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Escocia obtendrá más poder autonómico aunque gane el 'no'

PABLO RODERO

En octubre de 2012, durante el periodo de negociación del conocido como Acuerdo de Edimburgo, que estableció las bases para la convocatoria del referéndum escocés, el primer ministro británico, David Cameron, puso como requisito una pregunta única y clara que se respondiera con "sí" o "no". Se descartaba de esta forma una tercera alternativa a la independencia y al status quo que apostara por dar mayores poderes al parlamento de Edimburgo. Conocedor Cameron de que esta era la opción que contaba con más apoyos en Escocia y convencido de que la independencia jamás se impondría, aposto toda su suerte a que los escoceses votaría por que todo siguiera igual.

Irónicamente, la gran apuesta del unionismo en la recta final de la campaña ha sido precisamente lo que Cameron rechazó incluir en el referéndum, mayor devolution o cesión de competencias a Edimburgo. En una carta publicada el martes en el Daily Record y firmada conjuntamente por el conservador Cameron, el líder laborista Ed Miliband y el liberal-demócrata Nick Clegg, el unionismo cerraba filas prometiendo la cesión de "nuevos poderes mediante el proceso y el calendario acordado y anunciado por nuestros tres partidos, comenzando el 19 de septiembre".

Los poderes que Westminster estaría dispuesto a ceder a Edimburgo serían fundamentalmente mayores competencias en materia fiscal así como un mayor control sobre las prestaciones sociales. Precisamente la lucha contra los recortes al estado de bienestar ha sido uno de los caballos de batalla del independentismo, que ha prometido la renacionalización de recientemente privatizado servicio de correos y la protección del sistema de salud público.

El primer ministro escocés, Alex Salmond, apeló esta semana al primer referéndum para la creación de un parlamento escocés, cuando las promesas de mayor descentralización no se vieron cumplidas tras la derrota del "sí". "En (el referéndum de) 1979 se le dijo a Escocia que votara que ‘no' y se le cederían más poderes y en lugar de eso tuvimos a Margaret Thatcher, la desindustrialización y la ‘poll tax', el sistema fiscal más injusto de todos los tiempos", declaró el líder nacionalista en una rueda de prensa para medios internacionales.

Salmond, presidente del Partido Nacionalista Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) desde 1990, es sin duda la figura clave del proceso y el líder indiscutible del nacionalismo escocés. El referéndum de independencia es su gran apuesta política y un acontecimiento prácticamente imposible de pronosticar antes de 2007, cuando el SNP logró su primer triunfo electoral. Un "no" en la votación dejaría al primer ministro escocés en una situación complicada a la que el mismo ha rechazado hacer referencia, por lo que persiste la duda de si continuaría en el cargo o optaría por la dimisión.

El periodista escocés David Torrance, autor de una biografía de Salmond titulada "Contra todo pronóstico" (Again the odds), no cree que el líder del Gobierno escocés fuera a presentar su dimisión si el rechazo a la independencia se impusiera en el referéndum. "Creo que continuará, muchos de mis colegas piensan que dimitirá, pero si lo hace quedará como un perdedor", explica Torrance. "Creo que peleará por las elecciones de 2016 y si consigue ganar una tercera legislatura entonces será un mago y un genio político".

Tras la alarma generalizada provocada por los últimos sondeos en Londres, se han alzado numerosas voces reclamando reformas estatales, sea cual sea el resultado del referéndum. El propio Torrance se muestra partidario de un Estado federal y hay voces, por ahora marginales, dentro del espectro político británico reclamando la creación de un parlamento inglés, siguiendo el modelo de Escocia y Gales.

El profesor de Políticas de la Universidad de Aberdeen, Michael Keating, experto en procesos de descentralización en el Reino Unido y Europa, no cree que el Reino Unido federal sea un proyecto que pueda desarrollarse a corto plazo. "David (Torrance) y los que abogan por un Reino Unido federal siguen dejando algo en el aire y es qué hacer con Inglaterra", explica el profesor. "Un estado federal no tiene porque ser simétrico, pero debe estar equilibrado. Si tienes un 85% de la población bajo el Gobierno central, eso no es federalismo", añade.

Más a corto plazo, las elecciones generales de 2015 se plantean como una cita crucial. El ascenso del UKIP, un partido nacionalista británico y anti UE, ha hecho que el centro de gravedad político se desplace hacia la derecha y los conservadores han prometido un referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea para 2017 si consiguen la victoria en las próximas generales. Los sondeos muestran que ni laboristas ni conservadores están cerca de una mayoría absoluta, con lo que el UKIP podría ser la clave para la formación de un gobierno de coalición al que, previsiblemente, exigirían la celebración del referéndum. Estos acontecimientos no harían sino reavivar la llama del independentismo escocés, generalmente europeísta, y Torrance admite que la cuestión de la secesión podría volver a reaparecer sobre la mesa y "un nuevo referéndum podría ser convocado en 15 años, cuando volviese a gobernar el SNP y se dieran las condiciones".


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