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EEUU La rebaja fiscal de Trump deja otro 'efecto colateral': bajan las donaciones de caridad

La doble y agresiva rebaja fiscal de la Administración incluía una supuesta clarificación del sofisticado Código Fiscal americano. Pero la letra pequeña de la nueva ley sigue adoleciendo de falta de comprensión. Los fondos filantrópicos han caído un 2% desde su entrada en vigor por las dudas sobre sus deducciones.

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Donald Trump, tras la firma de una reforma fiscal que incluye notables recortes de impuestos para empresas y trabajadores | EFE

Dicen los expertos en filantropía que EEUU es la cuna de los fondos de caridad. Y no les falta razón. Entre otras cuestiones, porque la mayor economía del planeta carece de un auténtico estado de bienestar. Al menos, tal y como se conoce en Europa, financiado con fondos públicos a costa del presupuesto del Estado. Con esta notable —que ha hecho germinar desde tiempos remotos la cultura de las donaciones para sufragar programas sociales dentro y fuera del país, según los objetivos fundacionales de las instituciones que operan en el Tercer Sector y que, por norma general, llevan el nombre de algún insigne político, empresario o banquero—, los fondos de caridad no gozan de buena salud.

En gran parte, por la “ininteligible” regulación sobre deducciones fiscales por aportaciones filantrópicas que contiene el Código Fiscal que se aprobó como un apéndice a la excepcional doble rebaja tributaria inspirada por la Administración Trump —y respaldada por el Congreso después de una dura batalla política— nada más iniciar su periplo en la Casa Blanca.

Los filántropos americanos se quejan de que las deducciones por donaciones privadas resultan ininteligibles tras la rebaja impositiva de Trump​

Según un estudio de Giving USA, uno de los organismos que supervisa el vigor financiero y el desglose de los distintos programas que reciben ayudas desinteresadas de entes sin ánimo de lucro, la complejidad de las normas impositivas del Ejecutivo de Trump ha reducido en casi un —un 1,7%— las contribuciones de caridad y en un 3,4% las individuales en 2018. Este diagnóstico es el primero que sigue a la entrada en vigor de las rebajas impositivas. Hasta ahora, la tendencia era de gradual repunte de los fondos destinados a programas sociales.

Descontada la inflación anual, las líneas financieras de corporaciones, fundaciones y ciudadanos estadounidenses alcanzaron la cifra de 427.700 millones de dólares. Aunque en contra de lo que pudiera parecer, las donaciones a título personal contabilizaron más de las dos terceras partes del cheque definitivo, pese a que las empresariales y las vinculadas al Tercer Sector crecieron y ayudaron a corregir la debacle de las aportaciones individuales.

“El ambiente de 2018 no fue el más idóneo para facilitar el flujo de donaciones; de hecho, fue el más complejo en años; sobre todo, por los cambios impositivos, aunque también por la alta volatilidad de los mercados”, dijo Rick Dunham, presidente de la Fundación Giving USA, en la presentación del informe anual que se basa en los datos aportados por donantes e instituciones sin ánimo de lucro.

Las leyes fiscales de 2017 casi doblaron la deducción tipo por asignaciones filantrópicas, hasta los 24.000 dólares por pareja. Una ventaja impositiva para las donaciones. Mayor, incluso, que los beneficios por el pago de intereses hipotecarios o las que ofrecen las administraciones estatales o locales para las unidades familiares. Pero sólo la tramitaron 18 millones de contribuyentes, lejos de los 46,5 millones del año precedente, según estima el Comité Conjunto sobre Tributación del Congreso.

Las diferentes congregaciones religiosas han sido las más perjudicadas por este receso. Aunque también han visto reducidos los fondos procedentes de fundaciones y empresas. El asunto ha cobrado tal preocupación, que congresistas de ambas formaciones, republicanos y demócratas, contemplan la opción de elevar la deducción justo por debajo del nivel de exención fiscal. Pese a que esta maniobra supondría una merma para las arcas del Tesoro de 515.000 millones de dólares en la próxima década, avanza Tax Foundation, entidad independiente y sin ánimo de lucro que analiza el escenario impositivo en EEUU desde 1937.

Imagen de archivo | EFE

Brecha social en EEUU

Uno de los fenómenos en el que más nítidamente se aprecia la pobreza en la que está sumida la mayor economía del mundo, y la que más multimillonarios posee, es el número de personas sin hogar. Los homeless, además, han aumentado en los tres años que lleva Donald Trump en la Casa Blanca. A pesar de que la economía ha registrado la mayor expansión de su historia desde su entrada en recesión por la crisis de 2008. A un ritmo superior al 3% en el trienio del dirigente republicano. Desde los 549.428 de 2016 a los 552.830 de finales de 2018.

El presidente de EEUU se desmarcó recientemente de este asunto durante una entrevista con Tucker Carlson, uno de los presentadores estrella de su canal favorito, Fox News. En su intervención, criticó a quienes inciden en que la crisis de los sin techo en las grandes ciudades se haya agudizado en su periodo presidencial, pese a que los datos procedan del Gobierno federal. Expandió la responsabilidad a su demonio favorito, el establishment liberal, término con el que descalificó constantemente a su rival, Hillary Clinton, durante la contienda electoral. “Es un fenómeno estructural desde hace décadas”, aclaró. La estadística oficial, en cambio, revela que los homeless se han reducido en el país desde 2007, si bien han aumentado en las grandes capitales. Una parte esencial para su supervivencia y para programas de reinserción social proceden de los fondos de caridad.

Los 50 mayores donantes estadounidenses también han reducido a casi la mitad sus aportaciones el pasado año en relación a 2017

La pérdida de fondos filantrópicos también se aprecia al repasar a lista de los grandes donantes. Abanderada, en 2018, por Jeff Bezos, el presidente de Amazon y el hombre más rico del mundo el pasado año, cuya fundación desembolsó más dinero que el fundador de Microsoft, Bill Gates, y el CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, juntos. Y en medio de un clima reivindicativo inédito en el que personalidades que van desde la congresista demócrata Alexandra Ocasio Cortez hasta el financiero Warren Buffett, se declaran partidarios de la creación de un impuesto especial para los más ricos, con altos gravámenes. Casi todos, incluidos en la lista de los 50 mayores donantes de fondos que elabora Chronicle of Philanthropy, y cuyos estudios anuales demuestran la fuerte caída de las aportaciones caritativas. En 2018, todos ellos dieron donativos por valor de 7.800 millones de dólares, algo más de la mitad de los 14.700 millones del ejercicio precedente. Otra señal que enlaza con la rebaja fiscal de Trump.

Este ranking, copados por milmillonarios, lo lidera Jeff Bezos, que el pasado año entregó 2.000 millones de dólares a causas benéficas a través de su entidad fundacional, Bezos Day One Fund, casi todas dirigidas a ayudas a familias sin hogar. Una porción notable, pero, a la vez, mínima, si se tiene en cuenta que su fortuna personal asciende a más de 136.000 millones de dólares, una cifra comparable al tamaño de las economías de Kuwait o de Ucrania. En el segundo escalafón irrumpe Michael Bloomberg, con un patrimonio valorado en 56.000 millones de dólares, que dio 767 millones de dólares, mayoritariamente destinados a programas de arte, educativos, medioambientales y sanitarios.

Bill Gates, que encabezó la clasificación en 2017, ha descendido al puesto decimo segundo, con 138 millones, gestionados a través de su brazo filantrópico, Bill y Melinda Gates. Aunque, desde 1994, sus aportaciones ascienden a 45.500 millones de dólares. Mark Zuckerberg, que, como el ex presidente de Microsoft, realiza su labor caritativa junto a su mujer, Priscilla Chan, por medio de un fondo denominado Initiative Donor Adviser, contribuyó con 214 millones, ocupando el séptimo puesto, pero lejos de los 2.000 millones de 2017.

Los países más filantrópicos

En términos globales, e identificado por países, las labores filantrópicas con mayores recursos financieros señalan a tres países que superan el volumen de donaciones estadounidenses. Por orden decreciente, el top-three los abanderan Indonesia, Australia y Nueva Zelanda, asegura el CAF World Given Index 2018, que repasa la actividad en 146 países del planeta. EEUU es el cuarto mayor territorio en materia de donaciones privadas. Le siguen Irlanda, Reino Unido, Singapur, Kenia, Myanmar, la nación que, sorprendentemente, mayores aportaciones realizó a programas sociales en los cuatro ejercicios precedentes, y el emirato de Baréin.

EEUU fue el pasado ejercicio el cuarto país por volumen de fondos filantrópicos

En su radiografía anual, sus expertos se hacen eco de que las donaciones dinerarias en el mundo están en el nivel más bajo desde 2013, un ejercicio de alta tensión económica y financiera en mercados como los europeos o el japonés, asolados todavía por los tentáculos de la crisis de 2008. Aun así, las donaciones en las potencias industrializadas subieron dos puntos, hasta el 42%, aunque declinó entre los países emergentes, desde el 25% al 24%.

Los dos únicos socios comunitarios que aparecen entre los veinte primeros son Holanda -puesto undécimo- y Malta (18), si bien también surgen otras dos naciones europeas -Noruega, en el decimotercero e Islandia, en el decimoséptimo-, síntoma casi inequívoco de que los estados de bienestar en el Viejo Continente gozan de buena salud bajo la financiación presupuestaria, sin que tengan grandes necesidades de donaciones privadas para su pervivencia.