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Elecciones en Colombia Gustavo Petro, el orador-pedagogo que busca ser el primer presidente de la izquierda en Colombia

Petro se convirtió este domingo en el candidato del Pacto Histórico para disputar la Presidencia de Colombia en las elecciones del 29 de mayo, tras arrasar en las primarias de esta coalición de izquierdas con más de 3,5 millones de votos cuando habían sido revisadas el 80% de la mesas. Según las encuestas, pasará con toda seguridad a la segunda vuelta. El reto es llegar a la Jefatura del Estado.

Gustavo Petro, candidato a la Presidencia de Colombia de Pacto Histórico, vota este domingo 13 de marzo de 2022 en Bogotá (Colombia).
Gustavo Petro, candidato a la Presidencia de Colombia de Pacto Histórico, vota este domingo 13 de marzo de 2022 en Bogotá (Colombia). Mauricio Dueñas Castañeda / EFE

Nació el 19 de abril de 1960 en un caluroso pueblo caribeño de muy caribeño nombre: Ciénaga de Oro. Se crió en Zipaquirá, pequeña ciudad en la yerta altiplanicie de la Sabana de Bogotá. Que es furibundo lector se le nota en sus intervenciones públicas. Es el hijo mayor (tiene una hermana y un hermano) de una pareja de docentes y quizá de ahí viene su capacidad de explicar temas complejos en términos accesibles. Con gran capacidad oratoria, en las manifestaciones que congrega es común ver a gente del pueblo escuchando sus planteamientos con concentrada atención, o bien interactuando a viva voz con sus afirmaciones en discursos estructurados de principios a fin. Le gusta improvisar. En la plaza pública, ante el micrófono, se extrovierte. De lo contrario, es tímido, por eso mantiene la distancia, no es un hombre de abrazos. Si hay confianza es otra cosa, pero en reuniones amplias es más bien callado y de poca fluidez oral, monosilábico, no emprende una conversación sobre asuntos tensos y de calado. Ser el centro de atención lo desinhibe.

Hasta el 5 de marzo pasado, fecha del final reglamentario en espacios abiertos de la campaña para las primarias de las coaliciones políticas, celebradas este domingo, había pronunciado en toda la geografía colombiana, según sus propias cuentas, entre 40 y 45 discursos ante una siempre repleta plaza pública: para él, el Ágora actual, el lugar de intercambio de las ideas donde se construyó la democracia en la antigua Grecia. Es estudioso y tiene gran capacidad de análisis. Serio intelectualmente, sin duda conoce bien Colombia. Hace un diagnóstico de su complejo país, pero propone respuestas. Elabora las propuestas colectivas, las asume y las defiende bien, aunque tiene dificultades para construir en colectivo y para relacionarse personalmente.

El Pacto Histórico (PH), coalición de partidos de izquierda y de movimientos y líderes políticos defensores del acuerdo de paz con las FARC -cuya implementación viene a ser todo un programa de gobierno de avances sociales- se mide por primera vez electoralmente, lo hizo este domingo en las legislativas y la siguiente prueba serán las presidenciales de mayo, con Gustavo Petro como candidato.

Con gran capacidad oratoria, en las manifestaciones que congrega es común ver a gente del pueblo escuchando sus planteamientos

A Petro se le notan también sus estudios sobre temas ambientales en Lovaina, Bruselas, ciudad donde fue agregado diplomático para los derechos humanos entre 1994 y 1996. Es el único candidato que tiene propuestas estructuradas (progresivas, pero ambiciosas) para afrontar la crisis del calentamiento global. El asunto es bastante erizado en Colombia, hoy décimo exportador mundial de carbón (llegó a ser el cuarto) y que vive de vender su petróleo, aunque siempre se las ingenia para presentarse en la palestra internacional como país víctima del exceso de emisiones CO2.

El petróleo supone el 55,4% de las exportaciones y es el mayor contribuyente a las finanzas del Estado; aun así Petro propone acabar la exploración de nuevos yacimientos y dejar el hidrocarburo que se extrae actualmente para consumo nacional. La propuesta sigue inalterable ante la disparada subida del precio del crudo por la invasión de Rusia a Ucrania. Su argumento es netamente ambiental: "Hay que descarbonizar la economía" y lo expresa así: "no es Petro, es el mundo. No podemos seguir consumiendo petróleo y carbón porque se extingue la especie humana a través del cambio del clima que produce el consumo de estos productos". Hizo esta declaración el pasado 9 de marzo a la emisora W Radio. Allí también recordó que cuando fue alcalde de Bogotá (2012-2015) se alió con el entonces burgomaestre neoyorquino, Michael Bloomberg, en una cruzada para adaptar las ciudades a las consecuencias de la crisis climática.

Una industria sustituta sería el turismo, propone Petro. Y para que florezca el turismo, se necesita paz. Las salidas que proponen sus contrincantes no tienen mucho calado y harían aumentar la indignación de la generación de Greta Thurnberg, la niña noruega ambientalista, y de su par colombiano Francisco Vera Manzanares, nacido en 2008.

Petro también fue precoz. A los ochos años escribió su primera novela (después ha publicado tres libros y tiene otros dos inéditos) y lideró su primera huelga estando aún en el colegio de los curas lasallistas, que en esa época eran franquistas y prohibían leer los libros de un irredento egresado de ese plantel, Gabriel García Márquez. A los 18, Petro ya cursaba segundo año de Economía en la Universidad Externado. A esa edad ingresó a la guerrilla M-19, donde llegó al grado de oficial segundo, es decir, coordinaba una célula urbana compuesta por entre 3 y 5 insurgentes. Su jefe directo en esa guerrilla era Eberth Bustamante, quien décadas después fue funcionario del ultraderechista Álvaro Uribe Vélez y senador de su partido, el Centro Democrático. A los 19, en Zipaquirá, Petro fue personero (delegado municipal del Ministerio Público, a cargo de los derechos humanos). Tenía 23 cuando acompañó y ayudó a 2.000 familias destechadas al invadir un terreno para construir viviendas en Zipaquirá. Fue perseguido y las familias del barrio Bolívar 83 le dieron cobijo y después lo hicieron concejal (legislador local) de Zipaquirá a los 24 años. En 1985, Petro ya sabía qué eran las torturas y la cárcel.

El Movimiento 19 de Abril, M-19, organización política armada que se autodisolvió en 1990 tras pactar la paz con el gobierno en una negociación que terminó en Asamblea Constituyente, fue fundamentalmente urbano, pero después se extendió con campesinos armados en el Caquetá, al sur del país. Era variopinta, nacionalista. Surgió en 1971 de una escisión de las comunistas FARC condimentada con guerrilleros tupamaros uruguayos que estaban refugiados en Colombia y, paradoja, también con parientes y seguidores del general Gustavo Rojas Pinilla, quien como dictador (1953-1957) declaró ilegal "el comunismo internacional". Se supone que a Rojas le birlaron las elecciones presidenciales de 1970, cuando se presentó como candidato tras décadas de exilio.

El M-19 es una leyenda. Robó 5.000 armas del ejército cuando no tenía ni 300 guerrilleros. Las armas fueron escondidas de casa en casa en Bogotá y en "caletas" o escondites clandestinos, y si bien la mayoría de ellas se perdieron, el M-19 se granjeó el odio más amargo de los militares. Lo que vino fue guerra y cacería concentrada contra esta guerrilla hasta 1983, cuando hubo un cese al fuego que desembocó a mediados del año siguiente en un acuerdo de paz. En noviembre de 1985, el M-19 tomó el Palacio de Justicia en Bogotá para denunciar, precisamente, el incumplimiento de ese acuerdo de paz por parte del gobierno. Las fuerzas armadas respondieron como un relámpago, pues tenían infiltrado al M-19 y estaban sobre aviso. La toma falló y la retoma del Ejército arrasó. Fueron más de 100 los muertos entre visitantes, trabajadores y funcionarios, incluida la plana mayor de la Corte Suprema de Justicia. Los magistrados sobrevivientes no sumaban quórum para deliberar. Se reunían en una sede prestada, pues el Palacio de Justicia quedó reducido a cenizas. Las familias aún buscan a varios desaparecidos tras ser trasladados a instalaciones militares. Esta tragedia marcó un antes y un después, la guerra se disparó, igual que los índices de violaciones de los derechos humanos. Muchos de los ataques contra Petro le reclaman por este crimen de guerra cometido por ambas partes, guerrilla y fuerzas de seguridad, pero él apenas lo vio por televisión, desde la cárcel: la transmisión del primer día de la toma, el 6 de noviembre, hasta que cayó la censura de prensa a las 7 de la noche.

A los 18, Petro ya cursaba segundo año de Economía en la Universidad Externado. A esa edad ingresó a la guerrilla M-19

Sobre los dramáticos acontecimientos de 1985, Petro hizo un corte de cuentas en 2006 en su libro Prohibido olvidar. Como no pudo ponerse de acuerdo con la coautora, la periodista Maureen Maya, cada cual firmó sus capítulos individualmente. El subtítulo reza "Dos miradas sobre la toma del Palacio de Justicia". Los capítulos de Petro contextualizan la operación, cuestionan el ala militarista guerrillera que llevó al M-19 a tomar el Palacio y analizan la progresiva cooptación del Estado por parte del narcotráfico a partir del gobierno derechista de Julio César Turbay (1978-1982).

El fenómeno mafioso llevó a "una alianza con sectores anticomunistas del ejército, para empezar la construcción de escuadrones de la muerte que hoy denominamos paramilitares", escribe Petro en ese libro; y sobre el asesinato de cuatro candidatos presidenciales entre 1987 y 1990, añade: "No hubo ningún azar, mataron a todos los candidatos que se oponían a la construcción del poder mafioso y dejaron a los que no se oponían". En 1987 fue asesinado Jaime Pardo Leal y, en 1990, Bernardo Jaramillo, ambos comunistas y candidatos sucesivos de la Unión Patriótica, partido surgido del acuerdo de paz de 1984 con las FARC. En 1990 mataron al comandante del M-19 y firmante de la paz Carlos Pizarro y en 1989 Luis Carlos Galán, liberal, a quien Petro hace un amplio reconocimiento por haber tenido la capacidad de ver de forma temprana el animal grande que iba a destruir Colombia y que la izquierda no vio venir.

Su paso por el Congreso sumó unos 19 años en total, y brilló con sus debates profundos, articulados y completos. Fue memorable su debate sobre paramilitarismo en Antioquia, en 2007, por el cual su familia se tuvo que exilar. Siempre terminaba sus debates más álgidos extendiendo un ramo de olivo, una llamada a la conciliación con los peligrosos sectores a los que atacaba.

Hombre de sucesivos matrimonios, Petro tiene cinco hijos. Las dos menores son hijas de Verónica Alcocer, 18 años menor que él, una mujer inteligente, su confidente, de personalidad arrolladora y caribeña, con quien tiene un hijo. En la familia son tres mujeres y tres varones. Petro fue padre por primera vez a los 26 años.

A la Secretaría de la mujer, que Petro alcalde estableció por presión del movimiento de mujeres, no le fue bien. La propuesta venía siendo empujada desde hacía ya dos alcaldías sucesivas de centro izquierda, Petro se vio ante el compromiso de crearla pero le dio muy bajo presupuesto. Las relaciones no fueron fáciles. Hoy, tiene críticas vehementes y también vehementes defensoras entre las mujeres, y son frecuentes los debates que tienen tanto de largo como de ancho.

En su recorrido político Petro ha cosechado fuertes enemistades, en parte por su carácter soberbio y a veces autoritario. Ahora se la está jugando por convocar a distintas fuerzas, como se la ha jugado el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric. Si lo logra, un Frente Amplio más conciliador, pero con una más segura opción de poder, estaría por nacer.

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