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El fantasma del 'impeachment' vuelve a Brasil mientras la calle se rebela contra un Congreso sin legitimidad

En apenas medio año de Gobierno, Michel Temer ha visto que seis de sus ministros dimitían por escándalos de corrupción. En la última semana el mandatario se ha convertido en el centro de las denuncias entre la creciente indignación de los brasileños.

Una caricatura del presidente de Brasil, Michel Temer, durante una manifestación en Río de Janeiro. - REUTERS

SAO PAULO.- El Gobierno brasileño pasa por su peor crisis desde que Dilma Rousseff fuera apartada de la presidencia. Todo comenzó hace un par de semanas con la dimisión del ex ministro de Cultura Marcelo Calero. Este joven diplomático carioca llegó a Brasilia tras una serie de casualidades. En un primer momento el ministerio de Cultura ni siquiera iba a existir, pero tras meses de reivindicaciones Temer decidió dar marcha atrás y reabrirlo.

Después de que cinco mujeres rechazaran la invitación para dirigir esta cartera por no querer formar parte de un Gobierno que había llegado al poder “de forma truculenta”, el presidente le ofreció el cargo a otros dos hombres. Todos lo rechazaron. La última opción llegó dentro de su partido (PMDB), y fue la del secretario municipal de Cultura de Rio de Janeiro, un joven “serio y correcto”, apadrinado por el entonces alcalde carioca, Fernando Paes.

Calero denunció que dejaba su cargo por haber sido “coaccionado” por el presidente y por otros ministros para “favorecer intereses particulares”

Nadie podía esperar que este ministro, hasta el momento desapercibido por los medios, fuera quien meses después iba a revolucionar el Gobierno Temer y erigirse como un “verdadero político anticorrupción”. Fue el pasado 19 de noviembre cuando Calero denunció en Folha de Sao Paulo y después ante la Policía Federal que dejaba su cargo por haber sido “coaccionado” por el presidente y por otros ministros para “favorecer intereses particulares”.

Según Calero, desde que ocupó su silla en Brasilia el secretario de Gobierno y ministro Geddel Vieira Lima, mano derecha de Michel Temer, le presionó para que “forzara” al Instituto de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan) a liberar la construcción de un edificio en el centro histórico de Salvador de Bahía. Las presiones aumentaron en octubre cuando el propio Geddel le confesó que había comprado un apartamento en la planta 30 y que el Iphan sólo iba a permitir construir 13 plantas: “¿Qué hay de mi apartamento entonces?”, le espetó Geddel.

Las presiones comenzaron a preocuparle cuando vinieron de parte del ministro de la Casa Civil, Eliseu Padilha, y luego del propio Michel Temer, que supuestamente le diría que “la política tiene estas presiones” y le pediría que “resolviera el problema con la Abogacía General de la Unión”.

El hasta ahora ministro de Cultura brasileño Marcelo Calero. - AFP

El pasado domingo Calero dio una entrevista en el programa de televisión Fantástico en la que confesó haber grabado conversaciones telefónicas con el presidente y otros dos ministros por consejo de la Policía Federal. Insistió que su preocupación no era la de inculpar al mandatario, sino dejar claro que él no aceptaría esas presiones. “Me han acusado de ser desleal, pero un servidor público tiene que ser leal, no cómplice”.

En su entrevista Calero dejó al equipo de Temer a la altura del betún. Él consiguió colocarse como un “político nuevo” que lucha contra la “misma corrupción” que habría sacado del poder a Dilma Rousseff: “Es una pena que cuando intentamos pasar el país a limpio surjan estas cosas habituales en la política tradicional de Brasilia. Mi obligación es no aceptar la corrupción”, sentenció en pleno prime time.

Al día siguiente de la entrevista, el Partido Socialista y Libertad (PSOL), único limpio de escándalos de corrupción, presentó ante la Cámara de los Diputados una petición de impeachment contra Michel Temer por un crimen de responsabilidad con base en la acusación del ex ministro Calero de haber sido “coaccionado” para favorecer a Geddel Vieira Lima.

Geddel Vieira Lima entendió que su dimisión era la única oportunidad de salvar a su amigo Temer del enfado de las calles

Según el PSOL el jefe de Gobierno habría incurrido en cinco crímenes descritos por la Ley de Impeachment, como las conductas de “abogacía administrativa y desobediencia a los principios de impersonalidad” (decidir de acuerdo con el interés público y no particular) y de moralidad (actuar de forma ética en sus decisiones). El PT junto a algunos movimientos sociales también estudian presentar otra moción en los próximos días.

El escándalo Geddel-Calero, bautizado como Calerogate, también provocó que en apenas una semana dimitieran, primero, el titular de Cultura y, después, el denunciado Geddel Vieira Lima, quien entendió que su dimisión era la única oportunidad de salvar a su amigo Temer de la indignación de las calles. Con estos dos últimos ministros ya se llega a un total de seis hombres que en seis meses han dejado sus puestos por escándalos de corrupción de diversa índole.

Manifestantes montan una barricada durante una protesta ante el Congreso brasileño contra el ajuste fiscal del Gobierno de Temer. - EFE

Manifestantes montan una barricada durante una protesta ante el Congreso brasileño contra el ajuste fiscal del Gobierno de Temer. - EFE

Todos contra el Congreso

Paralelamente al Calerogate, el Congreso de los Diputados trabajaba estos días a todo trapo para aprobar dos polémicas propuestas. La primera era un paquete de 10 medidas anti corrupción elaboradas por el Ministerio Público Federal. Pero su aprobación escondía una letra pequeña que decía que se podría amnistiar a todos los diputados que hubieran recibido dinero no declarado (Caja 2) en sus pasadas campañas.

La posibilidad de amnistiar la Caja 2 de los diputados provocó una oleada de indignación incluso entre los que habían apoyado el proceso contra Rousseff

En medio de las denuncias de Calero, la posibilidad de amnistiar la Caja 2 de los diputados provocó una oleada de indignación incluso entre los propios grupos que habían apoyado el proceso contra Rousseff. Janaina Paschoal, abogada de la acusación en el juicio contra la ex presidenta, pidió a través de un vídeo que el Congreso no fuera “corrupto después de todo lo que habían luchado para cambiar las cosas”. Hélio Bicudo, uno de los redactores del impeachment de Dilma, dijo estar “arrepentido” por haber permitido que ese Gobierno llegara al poder.

Horas antes de que se emitiera la entrevista del ex titular de Cultura, Michel Temer dio una rueda de prensa junto a los líderes del Senado y la Cámara, Renan Calheiros y Rodrigo Maia. El trío aseguró que no votarían a favor de ninguna cláusula que permitiera la amnistía de la caja 2 porque habían “escuchado las voces de la calle”.

El presidente de Brasil, Michel Temer, durante una conferencia de prensa. - REUTERS

La madrugada del jueves el Congreso aprobó el paquete anticorrupción “completamente transformado”, en palabras del Fiscal General Federal, Rodrigo Janot. Aunque no aprobaron la amnistía de la caja 2, tampoco aceptaron la mayoría de las propuestas por considerarlas “fascistas”, según Renan Calheiros. Lo que sí aprobaron fue una serie de medidas anti corrupción para controlar a los jueces y no tanto a los diputados.

Los fiscales de la operación Lava Jato, que investigan el mayor escándalo de corrupción del país, amenazaron esta semana con una dimisión general por “sentirse agredidos por el Congreso”. La presidenta del Tribunal Superior Federal, Carmen Lúcia, también advirtió que el foco anti corrupción “no debía ser el sistema judicial”. Los movimientos sociales de derecha aliados del Gobierno y que promovieron la salida de Dilma anunciaron una gran manifestación este domingo contra el Congreso y contra Renan Calheiros por ser uno de los principales instigadores de los cambios en el paquete de medidas.

Los movimientos de izquierda que no se atreven a salir a la calle con los anteriores también están indignados con la aprobación de la Propuesta de Enmienda Constitucional 55 que pasó por el Senado Federal con mayoría de votos. Esta medida obliga a congelar el gasto público durante los próximos 20 años, el cual sólo podrá reajustarse por la inflación, lo que supone una reducción sustancial de inversión en gasto social.

Temer tiene que lidiar con una situación económica que no mejora y con una popularidad que no supera el 15%

La propuesta, calificada por varios economistas como de “austericidio”, es para algunos politólogos, como André Singer, “un golpe a la Constitución de 1988 por acabar con las garantías básicas de Educación y Sanidad para todos los brasileños”. La oposición de izquierda también tiene previsto salir a la calle contra esta medida para “defender los derechos de los más pobres que serán los más perjudicados”, decía en un comunicado Guilherme Boulos, del Movimientos de Trabajadores Sin Techo (MTST).

Al tener un importante apoyo del Congreso, las posibilidades de que el impeachment contra el presidente prospere son pocas. Pero Michel Temer todavía tiene que lidiar con una situación económica que no mejora y con una popularidad que no supera el 15%. A su vez tendrá que elegir a un sustituto para la secretaría del Gobierno que se encargue de negociar entre el Ejecutivo y el Congreso, ambos poderes en plena crisis de legitimidad.

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