 de enero —casi un calco del previsto para Trump— mientras que la votación final llegó el 12 de febrero. Y aquí es donde tanto republicanos como demócratas quieren acelerar esta vez. En total, el de Clinton duró 127 días. El de Trump podría durar incluso menos.

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante una conferencia en Pittsburgh este miércoles. / Reuters

"Todo indica que los republicanos quieran votar cuanto antes y cerrar el asunto. Alargar el proceso en el Senado es muy arriesgado para ellos porque podrían surgir más revelaciones comprometedoras… lo lógico es que quieran votar y pasar página enseguida", explica Steffen Schmidt, politólogo de la Universidad de Iowa.

Hasta el momento, el partido republicano se ha mostrado fiel y hecho un bloque en su apoyo a Trump, aunque internamente y detrás de los focos hay críticas a su actuación.

Una demora del 'impeachment' podría resquebrajar la unidad  mostrada por el Partido Republicano

No es previsible que la semana que viene en el pleno de la Cámara de los Representantes ningún miembro republicano vaya a votar a favor del impeachment, como ya sucedió cuando la cámara baja aprobó iniciar el proceso el pasado 31 de octubre.

En cuanto al Senado, ningún senador republicano ha mostrado hasta ahora indicios de que pueda votar contra Trump, salvo su enemigo habitual y excandidato a la presidencia del país, Mitt Romney, que está más allá del bien y del mal y nada tiene que perder.

De hecho, como opina el politólogo Roger Senserrich, de Politikon, por ese lado podrían venir, de producirse, los primeros opositores internos de Trump: de los senadores con prestigio y recorrido "o de aquellos que no se enfrentan a una reelección en 2020 y que no se juegan la silla, como Enzi, Alexander o Roberts".

"En cuanto a los que sí afrontan elecciones, podrían cambiar su voto si los sondeos en sus Estados señalan que la defensa de Trump les hace mucho daño, pero es un escenario que ahora mismo parece improbable", explica. "Con todo, que la bola de nieve crezca y sea tan grande como para llegar a dos tercios, se ve casi imposible en estos momentos", señala Senserrich.

Los republicanos tienen en el Senado una mayoría de 53 escaños frente a 47 demócratas y hacen falta dos tercios de la cámara —es decir, 67 votos— para deponer a Trump; esto es: que 20 senadores republicanos voten a favor de expulsarlo de la Casa Blanca. De ellos depende el futuro del mandatario norteamericano. De momentos, los números están con Trump pero cada día que pase es una oportunidad para que la situación cambie.