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Elecciones en Argelia Argelia se enfrenta a una cita electoral mientras se intensifica la represión contra el Hirak

En las últimas semanas, el régimen del país ha arrestado y encarcelado en precarias condiciones a decenas de manifestantes opuestos a su hoja de ruta, aprobada por España.

Una mujer muestra un signo de victoria después de votar durante las elecciones presidenciales, en Argel, Argelia. / EFE

Marc Español

El pasado 18 de noviembre, la localidad argelina de Tichy, situada en el noreste del país, se ganó sin quererlo un pequeño hueco en algunos medios locales. Durante una concentración que había reunido algunas decenas de manifestantes enfrente de la sede de la administración comarcal, los antidisturbios intervinieron con gas lacrimógeno y balas de goma, y dejaron a tres personas heridas en el abdomen, el cuello y la mano.

El violento suceso, inusual en Argelia desde la irrupción del movimiento de protestas en febrero, coincidía con el segundo día de la campaña de las polémicas elecciones convocadas para hoy por el régimen del país y rechazadas por unos manifestantes que las consideran carentes de garantías. El episodio, además, representaba una muestra de los nuevos límites asumibles por las autoridades para llevar a cabo su plan electoral.

Si bien durante los primeros meses de las protestas las fuerzas de seguridad se abstuvieron en general de intervenir, la situación empezó a cambiar en verano, con las primeras detenciones de manifestantes que llevaban la bandera bereber y algunos líderes políticos. Una tendencia que se deterioró notablemente a partir de la convocatoria de los comicios a principios de septiembre, y que acabó de desatarse durante la campaña electoral, que ha registrado niveles de represión inauditos hasta ahora.

“La represión ha aumentado a medida que se acercaban las elecciones,” señala a Público Aissa Rahmoune, vicepresidente de la Liga Argelina para la Defensa de los Derechos Humanos (LADHH), que califica la espiral como “un golpe de fuerza contra la voluntad popular con el fin de llevar a cabo la votación a pesar de ésta". 

“Se trata de una actitud natural en la lógica del régimen,” nota a este medio Raouf Farrah, fundador de Jóvenes Comprometidos por Argelia. “El régimen argelino funciona así.”

El país se encuentra en un limbo constitucional y un 'impasse' político

Desde su aparición a finales de febrero, el Hirak ha logrado forzar la caída del autócrata Abdelaziz Bouteflika en abril y la anulación de dos elecciones pilotadas por el régimen. Una situación que ha dejado el país en un limbo constitucional y un impasse político de los que la cúpula del Ejército –el actor más poderoso del país– aspira a salir manteniendo su prominencia con las elecciones celebradas hoy, para las que no ha ofrecido alternativa.

Públicamente, la comunidad internacional ha guardado en general un voto de silencio acerca de lo ocurrido en Argelia. España, sin embargo, ha sido uno de los pocos países que se han desmarcado de esta posición, y durante una visita oficial a Argel a finales de noviembre, el Ministro del Interior en funciones, Fernando Grande-Marlaska, concedió su apoyo explícito a la estrategia impuesta por el régimen argelino.

Una de las principales consecuencias del recrudecimiento de la represión que ha acompañado la convocatoria electoral ha sido el sustancial aumento de arrestos de líderes políticos, activistas y miembros del Hirak. Según el Comité Nacional para la Liberación de los Detenidos, más de 120 personas han sido sentenciadas o se encuentran en prisión preventiva desde junio, y desde el inicio de la campaña electoral, el comité ha registrado más de 300 detenidos, la mayoría de los cuales han sido liberados.

Ha sido el sustancial aumento de arrestos de líderes políticos, activistas y miembros del Hirak

Esta oleada de arrestos se ha producido mientras las movilizaciones del Hirak, que hasta la fecha se habían celebrado religiosamente los martes y los viernes, pasaron a ser diarias y especialmente descentralizadas desde el inicio de la campaña electoral. Al mismo tiempo, las manifestaciones se comenzaron a combinar con huelgas parciales en algunas regiones del país, como la Cabilia, y protestas allí donde fuera que los cinco candidatos de las elecciones se desplazaran para realizar algún acto de campaña.

A la par que se sucedían los arrestos, la campaña electoral también ha ido de la mano de alrededor de una decena de sentencias exprés contra manifestantes, que van desde los dos meses a los dos años. Unos de los primeros en recibir una de estas rápidas condenas, que no se habían producido hasta el momento, fueron cuatro jóvenes arrestados durante una protesta organizada frente a un acto electoral el primer día de campaña.

La situación de los presos

La mayoría de detenidos han sido acusados de menoscabar la moral del Ejército, difundir contenido perjudicial para el interés nacional, llamar a una concentración no autorizada o comprometer la integridad nacional, cargos que los arrestados consideran políticos. La última acusación, que puede conllevar penas de prisión de entre uno y diez años, ha recaído especialmente sobre aquellos arrestados por llevar una bandera bereber, una táctica que muchos han interpretado como un intento de sembrar la división en el Hirak.

La situación de los presos de consciencia en la cárcel ha sido también denunciada como degradante en múltiples ocasiones. “Las condiciones de la detención son deplorables,” señala Rahmoune, que es también miembro del Colectivo de Abogados por el Cambio y la Dignidad, un grupo de abogados que representa detenidos del Hirak. “Los hacinan en celdas que supuestamente deberían acomodar a unas 25 personas y en las que al final acaba habiendo más de 60 reclusos,” continúa. “Y también vale la pena recordar que [el líder político] Karim Tabbou y [la secretaria general del Partido de los Trabajadores] Louisa Hanoun aún se encuentran en régimen de aislamiento,” añade.

Llevándose la movilización de la calle a la cárcel, algunos de estos presos de consciencia han lanzado varias huelgas de hambre en los últimos tres meses. La más reciente de ellas fue la que un grupo de prisioneros de consciencia anunció el pasado martes día 10 en solidaridad con el movimiento popular, en rechazo de las elecciones, y con motivo del aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

"Su encarcelamiento busca debilitar la revolución"

A pesar de ello, los abogados que visitan regularmente a los presos aseguran que por el momento son capaces de mantener la moral alta, empujados por el ímpetu del Hirak. “Pese a la privación de sus libertades, continúan determinados y conscientes de que su encarcelamiento busca, por un lado, debilitar la revolución, y por el otro, utilizarlos como rehenes del movimiento,” observa Rahmoune.

Censura a los medios

Paralelamente, las autoridades argelinas también han ido cerrando el espacio que se había abierto a la prensa tras las históricas movilizaciones de marzo y abril, y recientemente se han vuelto a producir más denuncias de censura por parte de los trabajadores de medios de comunicación públicos, así como detenciones de al menos dos periodistas. Además, Human Rights Watch informó a mediados de noviembre de la existencia de una brigada especial de la policía dedicada a crímenes electrónicos que habría estado siguiendo la actividad de algunos activistas prominentes del Hirak a través de las redes sociales.

En la calle, medios de comunicación locales también han informado de fuertes despliegues policiales durante algunas marchas –especialmente en Argel–, lo que en ocasiones ha derivado en intentos de dispersar a los manifestantes de forma violenta, como ocurrió ayer, en vísperas de la jornada electoral, en el centro de la capital. Asimismo, la libertad de movimiento también se ha visto restringida en varias ocasiones, sobre todo para acceder a ella cuando se prevén grandes movilizaciones.

A nivel discursivo, el jefe del Ejército, Ahmed Gaïd Salah, ha criticado reiteradas veces el Hirak, a menudo acusándolo de estar llevando a cabo una conspiración. En esta línea, el Ministro del Interior, Salaheddine Dahmoune, se refirió a principios de este mes a quienes boicotean el voto como “traidores, mercenarios, desviados y homosexuales”.

“El verdadero poder [en Argelia] lo ostenta el Ejército, pero este régimen siempre necesita una fachada política,” interpreta Farrah, quien también es analista de África en la consultora de riesgos SecDev Group. “En julio, dado que el pueblo rechazó sus elecciones, nos fuimos a una situación extra constitucional, y por eso el Ejército sabe que [ahora] necesita imponer unas elecciones para recuperar esa fachada,” sentencia.