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Gobierna Cristina, no un matrimonio

La mano tendida reemplazó al puño crispado de Evita. En tono íntimo y conciliador, Cristina Fernández de Kirchner ofreció su discurso inaugural como la primera presidenta electa de los argentinos y relegó a su mar

FEDERICO PEÑA

Con el 12% de los votos escrutados, se calzó el traje de mandataria y cambió la crispación y las críticas al pasado de la campaña por la mirada hacia el futuro. "La idea no es retrotraernos a lo que ya fue. Quiero convocarlos a hacer lo que tenemos que seguir haciendo", dijo. Detrás de ese cambio se esconde la tranquilidad de un apoyo de casi el 45% de los ciudadanos y una diferencia superior al 20% respecto a su seguidora, Elisa Carrió, de la Coalición Cívica, quien se autoproclamó "líder de la oposición" con el 23% de los votos.

La gestión de Néstor Kirchner comenzó en 2003 con un signo de debilidad. Obtuvo apenas el 22% de los sufragios en la primera vuelta y la derecha le auguró menos de un año de vida al mando del país. Cristina, como la llaman sus seguidores, recordó aquellos primeros días en el poder y apuntó que "si pudimos hacerlo entonces, cómo no podremos ahora si somos más".

Los logros económicos -Argentina casi duplicó su PIB en cuatro años y redujo el desempleo a un dígito-, fueron la bandera del oficialista Frente para la Victoria (FPV) para que la ciudadanía refrendara el proyecto del matrimonio Kirchner en detrimento de una oposición que no sedujo a los votantes. Dicho de otra forma, los logros económicos eclipsaron los escándalos de corrupción y los problemas sin resolver. "Sabemos lo que falta, sabemos cómo hacerlo" reza el eslogan del FVP. En adelante, la construcción del poder presidencial ya no será el principal desafío y la ciudadanía no tendrá en cuenta la crisis que sumió al país tras la debacle de 2001, sino que juzgará la gestión de un país en vías de recuperación.

Entre los "desafíos pendientes" está la inflación, que según diferentes consultores privados puede alcanzar el 25% anual, la distribución del ingreso, la institucionalidad, la inseguridad, la crisis energética, la atracción de inversiones y el ajuste de las tarifas de los servicios públicos, congeladas durante todo este mandato. TransversalidadMás allá del triunfo sin discusiones del oficialismo, la morfología del apoyo popular plantea un problema pendiente de solución. En los grandes centros urbanos, como la capital, Córdoba, Rosario o Mar del Plata, apoyaron a los candidatos de la oposición, encarnada por Elisa Carrió y el ex ministro de Economía de Kirchner, Roberto Lavagna (Una Nación Avanzada), que obtuvo el 17% de los votos.

En cambio, el FPV se hizo fuerte en la provincia de Buenos Aires, donde Kirchner obtuvo el 37,4% de todos sus votos. Se benefició del espectacular triunfo del vicepresidente, Daniel Scioli, quien se erigió con la gobernación provincial con cerca del 50% de los sufragios. También fue inestimable el viento de cola aportado por los referentes de la Unión Cívica Radical que apoyan al Gobierno. Los denominados Radicales K, entre los que se encuentra el vicepresidente electo, Julio Cobos, contribuyeron a que el peronismo se alzara con el triunfo sin necesidad de una segunda vuelta.