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Elecciones Netanyahu, en busca de tránsfugas en la oposición para volver a gobernar Israel

Al día siguiente de las elecciones israelíes, han comenzado las primeras consultas para formar coalición. Como suele ocurrir en estos casos, todos los partidos insisten en que no habrá cuartas elecciones, pero para ello será preciso que alguien dé su brazo a torcer e incumpla las promesas electorales, o bien que Benjamín Netanyahu logre robar algunos diputados a Azul y Blanco. El delirio postelectoral ha comenzado.

Papeletas del Likud con la cara de Benjamín Netanyahu en el suelo./Amir Cohen (Reuters)
Papeletas del Likud con la cara de Benjamín Netanyahu en el suelo./Amir Cohen (Reuters)

eugenio garcía gascón

Distintos medios de comunicación hebreos han dado cuenta en las últimas horas de que el primer ministro Benjamín Netanyahu quiere apuntalar su "victoria" con la incorporación al Likud de varios diputados del partido rival de centro, Azul y Blanco, y con esa intención ha comenzado a tentar a los potenciales desertores que considera más próximos a su ideología.

En medios de la derecha se insiste en proclamar una "clara victoria" en las elecciones celebradas el lunes mientras la oposición presume de que ella ostentará la mayoría en la próxima Kneset. En realidad, la abigarrada oposición integrada por Azul y Blanco, liberales y socialdemócratas de Meretz y laboristas, la Lista Árabe y el partido de Avigdor Lieberman, es de una complejidad irreductible y apenas podría durar junta unas horas, o a lo sumo unos días, si es que algún día llega a unirse.

Con algo más del 90 por ciento de votos escrutados, el Likud (36) adelanta a Azul y Blanco (32) por cuatro escaños, pero el bloque de la derecha ultranacionalista y ultraortodoxa (59) se quedaría a dos de la mayoría absoluta de 61 asientos. El bloque de centro-izquierda y los ultranacionalistas de Lieberman suman los restantes diputados pero conforman una mayoría imposible. Quedan por contar las papeletas de soldados, diplomáticos y enfermos o sospechosos de estar infectados por el coronavirus, unos votos que podrían dar a la derecha otro escaño.

Que se avecinan jornadas intensas y no aptas para cardiacos quedó en evidencia el martes, antes incluso de que se conocieran los resultados finales, cuando tres diputados electos de Azul y Blanco tuvieron que desmentir categóricamente que Netanyahu les hubiera tentado en secreto con el fin de dar al Likud la mayoría absoluta en la Kneset. El Likud, según algunos medios, ha redactado una lista de diputados de Azul y Blanco que pueden ser más sensibles al soborno ideológico o de otro tipo, varios de ellos religiosos.

No hace ni dos meses, el 15 de enero, Netanyahu ya echó un goloso anzuelo al diputado de Azul y Blanco Gadi Yevarkan, de origen etíope, con el fin de atraerse el voto de los inmigrantes judíos de Etiopía, una jugada que aparentemente le ha resultado en las urnas. Y ya hace varias semanas algunos líderes del Likud advirtieron cándidamente que Netanyahu volvería a intentarlo si las urnas no le daban mayoría absoluta, como ahora está ocurriendo.

Continuando la vertiginosa carrera de la campaña electoral, Netanyahu se reunió el martes con los líderes de los partidos que forman el bloque de la derecha. Su acuerdo principal fue que todos continuarán unidos ocurra lo que ocurra. Esto significa que las posibilidades de un gran gobierno de unidad con Azul y Blanco pierden fuelle, aunque Netanyahu va a intentar por todos los medios de romper la coalición rival.

Las posibilidades de un gran gobierno de unidad son reducidas y teóricas por varias razones. La más destacable es que por medio está el partido Israel es Nuestra Casa de Lieberman, que con sus siete diputados decisivos podría romper una gran coalición alineándose fácilmente con un bloque o con el otro en el caso de que quedara fuera de la gran coalición. Se mire como se mire, Lieberman siempre está en medio.

Lieberman ha dicho que el jueves se reunirán los dirigentes de su partido para analizar la situación y adoptar una posición. Ha prometido que no habrá cuartas elecciones y que "decidiremos si estamos ahí o ahí", es decir con un bloque o con el otro. Cualquiera de las dos decisiones presentará muchos problemas para concretarse, en la derecha porque están los ultraortodoxos y en el centro izquierda porque están los árabes, y Lieberman no quiere ver ni en pintura a unos y otros, un encaje demasiado complicado para resolverse.

Sin embargo, tras la reunión de Netanyahu con el bloque de la derecha, algunos participantes dijeron enigmáticamente que no descartan incorporar al bloque a un partido "judío", en alusión a Israel es Nuestra Casa. Por más que los ultraortodoxos han repetido durante la campaña que no participarían en un gobierno con Lieberman, ahora le abren un poco la puerta para ver si se ha enmendado.

Esto podría dar pie a una negociación rápida, aunque se ha de tener en cuenta que el gobierno de Netanyahu cayó por primera vez en diciembre de 2018 porque Lieberman insistió en llevar a cabo una reforma para el reclutamiento militar de los jóvenes ultraortodoxos que resultó inaceptable para esos partidos. Si ahora Lieberman rectifica y se echa atrás, las tres últimas elecciones no habrían tenido sentido.

Por otra parte, una ONG israelí ha denunciado a Netanyahu pidiendo a los tribunales que prohíba al primer ministro repetir en el cargo. El argumento es que "tres casos graves de corrupción" deberían impedirle desempeñar la jefatura política del estado. Habrá que estar pendiente para ver cómo evoluciona esta demanda que pone otra vez a Netanyahu en el punto de mira de los jueces y a los jueces en el punto de mira de Netanyahu. Si el primer ministro no pide un aplazamiento, el juicio comenzará el 17 de marzo.

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