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Francia-Alemania y Hungría-Polonia: la guerra en Ucrania desgasta las alianzas tradicionales de la UE

Las consecuencias de la invasión rusa provocan un cambio de equilibrios en las alianzas tradicionales del bloque comunitario. El eje franco-alemán entra en "fase de reflexión".

El presidente de Francia, Emmanuel Macron (derecha), el canciller alemán Olaf Scholz (izquierda) y el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte (centro), llegan al segundo día de la Cumbre Europea en Praga, el 7 de octubre de 2022.
Emmanuel Macron (derecha) y Olaf Scholz (izquierda), junto con el primer ministro holandés, Mark Rutte (centro), llegan a la Cumbre Europea en Praga, el 7 de octubre de 2022. Joe Klamar / AFP

Si el motor franco-alemán estornuda, la UE corre el riesgo de resfriarse. La tradicional hermandad entre las dos principales potencias europeas atraviesa sus horas más bajas de los últimos tiempos. Lo que era un secreto a voces, escenificado con cada choque por cuestiones energéticas o de política exterior, es ya algo público: las relaciones con Alemania se encuentran en una "fase de reflexión", ha admitido Bruno Le Maire, ministro de Economía francés.

El último ejemplo de este enfriamiento ha llegado en el Consejo Europeo que los 27 líderes de Estado y de Gobierno han celebrado este jueves y viernes en Bruselas. Ante la gran batalla energética, Francia llegaba de la mano de países como España, que piden más medidas y más ambiciosas para aliviar la factura de la luz. En el otro lado, la Alemania de Olaf Scholz fue el hueso más duro de roer durante una negociación que se prolongó durante más de diez horas y que concluyó con un acuerdo de mínimos. Berlín es ya junto a Hungría el país que más frena imponer un tope al precio del gas.

El distanciamiento ha sido tal que ambos países han pospuesto una cumbre bilateral. Aunque en sendas capitales lo atribuyen a una cuestión de agenda, es evidente que la relación entre el Bundestag y el Elíseo no atraviesa su momento más óptimo. En París no ha sentado con agrado el macro-paquete financiero de 200.000 millones de euros que Scholz se ha sacado de la mano para proteger a sus empresas y ciudadanos. La sensación de que Berlín se está replegando con una estrategia proteccionista que pone en riesgo la igualdad de condiciones que rige el mercado interior se extiende a otras capitales.

Berlín prefiere pagar el gas más caro si ello supone no arriesgar el suministro

Alemania es uno de los países más vulnerables y más expuestos en esta situación de emergencia energética. Si bien es cierto que sus líderes políticos se han obligado a entonar el 'mea culpa' por haber apostado todos los huevos a una única cesta, la rusa, su gestión interna de la guerra está generando irritación entre muchos socios comunitarios. Berlín prefiere pagar el gas más caro si ello supone no arriesgar el suministro. Pero no todos los países tienen el poderío financiero para hacer frente a estos tarifazos protegiendo a sus ciudadanos. "No es bueno para Alemania ni para la UE que (Olaf Scholz) se aísle", advertía Macron a su llegada al edificio del Consejo Europeo, ante el 'nein' germano a imponer un tope al precio del gas.

La guerra en Ucrania ha desembocado en una guerra energética dentro del seno europeo. Alemania y Francia tienen mix energéticos muy diferentes. El primero, altamente vinculado al carbón; el segundo, a las fuentes nucleares. Sus intentos de proteger estos sectores estratégicos también ha sido una fuente de conflicto. El último desplante en este sentido ha sido la implacable negativa de Macron al proyecto de MidCat, que fue revitalizado tras las llamadas de Scholz a activar un proyecto que podría abastecer de gas a una Alemania que ansía desprenderse de los hidrocarburos rusos. Finalmente, Macron ha cedido a poner en marcha el BarMar –llamado a conectar Barcelona y Marsella por una tubería en el mar–. El nuevo proyecto ha sido acogido con buenas sensaciones entre los alemanes.

Los dos países tampoco se han reencontrado en la lectura sobre la guerra. Ambos apoyan la mano dura con Putin, las sanciones europeas, el envío de armas a Ucrania o el apoyo incondicional a Zelenski. Pero el diablo está en los matices. Por ejemplo, París cree que Berlín se ha lanzado demasiado a los brazos de Estados Unidos en su visión estratégica y en la adquisición de armas Made in USA. Mientras que una de las marcas de identidad de Macron es promulgar una "soberanía estratégica" con un bloque más potente en política exterior y desligado la tutela de Washington. El canciller alemán ha mantenido un perfil muy bajo durante la guerra, mientras que su homólogo galo es el líder occidental que más veces ha hablado por teléfono con Vladimir Putin, al que en una ocasión pidió "no humillar".

Fisuras en el tándem iliberal

La fricción del eje llega en un momento en el que la UE sufre una crisis de liderazgo. La marcha de Mario Draghi, que cede el testigo a la ultraderechista Giorgia Meloni, a los mandos de la tercera economía de la Eurozona se mezcla con un Macron que va perdiendo su fuerza inicial y una cancillería alemana muy alejada de la capacidad de liderazgo europeo e internacional que abanderó Angela Merkel.

Pero el fin de la luna de miel no se limita al eje franco-alemán. La relación de la otra pareja de baile por antonomasia, los rebeldes Hungría y Polonia, también ha sufrido las consecuencias de la guerra en Ucrania. Varsovia es la capital más vocal contra Putin. Budapest la más cercana y simpatizante con el Kremlin. Mientras que los polacos van a acoger la sede de la misión de entrenamiento militar para el Ejército ucraniano, han abierto sus puertas a más de tres millones de refugiados ucranianos o son de los que más armas envían a Kiev, los húngaros no participan en la misión, se muestran públicamente en contra de las sanciones europeas contra Rusia o no envían material bélico a los de Zelenski. El propio Jaroslaw Kacynski, la persona más importante del partido gobernante Ley y Justicia (PiS) ha calificado de "triste" y "decepcionante" la estrategia de Orbán en la guerra.

El conflicto en Ucrania está dejando muchas consecuencias en el bloque comunitario: energéticas, económicas, geopolíticas y de redefinición de equilibrios en la mesa del Consejo Europeo. Las alianzas históricas buscan su encaje en el conflicto bélico. Aunque es fácil prever que tanto Francia y Alemania encuentren el punto en común para no debilitar la UE, también es difícil pronosticar que Hungría y Polonia tomen senderos diferentes a la hora de apoyarse en el pulso que mantienen con Bruselas por los derechos y valores fundamentales.

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