Público
Público
Únete a nosotros

Israel La escalada bélica de Netanyahu y el 'principio de simetría'

En los últimos días el primer ministro israelí ha intensificado la actividad militar en Irak, Siria y Líbano. Hizbolá ha declarado que responderá a los ataques que ha sufrido en Siria y en Beirut aplicando el “principio de simetría”. La escalada propiciada por Israel ha creado una situación volátil que puede escapar al control cuando faltan pocos días para que se abran las urnas.

Publicidad
Media: 5
Votos: 1

El primer ministro israelí, Benjamín, Netanyahu participa en una ceremonia de bienvenida en Kiev | Reuters

Este fin de semana Benjamín Netanyahu incrementó la actividad militar israelí en varios frentes de Oriente Próximo, siempre contra objetivos chiíes, creando una nueva situación y llevando la región a un punto de ebullición en el que los analistas no descartan un enfrentamiento armado entre Israel y las milicias libanesas de Hizbolá.

Después de la última guerra del verano de 2006, Israel y Hizbolá habían consensuado de manera tácita unas reglas del juego que han estado vigentes durante años y que ahora están en suspenso. El líder de la organización chií, Hasan Nasrallah, advirtió el domingo por la noche que habrá una respuesta al fallido ataque de los drones israelíes en el barrio Dahiya, el baluarte chií del sur de Beirut.

De hecho, las reglas del juego entraron en peligro durante un ataque llevado a cabo por Israel en el área de la localidad siria de Quneitra, limítrofe con el Golán ocupado, cuando Hizbolá anunció que a partir de ese momento aplicaría el “principio de simetría” en relación con los ataques de Israel.

En su mensaje televisado, que emitieron todos los canales hebreos, Nasrallah aseguró que la respuesta puede llegar hoy, mañana o en cualquier momento, y advirtió al ejército enemigo que esté preparado. En el norte de Israel, cerca de la frontera con Líbano, el ejército ha activado un gran número de baterías antimisiles y ha adoptado una serie de medidas especiales para responder a cualquier ataque.

Netanyahu convocó al jefe de la oposición para explicarle la situación de seguridad que atraviesa el país

El lunes por la tarde Netanyahu convocó al jefe de la oposición, Benny Gantz, para explicarle la situación de seguridad que atraviesa el país. Esta convocatoria carece de precedentes y sugiere que estamos ante un momento realmente inestable y con un futuro inmediato difícil de predecir. 

Hace unos años, un sondeo efectuado en Israel reveló que los ciudadanos de este país conceden más credibilidad a las declaraciones de Nasrallah que a las de sus propios líderes. Oculto en algún lugar de Líbano, Nasrallah planea cuidadosamente el desarrollo de sus milicias y planifica el futuro contando con el apoyo militar, económico y político de Teherán.

Teniendo en cuenta que las elecciones israelíes están convocadas para el 17 de septiembre y que se ha entrado en una situación particularmente volátil, no debe descartarse ninguna opción. El hecho de que Netanyahu haya lanzado operaciones del ejército en el exterior cuando apenas faltan tres semanas para los comicios, ha disparado las alarmas.

Aunque Netanyahu no tiene un interés claro en entrar en un conflicto de grandes dimensiones con Hizbolá en estos momentos, sus acciones pueden precipitarlo. No tiene interés puesto que el resultado de las guerras siempre es incierto, máxime cuando los comicios están tan próximos y los sondeos pronostican casi una copia exacta de los de abril. Pero aunque en principio no le interese, es posible que Netanyahu haya hecho sus cuentas y calcule que puede obtener una ganancia de escaños con una guerra.

Nasrallah y Teherán, por su parte, pueden querer aplicar el principio de simetría antes de las elecciones si estiman que de esa manera ponen en peligro la continuidad de Netanyahu. Sin embargo, venga quien venga después de Netanyahu, la situación sobre el terreno no cambiará mucho puesto que la política de Israel se guía por dos principios inamovibles que no cambiarán, a menos que desde fuera se obligue a Israel mediante la aplicación de la fuerza a modificar los dos principios.

Los mandatarios europeos no tienen ni prefieren dejar que se agraven los problemas en Oriente Próximo antes que intervenir para resolverlos

Los dos principios son la anexión de los territorios ocupados palestinos y una hostilidad permanente contra Irán. Todas las políticas de Israel giran en torno a esos dos ejes centrales y únicamente podrían ser neutralizados mediante una intervención directa y resuelta de los mandatarios europeos, pero los mandatarios europeos no tienen ni un gramo de voluntad en ese sentido y prefieren dejar que se agraven los problemas en Oriente Próximo antes que intervenir para resolverlos.

Existe el peligro real de que Hizbolá lleve a cabo una acción puntual de represalia, una acción de simetría, para responder a las continuas y deliberadas provocaciones de Israel. Han transcurrido 13 años desde la última guerra y durante estos años Hizbolá ha reforzado sensiblemente su capacidad militar, pero el precio a pagar sería muy alto dada la política israelí de arrasar infraestructuras civiles sin la menor consideración.

Si Hizbolá aplica esa acción puntual de represalia pondrá a Netanyahu entre la espada y la pared. Lo más probable es que el primer ministro israelí responda de una manera limitada, evitando una guerra de grandes dimensiones, aunque esta es una posibilidad que no debe descartarse totalmente. En este caso, las consecuencias serían mucho más trágicas que en 2006 en ambos bandos, especialmente en el libanés.

Está claro que Israel no solamente busca un cambio de régimen en Teherán, sino que quiere implantar en todo Oriente Próximo un islam apolítico y dócil a la manera del que gobierna países como Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos o Egipto. Este islam dócil reconoce la hegemonía política y estratégica de Israel, se somete a sus intereses –tanto en la cuestión palestina como con respecto a Irán- y combate los movimientos chiíes en la región, que tienen una mayor conciencia política y social.