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EEUU El nuevo avión de combate europeo se le atraganta a Trump

El Pentágono ha iniciado otro foco de hostilidad con la UE. O, dicho con mayor precisión, ha señalado al prototipo de caza europeo que Alemania, Francia y España pretenden tener operativo en 2026, como una nueva batalla transatlántica entre los dos grandes consorcios aeronáuticos, Boeing y Airbus, cuya división militar fabricará el nuevo prototipo.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, habla con los medios de comunicación a las afueras de la Casa Blanca. Archivo

DIEGO HERRANZ

Ni contigo ni sin ti. La misma administración americana que ha exigido a Europa mayores gastos militares se opone frontalmente a cualquier avance en la integración de los ejércitos europeos. E, incluso, a que proyectos específicos como el nuevo avión de combate que verá la luz en 2026, a tenor del acuerdo de cooperación suscrito recientemente por los titulares de Defensa francés, alemán y español, puede servir de germen de un ejército europeo, con partidas presupuestarias concretas y estrategias de seguridad sometidas a los designios de la cúpula de la OTAN. Detrás de las reticencias del Pentágono subyace una nueva fricción comercial. O, para ser más exactos, otra disputa entre los dos grandes consorcios aeronáuticos: la estadounidense Boeing y Airbus, la multinacional europea que compite con el gigante americano. Entre otras razones, porque el equilibrio de fuerzas en el orden militar está sometido a grandes movimientos telúricos que se derivan de los cambios unilaterales en materia de seguridad de la Casa Blanca. El Pentágono se ha visto sometido en los últimos años a tensiones con aliados –Europa, Turquía– con rivales como Rusia, China o Irán o al reforzamiento de alianzas con países como Arabia Saudí. El efecto más visible de este nuevo tránsito abierto por la errática política exterior americana son los sucesivos ejercicios de pingües beneficios de su industria armamentística. Amparados en una escalada de riesgos de toda índole, que irrumpe a través de varios acontecimientos. Desde el rearme nuclear de las potencias atómicas y de países que aspiran a entrar en este selecto club global, como Irán, hasta la modernización de la práctica totalidad de los arsenales convencionales de las naciones con ejércitos más poderosos, o la supresión de los grandes acuerdos de desarme mundiales.

Dassault Aviation y la división militar de Airbus pondrán en marcha esta alianza militar anunciada
por Macron

En este contexto ha emergido un nuevo botón de muestra. Que no satisface precisamente a la Casa Blanca. Porque la iniciativa del eje franco-alemán, al que se ha incorporado Madrid –Reino Unido, el socio que siempre se ha involucrado en los grandes planes de militarización de la UE, se ha tomado un compás de espera mientras se deciden las medidas de su divorcio con Europa, aunque Londres no descarta que, si fuera pacífico, pueda intervenir en los avances comunitarios hacia la creación de un Ejército común, un pilar en el que siempre ha cooperado con efusividad– tiene dos ases industriales en la manga: Dassault Aviation, firma con sede en París, y la división militar de Airbus, estacionada en Alemania. Serán los  dos consorcios estratégicos que pondrán en marcha esta alianza militar, anunciada por el presidente francés, Emmanuel Macron, en 2017 y que ahora toma cuerpo con la firma del acuerdo trilateral. A falta de conocer lo pormenores del negocio del futuro avión de combate –y en concreto, los detalles de los contratos industriales específicos de ingeniería y las compañías que montarán finalmente los motores aeronáuticos–, que El Elíseo declina avanzar, el Gobierno de Berlín ha hecho oficial otra decisión importante, que los cazas estadounidenses F-35 no optarán a reemplazar a su vieja flota de Tornados. Bajo el argumento de que Alemania desea favorecer al sector militar europeo en la modernización de su Ejército.

Lista de agravios americanos

Ambos asuntos han molestado sobremanera a la Casa Blanca, que se ha encargado de trasladar su queja a las tres capitales europeas. Sobre todo, porque la cooperación del eje franco-alemán y de España lleva implícito la creación de un sistema de combate aéreo europeo que reducirá la actual dependencia de tecnología y suministros de la industria armamentística americana. Esta generación de fuerzas áreas de nueva generación en Europa, denominada Future Combat Air System (FACS) también incluye la fabricación de drones desde 2027 y los líderes europeos que participarán en su desarrollo pretenden que sea una fuerza plenamente operativa en 2040. La titular de Defensa gala, Florence Parly, describe el FCAS como un “acuerdo estratégico de la UE para anticiparse a los grandes riesgos geo-políticos en la segunda mitad de este siglo”. En EEUU, sin embargo, dan por hecho que Dassault Aviation y Airbus serán los encargados de fabricar los futuros aviones de asalto europeos, para la que contarían con una dotación inicial de 100.000 millones de euros, según han filtrado a la agencia alemana DPA fuentes comunitarias. Airbus ha admitido en paralelo su total predisposición a optar a la construcción de una amplia variedad de sistemas aéreos, de satélite y de combate naval y terrestre de un futuro ejército europeo y de los concursos que emanen de la Alianza Atlántica.

Washington ha advertido por carta a Berlín y París de las consecuencias sobre los tratados transatlánticos

Pero las inquietudes de Washington no se limitan sólo al ámbito diplomático. Donald Trump se ha apresurado a meter el dedo en la llaga en uno de los debates más sensibles en la sociedad civil alemana: las armas nucleares. Su advertencia de que podría trasladar 2.000 efectivos de las bases militares de las que dispone en Europa Occidental –y específicamente, en suelo germano– a Polonia, uno de sus más firmes apoyos en la UE, han vuelto a situar la dialéctica en la opinión pública germana. El presidente estadounidense precisó que “era una decisión que valora muy en serio” al lado del jefe del Estado polaco, Andrzej Duda, durante su reciente visita al Despacho Oval. Al fin y al cabo –recalcó Trump– “Alemania no está pagando proporcionalmente a la OTAN los desembolsos que está acometiendo Polonia”. Berlín se ha anclado en el 1% de su PIB en vez de en el 2% y el límite para alcanzar este gasto expira en 2020, recordó. “Por primera vez desde 1949, Alemania no está bajo el escudo protector de EEUU”, alerta el político y científico alemán Christian Hacke en un reciente artículo de opinión en Welt am Sonntag, uno de los dominicales más leídos del país. Después de que las palabras de Trump hicieran resurgir la cuestión de si los países europeos desean abandonar la protección de EEUU. Incluida la cuestión de si Berlín debe desarrollar armas nucleares. Treinta años después del incidente en el bosque de Heilbronn, en el sur del país, con la explosión de un misil Pershing 2 que a punto estuvo de desencadenar un altercado de consecuencias imprevisibles en plena Guerra Fría. Entonces, Berlín decidió que no permitiría cabezas atómicas en su territorio.

Pero, ahora, con el rearme de EEUU, Rusia, China y otras potencias nucleares, el debate vuelve a estar servido. Hacke apuesta sin tapujos a favor. “La defensa nacional debe cimentarse en las armas atómicas, debe ser una prioridad, a la luz de las nuevas incertidumbres transatlánticas y de las potenciales confrontaciones globales”. Incluso al margen de Europa. A su juicio, cualquier respuesta europea conjunta ante tales amenazas es “ilusoria”. Aunque otras voces como la de Jim Townsend, uno de los investigadores del Programa de Seguridad Transatlántico en el Center for a New American Security, se apresuran a alertar de que “la capacidad nuclear en el Ejército alemán nunca debe ser una carta que se deba jugar”. Es un asunto –dice– “siempre candente en Alemania, pero no debería ocurrir bajo ningún concepto”, asegura a Business Insider.

La boyante industria armamentística de EEUU

El otro caballo de batalla que aduce la Administración Trump es el empresarial. El presidente de EEUU amenaza a Berlín y París con consecuencias si la industria militar americana queda fuera de los negocios de Defensa europeos. Se las trasladó mediante carta, suscrita por la cúpula del Pentágono, el pasado 1 de mayo. En la misma, la Casa Blanca expresaba que “las limitaciones” [al sector armamentístico estadounidense] serían interpretadas por Washington como “píldoras venenosas” entre dos “socios y aliados” con “sólidas alianzas” y que este armazón de acuerdos “podría reconsiderarse en el futuro” y generar un “dramático revés a tres décadas de integración en el sector de Defensa transatlántico”, informaba hace unas fechas la agencia Reuters.

La industria armamentística americana, además, está en plena efervescencia de fusiones. Tras adquirir mayor dimensión desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. La última, Harris Corp que acaba de anunciar la adquisición de L3 Technologies, por 19.000 millones de dólares. El comercio de armas de las compañías aeroespaciales y de defensa ha superado los 80.000 millones de dólares y la actividad de uniones empresariales (Merger and Acquisitions, M&A) ha superado la del doble mandato de Barack Obama, destaca Bloomberg.

El nuevo avión de combate europeo se le atraganta a Trump

Las megafusiones en este sector son un tema tabú. Pero la ofensiva de Trump a favor de que unan sus fuerzas es evidente. Empresas medianas como Textron, que construye los helicópteros Bell, podría acabar en manos de Boeing, Raytheon o Lockheed Martin en breve, según analistas del mercado. Su valor, 16.000 millones de dólares. Como ha anunciado en las últimas semanas Northrop Grumman, que ha adquirido Orbital ATK, fabricante de lanzaderas de misiles. La idea de Washington es que las firmas armamentísticas de EEUU cobren mayor dimensión para poder competir en los concursos internacionales. Además de servir de suministradoras en proyectos de modernización del Ejército americano. El Pentágono dispone de más de 600.000 millones de dólares del presupuesto federal de este año fiscal para tal cometido.

Europa sopesa si compartir en el futuro alianzas estratégicas con las firmas americanas

Las megafusiones en este sector son un tema tabú. Pero la ofensiva de Trump a favor de que unan sus fuerzas es evidente. Empresas medianas como Textron, que construye los helicópteros Bell, podría acabar en manos de Boeing, Raytheon o Lockheed Martin en breve, según analistas del mercado. Su valor, 16.000 millones de dólares. Como ha anunciado en las últimas semanas Northrop Grumman, que ha adquirido Orbital ATK, fabricante de lanzaderas de misiles. La idea de Washington es que las firmas armamentísticas de EEUU cobren mayor dimensión para poder competir en los concursos internacionales. Además de servir de suministradoras en proyectos de modernización del Ejército americano. El Pentágono dispone de más de 600.000 millones de dólares del presupuesto federal de este año fiscal para tal cometido.

Pero el escenario mundial es más complejo. La carrera armamentística en la que han entrado sin freno Rusia, China y EEUU ha convulsionado el sector. Europa sopesa si compartir en el futuro alianzas estratégicas con las firmas americanas. Mientras la Casa Blanca amenaza a Turquía, miembro de la OTAN, por plantearse adquirir un sistema de misiles rusos, ante las reiteradas críticas al Gobierno de Erdogan, vende cazas F-16 a Taiwán que irritan a Pekín, o sus grandes emporios reciben más de 16.000 millones de dólares por la entrega de 114 cazas a la India, una potencia nuclear que rivaliza con China. O incrementan los activos en sus balances por el mega-acuerdo con Arabia Saudí o las tensiones con Irán. A río revuelto, ganancia de pescadores. En un mundo en el que hay menos nichos de negocio, pero más suculentos, porque en los contratos se premia la innovación tecnológica, la inteligencia artificial o los aviones no tripulados de difícil detección.

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