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"Un Egipto libre le daría la espalda a las políticas cómplices con Israel"

La periodista Olga Rodríguez analiza para 'Público.es' su último libro 'Yo muero hoy', un relato imprescindible para entender las revueltas sociales en los países árabes

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Quedan dos horas y media para que tome un tren rumbo a Barcelona pero el tiempo parece importarle poco. Llega a la cita en una terraza del centro de Madrid, pide una botella de agua y se sienta. Abre la conversación con un 'qué tal' que, quizá en cualquier otra situación podría sonar vacío. Pero entre periodistas hoy es la pregunta justa.

Incluso viniendo de alguien que ha trabajado como enviada especial en zonas como Irak, Afganistán, Líbano, Kosovo, México o los Territorios Ocupados Palestinos. Olga Rodríguez* es de esas personas de las que se puede pensar que ha visto todo con tan solo 37 años. Y sin embargo, cuando arranca a hablar de la Primavera Árabe lo hace con la pausa y el respeto del que sabe que ha vivido algo muy especial.

Muchos no se esperaban que los regímenes de Zine el Abidin Ben Ali, Hosni Mubarak o Muamar Gadafi pudieran caer como fichas de dominó gracias al empuje de las gentes a las que gobernaron con puño de hierro. Ella en su interior sabía que sucedería. Especialmente en el caso de Egipto. Y así lo explica a la perfección en su último libro, 'Yo muero hoy' (mayo 2012, editorial Debate), un relato imprescindible para comprender y analizar las causas que inspiraron a los revolucionarios árabes a través de su experiencia vital.

¿Qué ha cambiado en su vida, en su forma de ver las cosas, haber vivido la Primavera Árabe en primera persona?

En el mundo árabe se ha instalado un término que se utiliza mucho, que es ‘La mayoría del sofá'. La mayoría del sofá que se queda en casa mientras una minoría ha estado años trabajando constantemente por un cambio real, por la libertad y por la justicia social. Y ha sido esa minoría la que ha llevado las riendas de las revueltas. Si conocemos los obstáculos y cómo se mueve la realpolitik es muy probable que optemos por quedarnos en el sofá escépticos y derrotistas.

Mi actitud vital ha cambiado. Me he aplicado un poco de autocrítica y he intentado alejarme del escepticismo en el que estamos instalados en Europa. En el tiempo que he estado allí he aprendido a ser un poco más optimista. Porque las revueltas proceden de un optimismo que viene, a su vez, no de la ingenuidad ni de la ignorancia, sino de un deseo real de cambio.

Para cambiar las cosas hay que intentarlo y aunque sepas que los obstáculos son muchos, si no lo intentas, si te quedas en el sofá de casa nunca se va a conseguir ningún avance. Y por eso trato de aplicarme esa visión positivista desde la cual es posible progresar. El proceso que han vivido allí es pasar del derrotismo y del fatalismo a la queja pasiva, y de la queja pasiva a la indignación. Pero no se han quedado en la indignación sino que han pasado a la acción y a la rebelión. En Europa, es el escepticismo lo que no nos está llevando a la acción.

Quizá por la velocidad con la que se desarrollaron los acontecimientos en Túnez y Egipto, una parte de la prensa internacional redujo las causas de las revueltas al aumento desproporcionado del precio de los alimentos, a las tasas de paro juvenil y lo vio como una respuesta a la crisis económica. En 'Yo Muero hoy', sin embargo, analiza una serie de claves históricas, que, en el caso de Egipto, sirvieron de germen para que después se creara un movimiento capaz de acabar con Hosni Mubarak. ¿Cuáles son esas claves?

En todos estos países había un contexto político común: tenían dictaduras represoras. Pero también hay un contexto económico en el que en los últimos años ha empeorado la situación y han aumentado las desigualdades entre ricos y pobres. Esto sacó a la gente a la calle y y fue creando un tejido social de protesta. En el caso de Egipto, el estallido de la Segunda Intifada [2000] y después la invasión de Irak [2003] fueron una especie de revulsivo que sirvieron para que la gente saliera a la calle a protestar contra la política exterior de Mubarak, aliado de EEUU y aliado de Israel.

En Túnez y Egipto hay un antes y un después como consecuencia también de unas políticas económicas impuestas por el Fondo Monetario Internacional [FMI], el Banco Mundial [BM] y otros organismos internacionales, incluidos el propio Washington.

Aumentó el desempleo, se congelaron salarios, se recortaron dietas, pagas extra y los servicios públicos. Eran políticas destinadas a la reducción del déficit y a facilitar la inversión extranjera. Las reformas estructurales, que ahora nos pueden sonar mucho porque las estamos viviendo aquí, empezaron a aplicarse a principios de los años 90 en estos países y supusieron privatizaciones masivas y un recorte drástico en los servicios públicos, sobre todo en sanidad y educación.

Es importante ver cómo afectó eso a la clase media, que es fundamental desde mi punto de vista para medir el éxito o el fracaso de una rebelión popular. La clase media en estos países, como han dicho ahora varios sociólogos árabes, es una clase media empobrecida y humillada, una clase media que, en muchos casos, está muy bien preparada académicamente, que tiene ganas de tener un hueco social, pero que no lo encuentra y que además está padeciendo esos recortes y que está viendo como su bienestar mengua por momentos, hasta incluso no llegar a fin de mes en algunos casos.

Egipto, Túnez y Libia eran vistos como el paradigma de la estabilidad por Occidente. Hay un personaje en su libro, el activista Hossam el Hamalawy, que desmonta esta visión con algunas frases impresionantes: 'Estabilidad no es que el 40% de la población viva con menos de dos dólares al día'; 'Estabilidad no es que la gente de mi generación, muy preparada, con estudios, no encuentre trabajo'; 'Las multinacionales quieren estabilidad aquí para no perder un solo dólar'; o 'No hay estabilidad que valga mientras no haya justicia social'. Es un poco lo que estamos viviendo en Occidente ahora. Han surgido movimientos de protesta civil como el 15-M o Occupy pero ¿cree que se puede llegar a dar una respuesta tan activa como la que hubo en Egipto?

Eso nunca se puede saber porque no tenemos una bola de cristal pero yo creo que aquí no se ha tocado fondo y que estamos viendo cómo se está creando un tejido social, en España por ejemplo con el 15-M, con la creación o consolidación de asociaciones vecinales y organizaciones sociales que cada vez están contactando más las unas con las otras.

Creo que aquí estamos solo en el principio o en el prólogo de la creación de un tejido social tan sólido como puede haberlo ahora en las grandes ciudades de Egipto, que yo diría que es el país donde más movilización hay y donde los movimientos de protesta están muy consolidados y tienen capacidad de presión real. Sin ellos, la represión y la impunidad estaría siendo mayor en estos momentos.

Hay cuestiones similares, aunque estos países son un espejo muy exagerado en el cual mirarnos. El contexto político allí es mucho más dramático, con regímenes represores y dictaduras. Y el contexto económico también es mucho más dramático. Ahora bien, en el siglo XXI y en un mundo tan globalizado como el actual en el que todo está interconectado no podemos usar solo la lupa de lo regional para analizar una realidad. Hay que usar también la lupa de lo global, entender que hay en escena personajes como el FMI y que este es un escenario en el que el poder financiero y los mercados están por encima de los gobiernos. Lamentablemente, a veces parece que estos actúan como meros consejos de administración del poder financiero.

Sobre la estabilidad que menciona Hossam, ahora en Egipto están surgiendo muchos actores, partidos políticos, etc., que están, en nombre de la estabilidad, prohibiendo manifestaciones y huelgas, diciendo que la gente vaya a trabajar y deje de protestar. La pregunta es de qué estabilidad estamos hablando, de la estabilidad de la minoría que acumula la riqueza y el poder, o de la estabilidad de esa gran mayoría que no puede llegar a fin de mes. Como escribí una vez en Público, yo creo que no hay libertad sin ruido, ni estabilidad sin justicia social.

Hossam también explica que desde el primer momento ve que, además de las manifestaciones masivas, que eran un gesto muy positivo, la única manera de acabar con el régimen eran las huelgas, manteniendo un conjunto de huelgas continuas en todo el país que paralizaran la economía ¿Cómo se articularon en Egipto movimientos tan dispares para poder llevar adelante ese tipo de acciones?

'Los egipcios no saben cuál fue la clave del éxito y siguen buscándola aún pero creo que la constancia fue una de ellas'Ellos mismos no saben cuál fue la clave del éxito y siguen buscándola aún pero creo que la constancia es una de ellas. Hay una serie de factores, como el aumento del precio de productos tan fundamentales como el pan, que llegó a duplicarse, y que provoca la indignación de mucha gente. Hubo gente que ya no tenía nada que perder.

¿Cómo se consigue articular toda esta frustración? Pues es muy curioso porque en el caso de Egipto, el nexo entre los movimientos sociales urbanos minoritarios pero muy constantes, y el movimiento obrero que había surgido en las fábricas del país y que se tradujo en las huelgas se produce en 2008 gracias a siete u ocho personas.

Es interesante como a veces lo que haga una persona o dos puede cambiar tantas cosas. Por eso he elegido para comenzar el libro la frase de Eduardo Galeano 'Mucha gente pequeña en lugares pequeños haciendo pequeñas cosas puede cambiar el mundo'. En este caso es un grupo muy reducido que decide ir de El Cairo a algunas fábricas a establecer contacto con los líderes de los movimientos sindicales clandestinos y de esta manera se coordina, por primera vez en 2008, una acción conjunta que sirve para la creación de otros movimientos que luego serán los que organizan las revueltas en 2011.

Conseguir eso es muy difícil y ahora están intentando hacerlo de nuevo y no siempre tienen éxito. En septiembre de 2011 hubo otra oleada de huelgas pero ha habido otras convocatorias que han fracasado.

Por una parte EEUU como aliado estratégico y por otra el FMI con unas reformas que desmantelaron los servicios públicos y las empresas estatales. En Túnez, la respuesta de las agencias de rating tras la caída de Ben Alí, como cuenta en el libro, fue brutal ¿Cree que la imposición de ese tipo de política económica era otro modo de mantener contentos y tranquilos a los dictadores?

Sí. Esas privatizaciones se vieron impregnadas por la corrupción, que es uno de los grandes elementos por los que podemos definir lo que era el régimen de Mubarak. En algunas de esas operaciones se vendieron empresas por un precio inferior de su valor real con intermediarios vinculados al régimen que se llevaban ese dinero en negro. Ahora hay gente procesada por haber vendido gas egipcio a Israel por debajo de su valor real. Pero, al mismo tempo, esas políticas neoliberales también interesaban a las multinacionales extranjeras y a actores internacionales como EEUU.

De hecho hay un cable de la embajada estadounidense en El Cairo datado de 2008 y difundido por WikiLeaks en 2011, que está incluido en el libro, y que deja muy clara esta postura. En 2008 surgieron grandes protestas en Egipto con demandas políticas, económicas y sociales. En ningún caso estaban vinculadas con la religión, que esa es otra de las grande características de estas revueltas en general, el laicismo.

La embajada estadounidense deja claro que es consciente de que detrás no hay organizaciones islámicas, sino demandas políticas, pero lo único que le preocupaba a Washington era si esas protestas iban a forzar a Mubarak a congelar o no sus políticas neoliberales.

En el libro también desmonta la concepción que se extendió en los medios occidentales sobre el papel del Ejército. En las informaciones se utilizaba muchas veces como muletilla la frase 'el Ejército es la institución más respetada' ¿Eso era así?

El Ejército aprovechó la coyuntura y jugó sus cartas y en el momento en el que cae Mubarak toma el control del país a través de la Junta Militar. En ningún momento ha tratado de satisfacer las demandas de las revueltas y, no solo eso, sino que ha seguido manteniendo la prohibición de protestas, huelgas y manifestaciones.

Ha reprimido con brutalidad las que ha habido a lo largo de este año, en las que han muerto a manos de las fuerzas de seguridad más de 100 personas y miles de civiles han resultado heridos. Se han juzgado en tribunales a más de 12.000 civiles y se está arrestando a gente aún por el simple hecho de criticar al Ejército.

Este es el Ejército represor que ha tratado de erigirse como el rostro salvador de la revolución, cuando en realidad es una fuerza contrarrevolucionaria como dicen los propios activistas egipcios. Es un Ejército que recibe anualmente 1.3000 millones de dólares solo en forma de ayuda directa de EEUU.

Durante los días de las revueltas el Ejército no reprimió, fue la Policía la que disparó y atacó a los manifestantes. Pero los militares estaban presentes y les permitían hacerlo. La frustración de muchos manifestantes era ver cómo permanecían impasibles ante los ataques que estaban recibiendo. En un momento de euforia como el que se vivió esos días hubo gente que quiso ver en el Ejército su tabla salvadora pero los activistas que llevaban años luchando por su libertad vieron claramente que eso era una estrategia a través de la cual los militares iban a tratar de dar un golpe de Estado.

Iban a permitir que cayera la cabeza visible del régimen pero que buena parte  de las estructuras del régimen permanecieran intactas, como de hecho está ocurriendo.

A principios de este mes hemos visto cómo los responsables policiales de unas revueltas que acabaron con 846 muertos y 6.000 heridos quedan impunes ¿Cree que sigue habiendo ingerencia por parte de EEUU en el proceso de purga del régimen?

'Las potencias occidentales no están apostando en ningún caso por las fuerzas políticas que representan las demandas de las revolución egipcia' Es evidente que Egipto es un país intervenido y sufre ingerencia extranjera porque es una pieza clave en la región. Es probable que un Egipto realmente libre y democrático le daría la espalda a las políticas cómplices que actualmente se tienen con Israel.

Egipto es el país árabe más poblado del mundo y hay un antes y un después de la firma de los acuerdos de paz de Camp David en 1979. Las potencias occidentales no han apoyado o están apostando en ningún caso ni moral, ni política, ni económicamente por las fuerzas políticas que representan las demandas de las revolución egipcia.

Por tanto, la ingerencia está ahí representada. Y se ha mirado hacia otro lado cuando ha habido capítulos de represión brutal protagonizados por el Ejército o las fuerzas de seguridad porque al fin y al cabo en estos momentos siguen actuando como aliados de EEUU en Egipto.

Hubo episodios terribles en Egipto como los abusos a mujeres manifestantes. Como muestra en 'Yo muero hoy', la mujer tuvo un papel esencial en las revoluciones.

'Las mujeres han estado en primera línea organizando movimientos clandestinos en las grandes ciudades egipcias'Las mujeres han estado en primera línea organizando movimientos clandestinos en las grandes ciudades. No desde ahora, sino desde hace años. Otra cosa es su situación en las zonas rurales y, por supuesto, la mujer dentro de casa.

Pero el activismo, como están diciendo muchas voces del feminismo dentro del mundo árabe, este activismo y estas revueltas, pueden allanar el camino para la emancipación de la mujer. Cada vez hay más mujeres activas en la vida pública.

El machismo y el sexismo es uno de los grandes problemas del mundo árabe, no solo en las comunidades musulmanas, también en las comunidades cristianas. Y hay que tenerlo en cuenta. Por ejemplo, para una mujer cristiana egipcia es más difícil divorciarse que para una musulmana. Desde aquí, como occidentales, tenemos la obligación de no vincular el sexismo o el machismo a una sola religión, a una sola cultura, o a una sola etnia, porque solo hay que ver cómo estaba España hace 40 años.

¿Cómo ve el proceso electoral que hay en marcha?

Las elecciones se están celebrando bajo el paraguas de la Junta militar. Ha habido bastantes irregularidades, de desaparición, de cambio o de compra de votos y la junta electoral, que es la que ha elegido las condiciones y ha hecho la criba de los candidatos electorales, lo ha hecho de una forma arbitraria.

Esta junta está integrada por personas muy vinculadas al régimen de Mubarak, son los mismos jueces que daban por buenas las elecciones fraudulentas de la dictadura. Esta misma gente anunció que no iba a permitir que se presentara ningún candidato vinculado al régimen y han dejado que se presente Ahmed Shafiq que es uno de los que va para la final.

Desde Europa se teme el auge de movimientos islamistas ¿Qué hay detrás de todo esto?

Es una amenaza, sin duda. Las revueltas han sido laicas y con demandas laicas pero ahora hay muchos actores internos, regionales e internacionales, tratando de secuestrarlas para aumentar su órbita de influencia en la región. En este sentido, los países del Golfo están intentando extender sus tentáculos en los países de las revueltas a través de organizaciones islámicas a las que financian.

Entre esos países del Golfo, que son aliados de Europa y de EEUU, está Arabia Saudí, una monarquía totalitaria en cuyo territorio se amparan las tesis más medievales del Islam. Y ese es nuestro gran aliado en la región junto a Israel. Pues son estos países los que las financian, los que tienen una presencia social potente porque existen desde hace décadas, y en Egipto, por ejemplo, la Hermandad Musulmana llena el vacío que deja el Estado por sus recortes, con las clínicas islámicas, que tienen un papel fundamental y que han ofrecido una serie de servicios a mucha gente que si no, no habría podido tener acceso a un tratamiento básico. Esto provoca un aumento de la popularidad de estas organizaciones.

Uno sabe como empieza algo pero no cómo termina. Las revueltas, que no han sido de corte islámico, pueden desembocar quizás en un auge del islamismo teniendo en cuenta además que organizaciones como los Hermanos Musulmanes, que son moderadas, conservadoras en lo político y neoliberales en lo económico, pueden ser preferidas por actores internacionales como EEUU antes que otro tipo de organizaciones de izquierdas que busquen sistemas económicos diferentes al actual.

En los casos de Túnez y, sobre todo Libia, había de por medio importantes acuerdos comerciales, energéticos y de control de fronteras ¿Por qué EEUU y la UE fueron tan suaves con lo que pasaba en Egipto y Túnez y reaccionaron con las armas contra Gadafi?

'En Libia se armó y se apostó por unos líderes rebeldes que en algunos casos estaban vinculados al propio régimen de Gadafi' Detrás de la cuestión Libia había intereses geoestratégicos y económicos. Para empezar, Libia está situada entre Túnez y Egipto y la intervención militar en Libia pudo incluso influir en el curso de los acontecimientos en Túnez y Egipto.

Para continuar, ya lo dijeron los propios líderes del Comité Nacional de Transición (CNT) cuando el primer ministro británico, David Cameron, y el expresidentes francés, Nicolas Sarkozy, llegaron a Libia. Les dijeron que se verían recompensados por la ayuda prestada. Podemos deducir de eso que las nuevas concesiones de explotación de petróleo en Libia recompensarán a los actores que se implicaron en la intervención militar.

Las revueltas que estallan en su momento son legítimas pero están muy localizadas y desde mi punto de vista no tienen un contenido revolucionario como en el caso de Egipto. Se arma y se apuesta además por unos líderes rebeldes, que en algunos casos estaban vinculados al régimen de Gadafi y que incluso eran ministros suyos. En otros casos eran gente procedente de grupos yihadistas que hasta unos meses formaban parte de las organizaciones consideradas como terroristas por EEUU

Por otro lado, Gadafi en los últimos años tenía acuerdos de todo tipo con la Unión Europea, por ejemplo, para externalizar las fronteras europeas.

¿Cree que esta hipocresía de la UE con respecto a la Primavera Árabe le pasará factura si se estabilizan los procesos democráticos?

Lamentablemente creo que en el caso concreto de Libia el hecho de que hubiera una intervención militar ha provocado que el futuro o la transición del país esté condicionada por todos los actores que participaron en esa intervención.

De alguna manera, yo diría que las revueltas están siendo secuestradas. Si las transiciones salieran bien. Creo que las poblaciones de estos países elegirían dar al espalda a La UE porque ha permitido cierto tipo de políticas, como las migratorias. Ahora, por ejemplo, a los refugiados que han salido de Libia no se les considera refugiados en Europa, se les están tratando como si fueran ilegales sin papeles sin más.

Túnez y Libia han salido de pronto de los medios de comunicación. ¿Qué está pasando allí ahora?

Túnez está viviendo una transición, tratando de conquistar la libertad de expresión. Esto está mejorando y se puede decir que por el momento es el país más beneficiado, aunque las demandas revolucionarias han pasado a un segundo o tercer plano.

En el caso de Libia ahora hay enfrentamientos armados constantes entre las milicias que lucharon contra Gadafi. Están enfrentadas entre ellas. Yo siempre digo que no creo en las bombas humanitarias. En Libia han entrado muchísimas armas, es un auténtico polvorín. Y caído el régimen nadie quiere deponer o entregar esas armas. Al mismo tiempo se están registrando numerosos casos de abusos, de crímenes y torturas denunciados por organizaciones internacionales como Human Rights Watch o Médicos Sin Fronteras.

Al mismo tiempo, algunas de esas armas que entraron están saliendo hacia el Sahel ,con lo que el polvorín militar se está extendiendo. Todo esto indica que la situación en Libia es muy inestable. Si estamos hablando de la estabilidad de la que deberíamos hablar, claro, la de Hossam. Luego, los que estén sacando el petróleo, seguramente tienen una estabilidad estupenda.

¿Cómo ve la situación de Siria? El enviado especia Kofi Annan ha reconocido que el plan de paz no ha funcionado. La oposición de Rusia y China a cualquier tipo de acción más allá de la crítica es clave. ¿Cree que habrá intervención militar? ¿Se esperará a que pasen las elecciones en EEUU?

Yo lo que veo es que Siria es un tablero de ajedrez en el que hay muchos actores regionales e internacionales que están echando un pulso. En Siria hay una intervención ya subterránea. Están entrando armas desde Líbano y desde Irak. Hay grupos armados extranjeros que están combatiendo en nombre de la oposición. Incluso algunos de esos grupos son yihadistas y son grupos que tienen Estados detrás.

Eso no deslegitima las demandas de los grupos civiles que siguen manifestándose o protagonizando huelgas y campañas de desobediencia civil, exigiendo libertad y justicia social y exigiendo la caída del régimen. Deberíamos diferenciar una cosa de la otra.

En Siria las cosas no son ni blancas ni negras, están llenas de matices. Y criticar a Bachar al Asad no tiene que significar estar a favor de una intervención militar ni muchísimo menos. Es obvio que ante una hipotética resolución de Naciones Unidas ni Rusia ni China van a dar su brazo a torcer, pero ya hemos visto a lo largo de la historia que no hacen falta resoluciones de Naciones Unidas para intervenir e invadir países.

Irak es un país que sigue desangrándose. Y en Siria los grandes perdedores son los sirios que están viviendo meses de auténtico terror en medio de un conflicto armado en el que, insisto, también hay grupos armados externos. En el libro cito una frase de una activista contra el régimen que dice: 'Nadie ha invitado a estos grupos armados extranjeros que han entrado en este país y que yo no sé quiénes les están armando'.

Yo creo que la izquierda europea debería ser consciente de que esa oposición de izquierdas existe dentro de Siria y es muy crítica con esos agentes extraños que están entrando en el país usando su nombre.

(León, 1975) Es periodista licenciada por la Universidad Complutense de Madrid, especialista en Oriente Medio y escritora. Autora del ensayo 'Karama, las revueltas árabes' (EnDebate, 2011) y de los libros 'El hombre mojado no teme la lluvia' (Debate, 2009), 'Aquí Bagdad. Crónica de una guerra' (2004) y del libro colectivo 'José Couso, la mirada incómoda' (2004).

Ha recibido, entre otros, el Premio Club Internacional de la Prensa al Mejor Trabajo Informativo 2006 por sus crónicas desde Gaza y Ciudad Juárez.

Página personal: olgarodriguez.org

Twitter: @olgarodriguezfr

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Algunos de sus artículos para Público.es aquí

Entre noviembre y diciembre de 2011 escribió el blog 'El ruido y la furia'

Esta entrevista se realizó el pasado lunes, 11 de junio de 2012.