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El Estado Islámico provoca una metástasis yihadista en Oriente Próximo y en África

El grupo ya dispone de brazos en el norte del continente africano. Todo indica que ahora se dispone a dar el salto al Magreb. Mientras tanto, los occidentales siguen discutiendo cuál es la mejor estrategia para hacer frente al fenómeno.

El yihadista del Estado Islámico conocido como 'John' recientemente identificado. - EFE

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

JERUSALÉN.- El primer ministro francés, Manuel Valls, ha advertido que el "yihadismo terrorista" constituye una "amenaza directa" para Europa, especialmente después de su irrupción en Libia y la posibilidad de que se extienda al Magreb. De hecho, en Argelia ya existen organizaciones de esta naturaleza aunque de momento no han adquirido las dimensiones que tienen en otros países árabes.

El caso de Libia es más preocupante puesto que el Estado Islámico (EI) ya opera en algunas de sus principales ciudades y se ha convertido en un país fallido. Está dividido tribal, religiosa, política, militarmente y a día de hoy no se ve ninguna salida airosa; al contrario, se observa un deterioro constante de la situación en dirección al abismo.

El ministro de Exteriores libio, Mohammed al Dairi, ha advertido que su país "se dirige al mismo escenario que Siria, y esta situación no es peligrosa solamente para Libia y para los países limítrofes sino también para Europa".

Desde la fuerte irrupción del Estado Islámico en Siria e Irak el año pasado, el yihadismo ha experimentado una metástasis notable en toda la región. Numerosos grupos yihadistas que ya existían se han afiliado al EI. Además, otras organizaciones, que aunque actúen por su cuenta, comparten el mismo ideario.

Grupos como Boko Haram en el centro de África, o como al Shabaab en Somalia, se encuentran en la periferia del islam pero dominan amplios territorios defendiendo postulados similares a los del Estado Islámico, mostrando que existe una clara tendencia hacia posiciones radicales que no se limita exclusivamente a Oriente Próximo.

Insurgencia yihadista en auge

Egipto, un país central en la región, tiene al EI en su interior, concretamente en la península del Sinaí, una zona donde la insurgencia yihadista está en auge y el ejército es incapaz de controlar. Las actividades islamistas se han multiplicado desde el golpe de Estado de Abdel Fattah al Sisi en el verano de 2013.

Si esto ocurre en el este de Egipto, al oeste, es decir en Libia, la presencia del Estado Islámico forzó una intervención militar de la aviación egipcia el pasado 16 de febrero después de que el EI degollara a 21 cristianos egipcios. Sisi ha pedido una intervención militar occidental en Libia pero tanto Estados Unidos como Europa ven peligroso intervenir en un país donde reina el caos y no está claro que bombardeos aéreos, o incluso la entrada de tropas, resuelvan el conflicto y pase a darse una situación similar a la Irak o Siria.

Numerosos grupos yihadistas que ya existían se han afiliado al EI. Otras organizaciones, aunque actúen por su cuenta, comparten el mismo ideario

Sisi, sin embargo, no ha dado su brazo a torcer y esta misma semana ha viajado a Riad para proponer la creación de una fuerza interárabe capaz de desplazarse a las zonas de la región dominadas por los yihadistas. Esta es una opción que cuenta con más posibilidades de prosperar pero no está claro que frene el fenómeno islamista, al menos a corto o medio plazo.

En Libia existen actualmente dos gobiernos. El de Trípoli, controlado por una mayoría islamista, y el de Tobruk, que cuenta con el apoyo occidental. Sin embargo, Occidente por el momento ha decidido no suministrarle armamento por temor a que las armas caigan en grupos yihadistas, como en la práctica ha ocurrido en el pasado. 

El gobierno de Trípoli cuenta con el apoyo de algunos aliados, como es el caso de Turquía. Qatar, por su parte, está financiando armas para los islamistas a pesar de las fuertes críticas que recibe de otros países árabes.

Sin fronteras para las milicias islamistas

Las fronteras no existen para las milicias islamistas, de manera que hay numerosos yihadistas libios que viajan a Siria para entrenarse en las filas del Estado Islámico antes de regresar a su país e incorporarse a las milicias locales.

El peligro de que el yihadismo llegue al Magreb, a las puertas de Europa, es ya una realidad. En Argelia el pasado mes de septiembre una escisión de Al Qaeda liderada por Jaled Abu Suleyman se afilió al Estado Islámico. En Túnez, un grupo liderado por Luqman Abu Sajr también se ha afiliado al EI.

Si Al Qaeda era el referente del islamismo radical hasta la caída de Afganistán, ahora el Estado Islámico y su califato es el espejo donde se miran numerosas organizaciones

En Libia el Estado Islámico tiene una presencia significativa en dos importantes ciudades y se estima que unos 5.000 yihadistas extranjeros se han incorporado a las filas de las organizaciones islamistas radicales que intentan expandir sus dominios por todo el país. El EI ha dejado de ser una organización clandestina para operar abiertamente en los territorios que ocupa en Libia.

El ministro de Exteriores libio no quiere una intervención militar occidental similar a la que en 2011 depuso al coronel Muamar Gadafi, sino el suministro de armas a su Gobierno. Los libios no islamistas no se cansan de solicitar armamento para combatir a los islamistas y no acaban de entender por qué Europa se las niega. 

El yihadismo ha dado un paso al frente en los últimos meses. Si Al Qaeda era el referente del islamismo radical hasta la caída de Afganistán, ahora el Estado Islámico y su califato es el espejo donde se miran numerosas organizaciones que hasta ahora actuaban como grupos autónomos.

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