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El Gobierno se niega a aclarar si empresas españolas pudieron financiar el yihadismo comprando aceite turco

Un producto llamado 'Afrin' ha sido vendido en Alemania y otros países a través de tiendas digitales. España importó de Siria 21.265 toneladas de aceite de oliva entre 2015 y 2018, de acuerdo a los datos facilitados por el Ejecutivo. 

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Aceite de oliva, en una imagen de archivo. / PIXABAY

España importó de Siria 21.265 toneladas de aceite de oliva entre 2015 y 2018, de acuerdo a los datos facilitados por el Gobierno al diputado de EH Bildu, Jon Iñarritu. El Ejecutivo no ha precisado cuánto de este aceite procedía del cantón kurdo de Afrin y menos todavía, cuáles son las empresas que han importado este aceite sirio, pero lo cierto es que las adquisiciones de ese producto se han triplicado desde que los turcos invadieron el territorio de mayoría kurda en la Administración Autónoma del Nordeste Sirio (AANES, según sus siglas inglesas o Rojava, de acuerdo a la denominación coloquial).

Los datos proporcionados por el Ejecutivo no sólo mantienen intacta la sospecha, sino que la acrecienta. En 2016 y 2017, las empresas españolas importaron 2.178 y 6.783 toneladas, respectivamente. Y un año después de que los turcos y los yihadistas de quienes se sirven como fuerza proxy ocuparan la zona, las ventas a nuestro país de producto habían ascendido a 12.304 toneladas (2018). Los hechos no se denunciaron hasta principios del año presente, de modo que se ignora si la alarma internacional ha tenido algún efecto en este contrabando.

Todos esos datos se refieren a aceite de oliva y sus fracciones, incluso refinado, pero sin modificar químicamente. La fuente a la que se atribuyen es el Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Tributaria.

Claro está, no es posible demostrar con esas cifras en la mano si una parte de ese aceite sirio podría proceder del saqueo de los productores locales kurdos, tal y como denunció este diario a principios de este año y de cómo se luego recogió la Prensa internacional.

Está siendo comercializado en Alemania. / Mozzaik

“Tienen pocas ganas de investigar (el posible destino a España del aceite de oliva) y muchas de ocultar”, aseguraba esta mañana el ahora diputado de EH Bildu, Jon Iñarritu, tras valorar la respuesta 'o no respuesta' a la pregunta que formuló el pasado mes de enero al Gobierno de los diputados, presentada cuando era todavía senador.

Lo que Iñarritu pretendía saber es si parte del aceite robado a los productores kurdos de Afrin podría estar llegando a España y sirviendo, por lo tanto, para financiar a los yihadistas utilizados por los turcos para perpetuar la ocupación. El entonces senador interrogó al Ejecutivo acerca de las importaciones españolas procedentes de la zona, y más específicamente, acerca de las empresas implicadas.

Sin noticias de Afrin

Lo que el Gobierno español baja ha respondido es que carece de datos concretos de Afrín. “Además, debido a la confidencialidad estadística, tampoco se tiene información de las empresas que han llevado a cabo las operaciones de importación”, se lee en el escrito, lo que equivale a una negativa a investigar posibles actividades comerciales ilegales.

Sobre la segunda cuestión planteada por Iñarritu, “se remarca, al igual que en la primera, que no se tiene información sobre las empresas que han llevado a cabo las operaciones de importación”. “Ante un escándalo como este tanto la Unión Europea como sus estados miembros deberían haber actuado con contundencia. Y todo apunta a que no se quiere molestar a Turquía. Contra los kurdos todo vale”, apostilla el diputado vasco.

Tras conocer la respuesta del Gobierno español, un representante político kurdo del Partido Democrático de los Pueblos (HDP) ha asegurado que no cabe duda de que “todos esos productos usurpados llegan a los mercados europeos vía Turquía. Se trata de uno de los mayores crímenes de guerra documentados en el mundo moderno”.

Un olivo en un campo de Ronda, Málaga. / REUTERS - JON NAZCA

Vendido a Alemania

Y, en efecto, este diario ha podido comprobar que varias marcas de aceite de oliva registradas con el nombre de Afrin -en las que se reconoce abiertamente su origen- se están vendiendo actualmente a través de las redes y habían sido publicitadas en varias tiendas digitales europeas. En Facebook existe una página promocional de un aceite bautizado con el nombre de Kafer Janneh, que es un pueblo del cantón de Afrin. Aparecen dos teléfonos con un prefijo sirio.

Botellas de ese mismo aceite se publicitan en una página de Facebook registrada con el nombre de Afrin Invests (Inversiones Afrin). Este diario contactó con la empresa hace tres meses, interesándose por adquirir varios cientos de tonelada de producto, y el 5 de junio pasado recibió una lacónica respuesta en la que se indicaba que las “circunstancias actuales impedían realizar exportaciones”. Ese aceite está siendo comercializado en países como Alemania a través de diferentes tiendas digitales como Mozzaik.

En palabras del citado portavoz del HDP, también su formación preguntó acerca del saqueo y el contrabando al Gobierno de Ankara, pero los turcos no han respondido a sus cuestiones, tal y como, por otra parte, predijeron. “Hay muchas pruebas y testimonios personales de gente de allá sobre el mercado ilegal de productos saqueados o robados y su venta en Europa para la financiación de grupos yihadistas”, asegura este portavoz, cuya identidad nos pide que ocultemos para impedir ulteriores represalias.

Primero, patatas

“Primero, intentaron vender patatas a través de Turquía y después, encontraron mucho más lucrativo introducir el aceite. Pero los productores turcos reaccionaron muy airadamente ante la posibilidad de que eso reventara su mercado, de manera que el Gobierno de Erdogan buscó nuevos espacios comerciales en el extranjero para financiar a sus partidas de asesinos. Sabemos que ese producto se ha embarcado desde los puertos turcos, pero probablemente ni siquiera se ha registrado como turco, y menos aún, como sirio”.

"Sabemos que ese producto se ha embarcado desde los puertos turcos"

Todos los intentos por investigar sobre el terreno la utilización de productos saqueados a los pequeños productores de los terrenos invadidos han fracasado hasta la fecha. “Ni periodistas ni civiles podemos siquiera acercarnos a las rutas de ese tráfico ilegal. Pero sabemos que el Gobierno de Erdogan abrió una puerta aduanera de facto en el norte de Afrin para transferir la mercancía a Turquía, que es su camino intermedio hacia Europa. Ni siquiera los parlamentarios podemos acercarnos a la 'puerta'. Accidentalmente, el Instituto Turco de Estadística (TUIK) registró las exportaciones a través de las aduanas sirias entre 2014 y 2015, que era la época en la que al otro lado había presencia del Daesh. El HDP llevó a la Asamblea turca el asunto de los intercambios comerciales entre Turquía y el Estado Islámico y denunciamos que se habían transferido a los terroristas productos por valor de más de diez millones de euros. A partir de ese momento, el TUIK dejó de registrar los datos de transferencias comerciales realizados a través de accesos aduaneros dudosos”.

De acuerdo a un protocolo secreto dado a conocer a principios de este año por Público, casi una cuarta parte de los ingresos obtenidos mediante la comercialización de aceite de oliva podría servir para pagar a los soldados de fortuna del Ejército Libre de Siria (FSA) y otros grupos de radicales islamistas a sueldo de Ankara.

Rama quebrada de olivo

Durante la primeras fases de la operación militar turca que consumó la toma de Afrin —bautizada con el nombre de Rama de olivo—, los invasores quemaron varias hectáreas de árboles del territorio kurdo ocupado. Claro que eso fue algo antes de que los islamistas descubrieran que la venta del aceite es más lucrativa incluso que la del petróleo, además de mucho más sencilla de realizar y de ocultar gracias a las facilidades que les otorgaron sus patrones turcos y los ventajosos acuerdos comerciales suscritos con la Unión Europea por ese país. Previamente a que los turcos se decidieran a crear un protocolo que regule el reparto de ese botín olivarero de guerra, los agricultores locales de Afrin y su comarca fueron robados a punta de kalashnikov, gravados con impuestos desorbitados o, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, obligados a vender su producción a la mitad del precio de mercado.

La operación apadrinada por los turcos pretendía proporcionar 19 millones de euros a los islamistas para proseguir con sus actividades criminales y otros 50 más, a Turquía.