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El ejército iraquí prepara el asalto final a Faluya

El califato de Abu Bakr al Bagdadi se juega estos días su futuro en Irak y Siria. La supervivencia del Estado Islámico estará en función del resultado de la ofensiva del ejército iraquí y las milicias chiíes contra Faluya, donde se está preparando un asalto que no acaba de ejecutarse por temor a que haya un elevado número de bajas civiles.

El ejército iraquí combate contra el Estado Islámico en los alrededores de Faluya. REUTERS/Alaa Al-Marjani

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

JERUSALÉN.- La reciente operación para liberar la ciudad iraquí de Faluya del Estado Islámico sigue adelante aunque en las últimas horas se ha aquietado relativamente, debido a la presencia de millares de civiles en la ciudad y a la fuerte resistencia que oponen los yihadistas parapetados en el interior, quienes se juegan en esta batalla buena parte de sus posibilidades de supervivencia.

Las tropas que han sitiado Faluya pertenecen al ejército iraquí y a distintas milicias chiíes que cuentan con el apoyo de Irán. Esta circunstancia ha hecho que los suníes critiquen la presencia de milicianos chiíes a quienes consideran enemigos acérrimos y con quienes mantienen un viejo contencioso que resurge periódicamente.

Se calcula que en el interior de Faluya, al oeste de Bagdad, hay entre 20.000 y 50.000 civiles. Una parte de ellos, unos 5.000, han abandonado la ciudad durante los últimos días aunque el grueso de la población continúa allí y se ha convertido en una especie de rehén que el Estado Islámico está usando para disuadir a las tropas y milicias que rodean esta ciudad en poder de los yihadistas desde 2014.

No cabe duda de que una parte de los civiles atrapados en Faluya simpatizan con el Estado Islámico puesto que también son suníes. Para quienes huyen de la ciudad, el gobierno de Bagdad ha abierto dos corredores y ha habilitado ocho centros de acogida temporales que funcionarán mientras dure la operación.

La ofensiva se produce en el marco de una operación más general contra el Estado Islámico que cuenta con el apoyo de EEUU y sus aliados, que están usando la aviación contra los focos yihadistas, especialmente en las zonas rurales.

El gobierno de Bagdad sostiene que en las últimas semanas ha recuperado un 35% del territorio que estaba en poder del Estado Islámico. El territorio recuperado, que quizá no es tanto como se dice, pertenece a localidades de poca relevancia. Las dos grandes ciudades que continúan en poder de los yihadistas, Mosul y Faluya, están en el objetivo inmediato de las tropas.

Un oficial del ejército ha señalado que los jefes militares han decidido aplazar el asalto a Faluya por consideraciones humanitarias, ya que piensan que una guerra urbana tendente a desalojas al Estado Islámico, es decir una lucha calle a calle, podría causar la muerte de un elevado número de civiles. Además, el ejército no descarta que los yihadistas le hayan preparado “sorpresas” en forma de grandes explosiones.

“La conquista del centro de Faluya no será fácil”

Por este motivo la ofensiva se está centrando en los alrededores de Faluya donde se están produciendo avances significativos, aunque en esas zonas la presencia de los yihadistas es escasa ya que el Estado Islámico ha preferido agrupar a sus hombres en el interior de la ciudad. “La conquista del centro de Faluya no será fácil”, ha pronosticado un oficial iraquí.
En los combates de los últimos días ha habido una cantidad elevada de bajas, aunque su número no se puede establecer con precisión.

La agencia France Presse, citando “fuentes médicas” que no ha revelado, estima que hay “más de 1.000 bajas” en la filas del ejército y de las milicias chiíes, pero no aclara cuántos son muertos y cuántos heridos. En el otro lado tampoco se conoce el número de bajas, aunque también es relativamente alto.

El gobierno iraquí dice que “más de 656.000 civiles” han regresado a sus pueblos y aldeas en el territorio que ha sido liberado, pero esta cifra no se puede contrastar de ninguna manera y, en cualquier caso, el número de refugiados y desplazados es muy superior y no todos ellos son producto de la presencia del Estado Islámico.

El gobierno iraquí dice que “más de 656.000 civiles” han regresado a sus aldeas en el territorio liberado. REUTERS

El viernes el guía supremo de la revolución iraní, Ali Jamenei, criticó con dureza a EEUU y lo acusó de no respetar los acuerdos del año pasado que debían aliviar la situación de Irán a cambio de una estricta limitación de su programa nuclear.

Jamenei ha señalado que su país descarta una colaboración con EEUU en las crisis regionales debido a la mala fe de Washington, aunque de hecho están colaborando en Irak. Jamenei ha añadido que Washington, Londres y Tel Aviv tienen un comportamiento “maligno” y siguen siendo los mayores enemigos de Irán. “Los objetivos de Estados Unidos en la región se oponen en 180 grados a los de Irán”, ha dicho el guían supremo.

EEUU y Europa han levantado algunas sanciones contra Irán desde que entró en vigor el acuerdo en enero, pero no han levantado todas las que se comprometieron a levantar. Para obrar de esta manera alegan que Teherán ha puesto en marcha un programa balístico y que colabora con “organizaciones terroristas”.

Las ofensivas contra el califato en Irak y en Siria han puesto contra las cuerdas al Estado Islámico y esto está haciendo que sean más agresivos en los dos países ya que son conscientes de que es está en juego su supervivencia.

Pero una derrota del Estado Islámico, si es que se verifica en un futuro próximo, no significará en ningún caso el fin de los males de Irak y Siria, puesto que la violencia continuará, de otra forma seguramente, pero continuará, y los ataques y atentados extremistas no desaparecerán de la noche a la mañana. Una vez que se abrió la caja de Pandora 2003 con la invasión de Irak, no se podrá cerrar tan fácilmente.