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Emiliano Zapata "El gobierno mexicano mató a Emiliano Zapata; sería congruente que pida perdón"

El 10 de abril de 1919, el revolucionario mexicano Emiliano Zapata fue asesinado. Cien años después, su bisnieto, el historiador Edgar Castro Zapata, preside la fundación que lleva el nombre de su antepasado. Reivindica su “Tierra y libertad” y considera que el Estado mexicano debería pedir perdón por su asesinato.

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 General Emiliano Zapata.

Emiliano Zapata (1879-1919) tardó nueve años en darse cuenta de que algo estaba mal en el reparto de las tierras en México. Al menos, así lo cuenta Porfirio Palacios, autor de un libro biográfico editado en 1960 sobre la figura del revolucionario mexicano. Según este relato, siendo todavía un niño, sin ese bigote poblado que le caracterizaría años después, el pequeño Emiliano se sorprendió por cómo los hacendados se quedaban con las tierras de los campesinos en Morelos. Su padre le dijo que no pensase en devolverlas, que era imposible. “¿No se puede? Pues cuando yo sea grande, haré que las devuelva”, respondió el futuro general.

Años después de aquella primera historia sobre justicia social Emiliano Zapata se convertiría en uno de los símbolos de la revolución mexicana. Su lema “tierra y libertad” traspasó las fronteras de su país de origen y su figura pasó a formar parte de la iconografía de la izquierda internacional. Su legado: la defensa de los campesinos y los desposeídos y su reivindicación de una reforma agraria que devolviese a las clases populares la propiedad de las tierras que ellos mismos trabajaban.

Estos planteamientos le llevarían a ser asesinado dentro de la propia revolución. Cayó tras una trampa urdida por Jesús Guajardo, militar que había participado en el levantamiento contra el gobierno autoritario de Porfirio Díaz. Este logró hacerle creer que se uniría a sus tropas, que mantenían la guerra de guerrillas exigiendo un reparto equitativo de las tierras. Fue un engaño para pillarlo desprevenido y matarlo a tiros.

100 años de su muerte

La figura del general revolucionario sigue siendo reivindicada un siglo después. Como ejemplo, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, decretó este ejercicio, el primero en el que el izquierdista ostenta la jefatura de Gobierno, como “año del caudillo”.

Edgar Castro Zapata tiene 38 años, es originario de Cuautla, en el estado de Morelos, al sur de la Ciudad de México. También es historiador y bisnieto del revolucionario. Al frente de la Fundación Zapata, es uno de los encargados de mantener vivo el legado de su antepasado.

“En el marco del centenario del asesinato queremos algo más que membretes oficiales”, asegura Edgar Castro Zapata

“En el marco del centenario del asesinato queremos algo más que membretes oficiales”, afirma en conversación con Público. En su opinión, “la vigencia del pensamiento zapatista es en el reclamo de la justicia social. El símbolo zapata enmarca la libertad y la justicia, es un derecho universal. Creo que es un momento de reflexión, la mejor manera de homenajear al general es el desarrollo de políticas públicas a favor de los grupos vulnerables en México”, afirma.

El historiador considera que “a la muerte del general, la revolución social fue interrumpida”. Sin embargo, pone en valor la influencia de Zapata en ejecutivos posteriores de la etapa postrevolucionaria, especialmente el de Lázaro Cárdenas (1934 a 1940), que incluyó políticas sociales como la reforma agraria o la nacionalización del petróleo. Cárdenas también será recordado por ser el presidente que abrió las puertas de México a miles de republicanos que huyeron de España tras el fin de la guerra civil, un exilio del que este año se cumplen 80 años.

“La lucha de Zapata hizo que los gobiernos implementaran políticas sociales”, dice su bisnieto, en conversación telefónica. Sin embargo, en su opinión, en México hay todavía “mucho rezago” en ámbitos como lo educativo o el consumo alimenticio.

“La lucha de Zapata hizo que los gobiernos implementaran políticas sociales”, dice su bisnieto

La conmemoración del centenario del asesinato de Emiliano Zapata llega en un contexto efervescente en el país norteamericano. El 1 de junio de 2018, Andrés Manuel López Obrador arrasó en las elecciones presidenciales. Su triunfo implica una ruptura con el modelo anterior que él pretende materializar a través de la denominada “cuarta transformación”, que se sumaría a tres procesos desarrollados en los dos siglos previos: la independencia, la reforma del siglo XIX y la revolución en la que participó Zapata. “Es muy primerizo darle esa calificación de cuarta transformación”, considera Castro Zapata. No obstante, pone en valor la “gran aceptación social” del presidente López Obrador y confía que para la conmemoración del aniversario del asesinato del revolucionario anuncie “más leyes a favor de los grupos vulnerables”. “Somos herederos de una revolución, que desgraciadamente se truncó a la muerte del general Zapata, que busca beneficiar a los grupos vulnerables”, argumenta.

Emiliano Zapata fallecido

Ante toda efeméride de estas características hay una pregunta que parece obvia: cómo cree el historiador y bisnieto de Zapata que su antepasado valoraría el estado actual de México. “Lo que le preocupaba al general, lo que trae su pensamiento en el siglo XXI, es el apoyo al campo, que es algo fundamental”, considera. “Si apoyan al campo México tuviera un autoconsumo alimentario”, dice, algo que, en su opinión, serviría como prevención para el gran flujo migratorio que se dirige hacia Estados Unidos. “Honrar la memoria general es implementar un mejoramiento a las comunidades, que surja un beneficio”, asegura, para defender el “autoconsumo de lo que siembran y cosechan”. En su opinión, el legado de Zapata es “el amor a la tierra”. Cien años después, la cuestión agraria, la falta de acceso de los campesinos a la tierra que ellos mismos trabajan sigue siendo una cuestión pendiente para México.

En este sentido, el depositario de la memoria de Zapata aborda los problemas a los que se enfrenta el México actual. Y uno de ellos es la oposición de las comunidades a macroproyectos que también se promueven desde el Gobierno de López Obrador, que está siendo criticado por el movimiento indígena por su apoyo a planes como el Tren Maya (una infraestructura que atravesará el sur del país y que costará entre 6.000 y 8.000 millones de dólares) o las hidroeléctricas programadas en el estado de Morelos, la tierra en la que nació, combatió y murió el revolucionario.

El historiador cree que el actual gobierno sí que mantiene vivo el recuerdo de su bisabuelo

“Para homenajear a Zapata, hay que escuchar al pueblo”, afirma, para luego rechazar que se implementen proyectos que “fueran a polarizar a la sociedad”. Su receta: mantener “un diálogo con el pueblo”. A pesar de estas divergencias con los movimientos campesinos, el historiador cree que el actual gobierno sí que mantiene vivo el recuerdo de su bisabuelo y pone como ejemplo el hecho de que López Obrador decretase este ejercicio como “año del caudillo”. Las instituciones participarán en diversas iniciativas para recordar al caudillo revolucionario. La familia, a través de la fundación Emiliano Zapata y los herederos de la Revolución, ha registrado también el nombre del histórico general como marca. Esto le permitirá comercializar diversos productos con la imagen de su antepasado.

Esta memoria traspasa las fronteras de México. “A nivel internacional, Zapata es un icono de rebeldía”, reivindica el historiador, que recuerda que “tanto que los movimientos en América como en Europa han retomado la frase de Tierra y Libertad, que es universal”. El revolucionario mexicano es también autor de otra frase, “es mejor morir de pie que vivir arrodillado”, que habitualmente ha sido atribuida a otros iconos de la izquierda como Ernesto “Che” Guevara o Rosa Luxemburgo.

“Tanto que los movimientos en América como en Europa han retomado la frase de Tierra y Libertad, que es universal”, declara el historiador

La influencia de Zapata es innegable en los movimientos progresistas actuales. Por eso, su bisnieto muestra su “respeto y admiración” por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que se levantó en armas el 1 de enero de 1994 en Chiapas. Actualmente, este movimiento mantiene una posición crítica con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, de quien han vaticinado que será una “decepción”. Castro Zapata no entra en este tipo de valoraciones, aunque considera que el EZLN trata de materializar “los ideales” por los que luchó su bisabuelo. “Los admiro y sé que van a tener una conmemoración digna allí en los caracoles”, afirma.

Cien años después, las reivindicaciones de Zapata siguen pendientes en un México desigual y que se ahoga en la violencia

El centenario del asesinato de Zapata llega en un contexto en el que México revisa su memoria histórica y los hechos que lo configuraron como país. El presidente López Obrador pidió por carta al rey Felipe VI y al papa Francisco que pidan perdón por la responsabilidad de la Corona española y el Vaticano en las vulneraciones de Derechos Humanos perpetradas durante la conquista, hace 500 años. No se quedó ahí. Aseguró que su gobierno también pedirá perdón por las violencias protagonizadas por México desde la independencia y por la matanza de indígenas durante los últimos 200 años. En opinión de Castro Zapata, este perdón debería ser extensible también a su bisabuelo, Emiliano Zapata. “Debería pedir perdón, es lo más congruente. El gobierno mexicano (que en aquellos tiempos estaba en manos de Ventustiano Carranza) asesinó a Zapata. Así que debería pedir perdón por haberlo matado”, asegura.

Cien años después, Zapata queda como algo más que un eslogan que inspiró a Ken Loach para su film de 1995. Sus reivindicaciones siguen pendientes en un México desigual y que se ahoga en la violencia.