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Un escéptico al frente de la Unión Europea

La República Checa asumirá la presidencia de la UE el 1 de enero ante el recelo en Bruselas

DANIEL BASTEIRO

¿Puede un país cuyo presidente se declara "disidente de Europa" encargarse de moderar las reuniones de los 27? Está a punto de ocurrir. La República Checa asumirá el 1 de enero la presidencia de la Unión Europea que deja Francia tras un frenético mandato de Nicolas Sarkozy. A los dirigentes checos les precede el escándalo. Sobre todo a su presidente, Václav Klaus, que se niega a izar la bandera azul de las 12 estrellas en su residencia oficial argumentando que su país "no es una provincia de la UE".

El carácter de Klaus produce nerviosismo en la UE, que se sintió "herida cuando nuestras banderas fueron retiradas", según aseguró Sarkozy ante el pleno del Parlamento Europeo en su última sesión. "No tratamos así a los símbolos europeos", reiteró ante la Eurocámara, que aplaudía.

El presidente checo se niega a izar la bandera de la UE en su residencia

Sin embargo, lo que más escuece en Bruselas es el recelo a unas instituciones comunitarias reforzadas. Sólo la República Checa e Irlanda no han ratificado el Tratado de Lisboa, la secuela de la Constitución fracasada tras el "no" en referéndum de franceses y holandeses.

En Irlanda hay pendiente un nuevo referéndum del Tratado, que fue rechazado en la anterior consulta por el 53% de los ciudadanos. En Praga se debatirá en febrero, tras un dictamen del Tribunal Constitucional que considera compatible a la nueva legislación europea con la nacional. Pero Klaus se muestra en contra: defiende una unidad de libre comercio pero no avances políticos, hasta el punto de reunirse con partidarios del "no" en Irlanda durante una visita oficial. Las ideas del popular presidente comienzan a calar en la gente: tan sólo el 41% de los checos cree que la voz de su país cuenta en la UE, frente al 61% de la media continental, según un Eurobarómetro.

En septiembre, un anuncio publicitario mostraba a una República Checa dispuesta a "endulzar Europa" como un terrón de azúcar en un café, pero las relaciones con Bruselas no pueden ser más agrias en los albores de su mandato.

Klaus quiere una UE económica, pero se opone a la integración política

Una delegación del Parlamento Europeo viajó en noviembre a Praga para entrevistarse con Klaus. Todos le pidieron que ratificase el Tratado de Lisboa y criticaron su negación del cambio climático. Por su parte, Klaus filtró las conversaciones a la prensa y aseguró que nadie le había tratado así desde el fin de la Unión Soviética. "Pensé que esos modales habían terminado hace 18 años", recalcó. Desde la Eurocámara, el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, le replicó que comparar a la UE con la URSS demuestra "no comprender qué fue la URSS, lo que es la UE y tener una idea muy débil de la democracia, la libertad y la solidaridad".

Las presidencias de la UE son semestrales y dotan de una gran visibilidad al país que las ocupa. Le dan el rol protagonista: el de dirigir las reuniones a todos los niveles, convocar las cumbres de jefes de Estado y decidir su emplazamiento o llamar al Despacho Oval como representante de 27 países.

Sólo la República Checa e Irlanda no han ratificado el Tratado de Lisboa

Pero también pueden ser una patata caliente por las responsabilidades que conllevan. La de la República Checa no será fácil. El primer ministro, Mirek Topolanek, cuenta con una frágil mayoría parlamentaria y unas malas relaciones con Klaus a pesar de pertenecer al mismo partido.

Topolanek, de carácter más europeísta, tendrá que afrontar bajo la mirada de Klaus una crisis económica que acabará de estallar en 2009, el establecimiento de unas nuevas relaciones con EEUU o la vuelta a la normalidad con Rusia, un país con el que se negocia un nuevo acuerdo estratégico.

 

 

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