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Elecciones regionales Francia La abstención masiva consolida el bipartidismo en las regionales francesas

La abstención del 65% marca la segunda vuelta de las elecciones regionales y departamentales en Francia, donde la derecha republicana y los socialistas mantienen su monopolio de la política local. El partido de Macron y el de Le Pen sufren un batacazo.

La ultraderechista, Marie Le Pen, dando un comunicado en Nanterre tras la segunda vuelta de las elecciones regionales en Francia.
La ultraderechista francesa Marine Le Pen pronuncia un comunicado en la sede del partido en Nanterrre, cerca de París, Francia, el 27 de junio de 2021. EFE

Ninguna novedad, nada cambia. El paisaje político de las regiones francesas se mantiene petrificado. La abstención masiva del 65% marcó este domingo la segunda vuelta de las elecciones regionales y departamentales en Francia, donde los partidos tradicionales conservan el control de los organismos territoriales. En las 13 regiones metropolitanas francesas, seguirán las mismas mayorías que ya habían dirigido estos organismos desde 2015. Los Republicanos (LR, derecha) continuarán al frente de siete regiones, el Partido Socialista de cinco y los nacionalistas corsos consolidan su dominio en la isla de Córcega. Cero alternancia.

El suspense ha brillado por su ausencia en unos comicios que no han entusiasmado a los franceses y esto ha facilitado el continuismo al frente de las regiones, cuyos presidentes salientes se impusieron con diez o incluso veinte puntos de distancia respecto al segundo. Solo votaron el 35% de los electores, en el caso de los jóvenes menores de 35 años la participación fue de alrededor del 20%. Esta abstención récord ha resultado la gran protagonista de unas elecciones que supusieron toda una jarra de agua fría para Marine Le Pen. También confirmaron la nula implantación local del partido del presidente Emmanuel Macron.

Con el 38% de los votos, la derecha republicana fue la opción más votada en el conjunto del país, mientras que el Partido Socialista y el resto de partidos de izquierdas consiguieron el 33%, la ultraderecha lepenista el 20% y La República en Marcha (LREM, partido de Macron) y otras formaciones de centro el 7%. De hecho, se trata de los peores resultados obtenidos por una formación presidencial en unos comicios intermedios en la historia de la Quinta República.

No obstante, el hecho de que dos tercios de los franceses no fueran a votar imposibilita que se pueda sacar cualquier conclusión categórica de estas elecciones de cara a las próximas presidenciales, que probablemente serán bastante más inciertas de lo anunciado hasta ahora por los sondeos. Si hay un perdedor en estos comicios locales, es el relato político y mediático que pronosticaba como una evidencia la repetición del duelo Macron contra Le Pen. Tras esta noche electoral, empieza la carrera hacia el Elíseo, que se dirimirá en abril del año que viene.

Batacazo del partido de Le Pen

Después unos resultados bastante menos elevados de los que se temía en la primera vuelta, la ultraderechista Reagrupación Nacional (RN) volvió a pinchar este domingo. El partido de Le Pen se quedará sin dirigir ninguna región tras perder en Provence-Alpes-Côte d’Azur (PACA, sudeste del país). El presidente regional Renaud Muselier (LR) ganó con el 57% de los votos, por delante de la lista ultraderechista (43%). A pesar de que la RN había liderado el escrutinio en la primera vuelta, el cordón sanitario a la extrema derecha, con la retirada de una lista de izquierdas (casi 17% en la primera vuelta), sirvió para evitar una victoria ultra en la región marsellesa.

"Esta noche no lograremos ninguna región", reconoció una Le Pen decepcionada tras el anuncio de las estimaciones de voto. "Estoy más determinada que nunca a poner toda mi energía y voluntad para rehabilitar la política, a devolverle su utilidad y eficacia al servicio de los franceses", añadió la líder de la RN, en un discurso en el que centró su mirada en las presidenciales 2022 para olvidar el batacazo sufrido.

En medio de un debate político y mediático derechizado, la RN afrontó estas regionales y departamentales con unas expectativas altas. Aspiraba a lograr por primera vez en su historia el control de una administración regional.
Finalmente, no solo se va con las manos vacías, sino que obtuvo unos resultados sensiblemente inferiores respecto a las anteriores regionales de 2015. Esta vez consiguió el 20% de los votos, mientras que hace seis años obtuvo el 27%. Un tropiezo que convertirá en un mar de dudas el partido de Le Pen, que este próximo fin de semana celebra su congreso nacional en Perpiñán.

Los barones de la derecha republicana ponen su mirada en las presidenciales

Al contrario del partido de Le Pen, la derecha republicana ha sido una de las claras vencedoras. LR conservan sus siete regiones y ganaron algunos departamentos (provincias). Pese a su declive en los últimos años, los socios del PP en Francia son de largo la formación que dispone de un mayor poder territorial. Y en estos comicios no han hecho más que confirmarlo. Ahora los barones de la derecha republicana aspiran a reproducir sus triunfos locales en el plano nacional. Una tarea que se prevé bastante más difícil.

"Este resultado me da la fuerza para ir al encuentro de todos los franceses", aseguró el conservador Xavier Bertrand, reelegido al frente de Hauts-de-France. El presidente de esta región del norte de Francia, donde la desindustrialización hizo estragos, enfocó claramente su discurso hacia las próximas presidenciales. Se dirigió "a esta Francia que nos oponemos a ver y escuchar, a esta Francia que se ha abstenido. Se trata del grito de esta Francia que trabaja y que no llega a final de mes. Es el grito de la Francia que respeta las reglas y que ve que por todos lados ve cómo la ley no es respetada".

Bertrand, de 56 años, ya había anunciado en marzo su voluntad de presentarse en las próximas presidenciales. Sin embargo, la candidatura de este exministro de Nicolas Sarkozy no había gozado de ningún dinamismo hasta ahora y se encontraba encallada en los sondeos, con alrededor del 15%, claramente por detrás de Macron y Le Pen. Su clara victoria en las regionales, con el 52%, probablemente reforzará sus opciones. Pese abandonar LR a finales de 2017, Bertrand aspira a erigirse en el candidato natural de esta familia política a través de un discurso destinado a una derecha popular. Un proyecto hasta ahora lastrado por su falta de carisma y por sus reticencias a abandonar el esquema ideológico del neoliberalismo.

No obstante, sus anhelos dependerán de las ambiciones de otros compañeros y rivales internos. Otros barones regionales de la derecha republicana han mostrado ciertas aspiraciones respecto a la carrera hacia el Elíseo. Es el caso de Valérie Pecresse, presidenta de la región parisina (45%), y de Laurent Wauquiez, quien repetirá al frente de la región de Lyon tras vencer con el 55%. La dirección de LR aún no ha anunciado cómo designará a su candidato de las presidenciales. Tras el fracaso de François Fillon en 2017, esta formación quedó traumatizada con las primarias. Solo ha indicado que quiere hacer un gran sondeo este verano. Un método extraño que puede resultar infructífero en una familia en la que han volado los cuchillos en la última década.

Los socialistas resisten y los verdes progresan lentamente

Mientras el triunfalismo invadió las filas de la derecha republicana, el Partido Socialista (PS), también se reivindicó como uno de los vencedores. Los socialistas conservan las cinco regiones que habían dirigido en los últimos seis años, así como numerosos departamentos. Pese a su evidente decadencia nacional, mantienen la hegemonía de la izquierda en el ámbito local. Esta noche se evidencia de que, si hay una fuerza motora en la izquierda, es la socialista", dijo Olivier Faure, el secretario general del PS. Este discurso, sin embargo, debe ser matizado, ya que el resultado de los socialistas resultó un 7% inferior al de 2015.

En cambio, los verdes franceses sí que lograron mejorar sus resultados, pero no dirigirán ninguna administración territorial. Tras haber vencido el año pasado en grandes ciudades como Lyon, Burdeos o Estrasburgo, esta vez los candidatos de Europa Ecología los Verdes (EELV) se quedaron con la miel en los labios. Terminaron segundos en varias regiones, como en la de París, Nantes o Lyon, en las que sus candidatos recibieron el apoyo del resto de formaciones progresistas en esta segunda vuelta. Además, las listas de "unión de la izquierda", con coaliciones desde la primera vuelta y lideradas por ecologistas, obtuvieron unos resultados bastante modestos. Aunque la fragmentación lastra a la izquierda, la unión tampoco parece la solución mágica.

En el caso de la Francia Insumisa, tuvo un rol secundario. El partido de Jean-Luc Mélenchon (republicano y socioecologista) compuso alianzas de geometría variable en los distintos territorios. Esto le permitirá disponer de cierta presencia en los organismos territoriales, aunque esta formación arrastra el mismo problema de falta de implantación local que el de Macron o Le Pen. "Ha sido una vez más una abstención abismal la que ha separado a la mayoría de los franceses de las instituciones que deberían representarlos", declaró Mélenchon, cuyo partido propone una amplia reforma institucional y la proclamación de una Sexta República para responder a la crisis de la democracia gala.

La gran protagonista: la abstención

De hecho, la gran protagonista de este domingo volvió a ser la bajísima participación. Solo el 35% de los electores fueron a votar, tras los niveles récord de la primera vuelta, con solo un 33%. Esta huelga electoral se ha visto favorecida por motivos de coyuntura, como las ganas de la población de gozar de la libertad reencontrada con el final de la mayoría de restricciones sanitarias o la cultura centralista de un país en que muchos ciudadanos desconocen las competencias de las regiones o departamentos. Un desinterés acentuado por el debate mediático, dominado en los últimos meses por las presidenciales, el covid-19 y la obsesión por la seguridad, que no es una competencia regional.

La abstención masiva refleja, sin embargo, una tendencia más profunda. "De las últimas once elecciones en Francia, ha habido al menos siete en que la participación se situó por debajo del 50%", explicó a Público el politólogo Patrick Lehingue, profesor en la Universidad de Picardía, antes de los comicios del domingo. "Cuando el 85% de los votantes de menos de 25 años se abstienen, esto no puede deberse a motivos de coyuntura, sino que refleja algo estructural", reconocía Gaston Laval, responsable del puesto de votación de la escuela Recollets, en el centro-este de París.

"Me da miedo que esta tendencia se instale, ya que si la gente no se expresa en las urnas, lo hará a través de otros métodos, bastante menos pacíficos", aseguraba Anne-Laure, de 46 años, una directora de teatro que votó en este colegio electoral cercano al emblemático canal de Saint-Martin. Allí centenares de personas disfrutaban de la tarde del domingo. La gran mayoría de franceses antepusieron el sol y la Eurocopa a las urnas.

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