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Elecciones en Argentina Macri busca la segunda vuelta en Argentina ante la unidad del peronismo

El presidente argentino intenta revalidar su mandato en las elecciones generales de este domingo con la improbable esperanza de que una participación inédita lo lleve a disputar un balotaje con el dirigente peronista Alberto Fernández.

El actual presidente de Argentina, Mauricio Macri, en un acto de campaña en Buenos Aires.- REUTERS/AGUSTÍN MARCARIAN

No hay resquicio de duda sobre la victoria que logrará en las elecciones generales el abogado peronista Alberto Fernández junto a su compañera de fórmula, la expresidenta y senadora Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). Sólo algunos dirigentes cercanos al presidente Mauricio Macri, y quizás el propio mandatario, imaginan un escenario en el que el oficialismo se aproxime lo suficiente a su rival para forzar una segunda vuelta.

En la puesta en escena de esa ensoñación, Macri ha mostrado un entusiasmo ferviente para intentar reducir los más de 15 puntos de ventaja que logró Fernández en las elecciones primarias del pasado 11 de agosto. Su campaña “Sí se puede” lo hizo visitar 30 ciudades del país durante las últimas semanas con un sólo afán del que se hicieron eco sus seguidores: “Mauricio la da vuelta”.

Las multitudes que acompañaron al presidente durante su gira proselitista son la imagen buscada por el Gobierno para motivar al electorado y conseguir una participación histórica como la que hubo en los comicios que consagraron tras la última dictadura (1976-1983) al primer presidente democrático, Raúl Alfonsín (1983-1989).

Pero la convulsión que atraviesan Chile y Bolivia por estos días, y que sacudió con anterioridad a Perú y después a Ecuador, tiene su correlato en Argentina a través de las convocatorias electorales que dan cuenta del deterioro social y económico que abocó el Gobierno de Macri a segmentos cada vez más vastos de la sociedad.

Desigualdad y deuda

“Hay una estrategia de planificación de la desigualdad que se viene sosteniendo en el tiempo y que hace que un país que tiene todas las condiciones para resolver los problemas sociales que presenta no lo haya podido hacer”, razona en diálogo con Público el exdiputado y economista Claudio Lozano. “No hay ninguna razón para que en Argentina haya hambre, cuando es una potencia alimentaria, ni pobreza, cuando tiene capacidad para que no exista”.

"No hay ninguna razón para que en Argentina haya hambre, cuando es una potencia alimentaria"

El actual Gobierno terminará su legislatura con índices de pobreza e indigencia más altos de los que se encontró al llegar. La primera afectará por entonces al 37% de la población (16,5 millones de personas) y la segunda alcanzará al 8,3% (3,7 millones). El desempleo llegó a su tasa más alta en estos cuatro años de gestión (10,6%, representativo de 2,1 millones de personas), pero el porcentaje de población que busca trabajo aunque lo tenga supera el 29% (5,9 millones de habitantes).

El mayor deterioro se sintió en el último año. Desde que el Gobierno firmó a mediados de 2018 un rescate con el Fondo Monetario Internacional (FMI) de 56.300 millones de dólares, “hay 5,2 millones de pobres más, derrumbe social que implica que por cada persona que nace en nuestro país, nueve pasan a situación de pobreza”, destaca el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas que dirige Lozano.

“Argentina está viviendo un final anunciado de un tipo de políticas denominadas neoliberales pero que se sostienen en el criterio de la apertura comercial y financiera de carácter irrestricto, tanto para el ingreso de bienes como para el ingreso y egreso de capitales”, resume Lozano. “Esto es acompañado de procesos de fuerte desregulación de la actividad económica con tendencias privatistas sostenidas con grandes procesos de endeudamiento”.

Una niña camina por una calle con propaganda electoral peronista a las afueras de Buenos Aires.- REUTERS/ RICARDO MORAES

En diciembre de 2015, cuando asumió la actual administración, la deuda externa pública y privada era de 170.625 millones de dólares, por lo que en estos casi cuatro años aumentó 82 % hasta alcanzar los 310.800 millones de dólares, el 68% del PIB.

El Gobierno presume de haber conseguido su principal compromiso con el FMI: reducir los gastos del Estado frente a los ingresos al 0,1 % del PIB en lo que va de año. Claro que si se cuentan los intereses de deuda, el déficit financiero llega al 2,1 por ciento del producto interior bruto.

"La prioridad exclusiva y excluyente del presupuesto nacional es el gasto en intereses de deuda pública"

Lozano lo presenta de otra manera. “El pago de intereses de deuda representa el 30% del gasto de la administración nacional, que tiene 29 funciones, de las cuales una sola, la de la deuda, equivale a 24”. Ese monto “más que duplica el gasto en seguridad social, más que triplica el gasto en educación, y duplica el gasto en salud. Es 11 veces el gasto en promoción y asistencia social, 16 veces la inversión en ciencia y tecnología, 26 veces la de vivienda. La prioridad exclusiva y excluyente del presupuesto nacional es el gasto en intereses de deuda pública”.

Ajena a los números finitos sobre finanzas, la sociedad ha visto cómo se pulverizaba su poder adquisitivo con una inflación del 53,5% interanual en un contexto de polarización política conocida como “grieta” que no ha mermado desde que la expresidenta Cristina Fernández abandonó el poder.

Peronismo unido

El candidato peronista a la Presidencia de Argentina, Alberto Fernández, en un acto de campaña.- REUTERS

Como líder del peronismo que acaricia de nuevo su vuelta al poder se afianza Alberto Fernández, que fue jefe de gabinete en los cuatro años que gobernó el fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) y en los siete primeros meses de la legislatura de Cristina Fernández, hasta que renunció por diferencias con la expresidenta.

Desde aquel momento y durante una década, ambos líderes se mantuvieron distanciados, pero tras reencontrarse hace unos meses, la exmandataria convocó a Fernández para liderar la principal fuerza opositora del país.

A lo largo de este último tiempo, el dirigente peronista ha consolidado su relación con gran parte de los gobernadores del país, cuya influencia se extiende hasta el Congreso a través de los diputados y senadores que les responden.

Con la promesa de erradicar el hambre y de poner al país “de nuevo en pie”, será difícil que el líder de la alianza opositora Frente de Todos no se convierta este domingo en el presidente electo de Argentina. Para ello debe obtener al menos el 45% de los sufragios o alcanzar el 40% y lograr una ventaja mayor a diez puntos porcentuales sobre Macri.

En estas elecciones también se renuevan la mitad de los escaños de la Cámara de Diputados, 130, y un tercio de los asientos del Senado, 24, en representación de ocho provincias.

En paralelo, el peronismo medirá su influencia en cuatro distritos del país que eligen a sus respectivos mandatarios provinciales. La provincia de Buenos Aires (este), la más poblada del país, abandonará a su actual gobernadora, la oficialista María Eugenia Vidal, para depositar su confianza en el exministro de Economía del Gobierno anterior, Axel Kicillof. Hay más incertidumbre sobre lo que pueda pasar en la capital argentina, donde también espera reafirmarse en su cargo quien sucediera a Macri en 2015, Horacio Rodríguez Larreta, pero no así en las provincias de Catamarca (noroeste) o en La Rioja (noroeste), donde gobierna el peronismo desde 1983.

Haya o no una segunda vuelta el próximo 24 de noviembre, el próximo presidente asumirá su cargo el 10 de diciembre por los próximos cuatro años.