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GUERRA EN Siria La estabilidad en Siria entra en una fase de choque

Después de nueve años de guerra devastadora, parecía que el presidente Bashar al Asad había restablecido su poder en la mayor parte de Siria. Sin embargo, en los últimos días estamos asistiendo a un nuevo capítulo de inestabilidad causada otra vez por Estados Unidos que puede tener consecuencias nefastas para el Gobierno de Damasco y para el conjunto del país.

La estrategia del terrorismo
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / Archivo

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Con el inminente inicio de un nuevo y duro ciclo de sanciones por parte de Estados Unidos, y con la amenaza en ciernes de más sanciones por parte de la Unión Europea, Siria se adentra en un territorio ignoto que a corto o medio plazo podría agravar la crítica situación por la que atraviesa y forzar un cambio de régimen.

Aunque el país se había acostumbrado al bloqueo impuesto por Estados Unidos, la situación se ha deteriorado en los últimos días y la libra siria se está hundiendo. Hace tres días la moneda cayó a 3.000 contra el dólar en el mercado negro y el jueves estaba a un cambio récord de 3.600 y seguía bajando.

El colapso de la libra significa que el poder adquisitivo de la población mengua dramáticamente, que el precio de los productos básicos se dispara de una hora a la siguiente y que numerosos comercios de primera necesidad han echado la persiana.

La respuesta del gobierno es limitada. La agencia oficial SANA informó el miércoles de algunas medidas de urgencia. Una de ellas prevé endurecer las penas contra los contrabandistas que sacan productos básicos subvencionados, como la gasolina, la harina de trigo o lácteos para venderlos en el extranjero. Sin embargo, este tipo de medidas son similares a las de quien pretende tapar la luz del sol con el dedo índice. El relevo del primer ministro ordenado el jueves por el presidente Bashar al Asad da una idea de la gravedad de la situación.

El futuro se presenta incierto. Cientos de camiones cargados de trigo y otros productos agrícolas se encuentran atascados en el Kurdistán sirio porque Estados Unidos no los autoriza a continuar el viaje. Los americanos mantienen pequeños contingentes militares en el Kurdistán con el objetivo de que el Gobierno de Damasco no acceda al petróleo de la región. Y ahora, impone restricciones también a los productos agrícolas.

Las medidas del Ejecutivo son irrelevantes para la magnitud del colapso

Lo peor está por venir. Las medidas del Ejecutivo son irrelevantes para la magnitud del colapso, y probablemente desde Damasco no puede hacerse mucho más para evitar la tragedia que se cierne como consecuencia del bloqueo. Hasta el punto de que no está claro que el Gobierno sirio pueda aguantar hasta las elecciones de noviembre en Estados Unidos. Además, si Joe Biden gana, no hay ninguna garantía de que vaya a cambiar la política de Washington.

La llamada Ley César que refuerza las sanciones contra Siria entrará en vigor el miércoles 17 de junio. La ausencia de turistas y de inversiones extranjeras, la imposibilidad de acceder a su petróleo y la falta de relaciones comerciales, es decir de exportaciones, con el resto del mundo impedirán a Damasco dar una réplica a la Ley César. En realidad, el Gobierno se ha quedado sin recursos para hacer frente a esta extrema situación.

Las exportaciones a Irak, que no hace mucho eran relativamente importantes, han cesado casi por completo por orden de Washington. Lo mismo ocurre con las exportaciones a Jordania, un pequeño mercado que también se ha cerrado casi por completo. Y tres cuartos de lo mismo ocurre con Líbano. Es cierto que los Emiratos Árabes Unidos dieron algunos pasos para invertir en Siria, pero la Ley César ha acabado con esa perspectiva.

Hasta ahora, Siria importaba dos millones toneladas de trigo que requerían dólares frescos, pero todo indica que las reservas de divisas se han agotado o están a punto de agotarse. Cuando se inició el conflicto en 2011, las reservas del Banco Central ascendían a 20.000 millones de dólares, pero se evaporaron rápidamente. Además, el trigo debería venderse a precios subvencionados, lo que significaría grandiosas pérdidas para el estado. Cada día que pasa el horizonte es más negro.

Ley César

Cuando el egipcio Abdel Fattah al Sisi dio el golpe de estado en 2013, los países árabes contribuyeron inmediatamente con unos 20.000 millones de dólares. Ahora, ningún país árabe tiene previsto contribuir a paliar la situación en Siria, y mucho menos con la entrada en vigor de la Ley César, por lo que es difícil, prácticamente imposible, imaginar una salida airosa a la crisis. De hecho, esta misma semana Arabia Saudí ha prohibido la entrada en el país de camiones cargados de bienes sirios.

En algunas poblaciones se organizan protestas contra el régimen

En unas circunstancias tan adversas, resistir hasta las elecciones de noviembre en Estados Unidos es la prioridad de Damasco, pero eso no garantiza la continuidad del Gobierno. Mientras tanto, en algunas poblaciones se organizan protestas contra el régimen. El caso más visible es el de la ciudad de Suweida, al sur del país, donde cientos de personas han protestado en los últimos días, y donde también se han convocado contramanifestaciones más numerosas a favor del presidente Bashar al Asad.

Todo indica que los americanos y los europeos siguen creyendo ingenuamente que alcanzar un cambio de régimen en Siria es como coser y cantar. No prestan atención a la complejidad de la fábrica social, étnica y religiosa del país que en un momento dado puede sacar lo peor de sí misma y crear un conflicto civil de gran magnitud y difícil resolución. De la misma manera que hace unos cuantos años las potencias occidentales y regionales estimularon la guerra civil en Siria, ahora podríamos estar asistiendo al inicio de un segundo capítulo del mismo drama.

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